Si en el mundo existe la inteligencia, la inteligencia debe de existir en todo. Los objetos inanimados y los fenómenos mecánicos no tienen vida para nosotros, porque en realidad, solo reconocemos como seres animados a los que poseen una mente análoga a la nuestra, y todo lo que se siente de una manera no análoga a la nuestra aparece para nosotros como muerto o mecánico.

Pero a veces sentimos una vida intensa en lo fenómenos de la naturaleza, en las descargas eléctricas, en los truenos en las ráfagas de viento como estremecimientos de algún organismo gigantesco. Hay días llenos de una mística extraña, días que parecen tener sus propios pensamientos y emociones casi podemos hablar con esos días y ellos nos dicen que vivieron un tiempo muy largo y que conocieron muchas cosas..

Por otro lado, una montaña, un lago, un río, un pez todo objeto debe de tener una mente propia, cada cosa y cada fenómeno de nuestro mundo es una sección de un pensamiento y sentimiento pertenecientes a otra sección y que poseen allí funciones incomprensibles para nosotros

Ya hemos admitido la posibilidad de diferentes existencias y si desarrollamos mas este pensamiento hallaremos muchos géneros de existencias diferentes.

La fantasía de los cuentos de hadas dota a las montañas y a los bosques de mentes similares a la humanas. Pero esto es tan falso como la negación total de la mente en una naturaleza muerta. Cada piedra, cada grano de arena tiene una mente y una vida, y las conecta con ciertas totalidades del cosmos incomprensibles para nosotros. La actividad de la vida en unidades separadas puede ser muy diferente y puede juzgarse desde el punto de vida de la reproductividad. En la naturaleza minera inorgánica esta actividad es tan pequeña que parece que no se reproducen debido a nuestra insuficiente amplitud en la visión del tiempo y del espacio. Tal vez si nuestra visión abarcará centenares de miles de años y todo nuestro planeta a la vez, seriamos capaces de ver su crecimiento.

Los fenómenos se dividen para nosotros en vivos y mecánicos y los objetos en orgánicos e inorgánicos. Una piedra puede partirse en dos y el resultado serán dos piedras, pero si a un caracol se le parte en dios, el resultado no serán dios caracoles. Esto significa que la mente de la piedra es muy simple y se puede partir sin experimentar cambio, Pero un caracol consiste en células vivas y cada una de ellas es un ser mucho mas complejo que una piedra.

El cuerpo del caracol tiene capacidad de moverse, alimentarse, experimentar goce y dolor, buscar el primero y evitar el segundo y sobre todo contiene la capacidad de multiplicarse de crear nuevas formas similares a él, y su mente de un es infinitamente superior a la de una piedra. El caracol es consciente de si, la piedra no lo es. Todo lo indivisible es un ser vivo, cada célula es un ser vivo y tiene su propia mente. Si todo fenómeno en una manifestación de algo que existe en otro plano, entonces la indivisibilidad en nuestro lado corresponde a la indivisibilidad en ese otro lado. La divisibilidad el nuestro denota la divisibilidad en el otro. La inteligencia de lo divisible puede manifestarse solo en una inteligencia colectiva no individual. Admitimos la conciencia solamente en un organismo total Pero hasta un organismo total es una sección de cierta magnitud que podemos llamar la vida de este organismo desde su nacimiento hasta la muerte. 

Esta vida puede representarse como un cuerpo de cuatro dimensiones que se extiende en el tiempo. El cuerpo físico tridimensional es solo una sección del cuerpo tetradimensional. La imagen de un hombre, su personalidad es así mismo una sección de la verdaderas personalidad que debe de tiene su mente separada.

Podemos suponer tres mentes en el hombre:

La mente del cuerpo (los instintos)

Su personalidad (un yo cambiante y complejo que conocemos y en el que somos conscientes de nosotros mismos)

La mente de su vida total (un yo mayor, superior)

También estamos rodeados por muchas otras mentes que conocemos y las sentimos a menudo, están constituidas por los espíritus buenos y malos que nos ayudan o nos perjudican. La familia, la comunidad, la nación, la raza una escuela filosófica, una iglesia, una secta, una sociedad, un partido, es indudablemente un ser vivo que posee cierta inteligencia, la humanidad es también un ser vivo.

