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Diario de Marga a los 15 años

 

10 de enero de 1957

 

Hoy cumplo 15 años y este diario ha sido el regalo de papá.

 

-    Ya tienes edad para escribir tu propia vida; no dejes que nadie la escriba por ti.

                                           

Me ha mirado con este aire ausente, tan propio de él últimamente, pero dándome un beso, cosa que hace tiempo no acostumbra y en su abrazo y en sus ojos he sentido un calor fugaz que me ha traído recuerdos de mi infancia, cuando yo era la muñeca de papá. Hasta que me creció el pecho.

 El diario es precioso, con tapas blancas acolchadas y filo dorado en las hojas. Tiene un cierre con su pequeña llave y en la portada la figura de una chica, también dorado sobre blanco, de tres cuartos, cabello largo ondulado hasta el pecho, vestido de gasa, nariz recta, perfecta, cejas arqueadas con esta caída graciosa que tanto me gusta, los labios finos en una sonrisa que lo dice todo sin proclamar nada. No sé si papá lo sabe, o si lo eligió por esto, pero ella, la figura de la portada, me recuerda a Alba, es Alba.

 La pluma es una estilográfica, un diario como éste no puede “ensuciarse” con un vulgar bolígrafo Bic. Es una estilográfica distinta, como es papá, de capuchón blanco y vientre plateado y que guardaré celosamente para este diario.

 Papá sabe como hacer feliz a  una chica.

 Era una frase que mamá me había repetido muchas veces cuando en mi infancia quedaba deslumbrada por los regalos de papá. Yo he sido más de libros que de muñecas y conservo, como un tesoro, el ejemplar ilustrado de Mujercitas que papá me regaló a mis doce años, dentro de una cajita de pino repujado que él mismo había ilustrado con sumo detalle con las siluetas femeninas, sin más instrumentos que su famoso cuchillo suizo de mil usos. Dentro de la caja, el libro envuelto en un pañuelo de seda azul cielo tornasolado que estrené para mi 12 cumpleaños y que ya no me he vuelto a poner: pertenece a la caja, al libro, a la edad en que sin proponérmelo me convertí en mujer. Hasta hoy no he vuelto a recibir un regalo como aquel. Recuerdo que a mis trece años mamá dijo delante de papá:

 

-    Marga, no te fíes nunca de los hombres que saben hacer feliz a una chica

 

No lo comprendí. Aquel año papá me regaló un útil diccionario de la lengua española, envuelto sin más alegría, y se retiró cabizbajo.

Me siento cansada, el primer día querrías escribirlo todo, como si mañana no fuera a llegar. Tengo que decirle a Alba que la chica de la portada es ella. Mañana le escribo. Me llevo el diario a la cama.

 

 

17 de enero

 

¿Qué se escribe en un diario? He pensado en guardarlo para mis pensamientos más íntimos, para aquellas cosas más extraordinarias, para mis secretos. En una semana no me ha pasado nada. Soy aburrida, a mis amigas siempre les pasa algo.

 

 

10 de febrero

 

Alba, no sé porque aún  no te he dicho que tengo este diario, quizá por aquello de papá de que nadie escribiera mi vida. Papá y mamá andan como siempre: juntos en misa, acuden a la ópera, al Liceo, pero no dan fiestas y en casa cada uno por su lado. Las cenas son un horror. Pero hoy no quiero hablar de esto.

Estamos a 5 bajo cero, me he arrebujado cerca de la estufa en mi habitación, con calcetines gruesos de lana, pijama de franela, una manta encima y abrazada a ti, Alba, bueno al diario, pero eres tú.

Me gustaría ser la mitad de guapa que tú, con esta nariz tan recta, tan perfecta, dividiendo la cara en dos mitades exactas. Estos ojos de un verde tan claro, como el mar junto a las rocas. Todos te sonríen y andan locos por ti, pero bueno, no me importa, los chicos son tontos, no hay uno que valga un pito.

Pero ves, no me gusta cuando hablas tanto con Ingrid, la sueca de la playa, espero que este verano no venga. ¿De qué habláis si tú no sabes inglés ni, menos, sueco y ella ni papa de español? Es rubia, de ojos azules, alta como tú, como una diosa y yo morena con esta tez sucia, desgarbada; no soporto que os cojáis de la mano y menos aún que le prestes un bañador de los tuyos. Me moriré si lo vuelves a hacer.

Bueno, esto no te lo diré, no se lo digo más que a mi diario y voy a cerrarlo con llave.

Me gustas, me gustas. ¡Me gustas!

 

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