EL CUADRO

 

El sol comenzaba a iluminar las rocas del camino,

pero nadie podía verlas.  

Solo la tarde era testigo de su dorado reflejo sobre el río. 

Los árboles parecían adormecidos por el calor del verano 

y el viento que venía del Sur, intentaba despertarlos agitando sus frondosas cabezas. 

Todos se habían citado en aquel lugar y en aquel preciso instante, 

pero ninguno era consciente de la cita.

Los árboles estaban demasiado ocupados danzando al viento, y el río corriendo hacia su destino besando las rocas silenciosas

 

Ninguno se daba cuenta de que el sol  los hacia brillar en cien destellos .

Sin embargo alguien también estaba allí. ...

Alguien que con su paleta y sus pinceles, había dado al encuentro 

un soplo de eternidad. 

Y ahora , el sol, el río, los árboles y las rocas revivían encerrados 

dentro del marco de un cuadro colgado en la pared.

 

Si el pintor no hubiera estado allí .....

¿Quién sabría que alguna vez 

aquel río cristalino, 

aquellos árboles perezosos 

y aquellas rocas que brillaban como el oro 

 se habían dado cita bajo el sol radiante 

de una calurosa tarde de verano?   

 

Gloria Corróns  

(Dedicado a Jorge Pirretas Puig, un gran amigo y un gran pintor)