Entrando como parte componente en varias grandes mentes y complejas el hombre mismo consiste en innumerables mentes grandes y pequeñas muchas de las cuales ni siquiera se conocen. El hombre tiene mucho en común como un gran trasatlántico que transporta muchísimos pasajeros viajando cada uno hacia su destino y con su propia finalidad. Cada separada unidad de ese trasatlántico se orienta a sí misma considerándose inconscientemente el centro de la nave.

Abandonando las analogías, hemos de empezar con varias divisiones del ser humano.

La vieja división en cuerpo, alma y espíritu tiene algunos puntos buenos pero a menudo conduce a error pues produce desacuerdos con respecto a donde termina el cuerpo y empieza el alma, donde termina el alma y empieza el espíritu, etc. Porque no hay líneas divisorias ni puede haberlas. Y además se consideran hostiles entre sí lo cual es también equivocado pues el cuerpo es la expresión del alma y el alma es la expresión del espíritu. 

El cuerpo es el domino de los instinto. El alma consiste en las, sensaciones, conceptos, pensamientos, emociones y deseos. El espíritu es la región de lo desconocido.

En las condiciones habituales del hombre corriente, el foco de su conciencia radica en su mente. Solo pocas veces toca el intelecto superior. Cuando el hombre dice YO significa que se esta refiriendo a lo que en este momento está en el foco de su conciencia. YO QUIERO se refiere a alguna faceta insignificante de su ser que en un momento dado llena el foco de su conciencia hasta que en otro momento otra faceta insignificante la reemplaza. Y así la mente del hombre sigue un interminable cambio de puntos de vista de un objeto al otro, como una continua película cinematográfica de sentimientos e impresiones y cada impresión separada determina el YO de este momento dado.

La mente de un hombre ha sido comparada con una ciudad oscura y dormida en medio de la cual se desplazan lentamente linternas y cada una de estas provocan una luz sobre un circulo alrededor de sí mismo. Cada pequeño círculo representa un Yo que vive su propias vida en ocasiones muy breve. Y el movimiento prosigue interminablemente a veces lento sacando a la luz objetos nuevos otras veces girando atormentadamente alrededor de los mismos pensamientos. 

Intelectualmente sabemos que este movimiento no existe. Sabemos que en los espacios del infinito del tiempo existe todo. Que nada ocurre que nada deviene, que todo es. Pero no lo vemos todo a la vez y así nos parece que todo se mueve, crece, cambia. Y esto produce la ilusión del movimiento alrededor de nosotros.

Este es el único movimiento verdadero que existe en el mundo. Si este movimiento fuera a detenerse y todo los Yoes fuera a entrar simultáneamente en le foco de percepción, si la luz iluminara simultáneamente todo lo que ella revela a poco a poco y un hombre fuera capaz de abarcar a la vez con su mente todo lo que entro en su percepción entonces tal vez podría encontrase en medio de un universo inmóvil que contuviera simultáneamente todo lo que esta en su pasado y en su futuro.

 Dice Hinton: podemos enterarnos de las inteligencias superiores de las que estamos rodeados desarrollando nuestros poderes de percepción. El poder de ver con nuestro ojo corporal se limita a la sección tridimensional pero el ojo interior no esta limitado así. Nuestra tarea es disminuir la limitación de nuestra percepción introduciendo conceptos nuevos. Cuando se forman estos se descubre que es muy simple y natural. Si nos preguntamos que hemos ganado con ello, respondemos: Simplemente hemos quitado una limitación evidente.

Puede preguntarse: ¿Y de que modo entramos en contacto con esos seres superiores?. Para explorar la naturaleza de esos seres superiores se necesita un ordenamiento mental, preparar nuestros pensamientos. Para ser más exactos, la diferencia de funciones expresada en las diferentes actividades vitales deja traslucir una diferente vida mental en los diferentes organismos. Por ejemplo. La actividad de una hoja de abedul separada esta infinitamente por debajo de la actividad vital de un árbol. La actividad de una especie no es la misma que la vida de un bosque. Las funciones de estas cuatro vidas son totalmente diferentes y sus inteligencias tan bien deberán ser diferentes.

La inteligencia de la célula individual de un cuerpo humano debe ser tan inferior a la inteligencia de la mente física del hombre como su actividad vital lo es comparada con el resto de su organismo. La idea de un universo animado conduce a la idea del alma del mundo, un ser cuya manifestación es el universo visible. Así pues podemos decir que el alma oculta de un fenómeno es su noúmeno. Según Fechner, nuestro pecado original científico es considerar lo espiritual no como una regla sino como una excepción en la naturaleza.

En lugar de creernos que nos alimentamos de una vida mayor tratamos todo lo que se halla afuera de nuestra vida como si fuera escoria, consideramos a la naturaleza sin alma ¿qué consuelo o paz podrá provenir de esa doctrina? Ante ella las flores se marchitan, las estrellas se convierte en piedra nuestro propio cuerpo se convierte en indigno de nuestro espíritu y Dios se convierte en nido de abstracciones. Pero el genio tiene la facultad de ver analogías.

Puesto que en todo cuerpo vive una mente, de igual modo cada mente debe de tener un cuerpo, pero no todos los cuerpos deben de ser parecidos y que los cuerpos de seres de un orden superior deban parecerse a los nuestros. Nuestro cuerpo se adapta a las condiciones de nuestra vida. Otras condiciones de la vida deben de engendrar otros cuerpos.

La tierra en la que vivimos debe de tener su propia conciencia colectiva y cada sol, luna y planeta y todo el sistema solar deben de tener la suya propia en la que la conciencia de nuestra tierra representa un papel, de modo que el sistema solar integro tiene su conciencia y esta conciencia totalizada del universo es a lo que los hombres le dan el nombre de Dios.

Conclusión. La constitución del mundo es idéntica en todas partes. En nosotros la conciencia visual va con nuestros ojos, la táctil con nuestra piel, pero aunque la piel y el ojo nada saben de las sensaciones del otro se unen en un especial relación y combinación que nosotros denominamos nuestro YO. De un modo parecido la conciencia de otro y de mi mismo, aunque en su inmediatez se mantienen separadas y nada sabe la una de la otra, se conocen y se usan juntas en una conciencia superior: la de la raza humana en la que entran como partes constituyentes. De este modo los reinos humanos y animal se juntan en conciencia de alcance aun más vasto que se combina en la alma de la tierra con la conciencia del reino vegetal que a su vez contribuye con su porción de experiencia a la del todo sistema solar etc...

La suposición de una conciencia de la tierra encuentra un fuerte prejuicio instintivo, toda la conciencia que conocemos parece expresarse en el cerebro, pero la tierra cumple una función de una manera enteramente diferente, no tiene músculos ni miembros que le pertenezcan y los únicos objetos externos a ellas son las otras estrellas. Su masa reacciona con alteraciones exquisitas que nuestros sentidos son demasiado burdos pata comprender: Su océano refleja las luces del cielo como un espejo, su atmósfera las refracta como una lente gigantesca, las nubes y los campos nevados combinan en blanco y los bosques y las flores lo dispersan en colores. Para estas relaciones cósmica ellas no necesita un cerebro, ni ojos ni oídos. Es como si como si el universo de la vida interior tuviera una dirección y de estructura de modo que lo más amplio pudiera tener siempre en observación a lo mas estrecho pero nunca lo mas estrecho a lo más amplio.Fechner asemeja a nuestras personas individuales con otras tantos órganos sensorios del alma de la tierra que absorbe nuestras percepciones en su esfera mas vasta del conocimiento. Así nuestros recuerdos y relaciones permanecen pero también distintas.

Lógicamente debemos admitir diferentes niveles de vida e inteligencia en toda naturaleza muerta o negarlos por completo incluso en nosotros mismos.

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