LOS HUMANOS, ESOS DESCONOCIDOS 

¿De quien es la culpa?     

Llegar a la conclusión de que, la mayoría de las veces, solo uno mismo es el causante de sus propias desdichas es demasiado doloroso. El ser humano no suele ser objetivo, es siempre más cómodo cargar la culpa sobre los demás. Sin embargo y contradictoriamente, al hombre le es fácil declarase autor de sus propias logros y felicidades. 

En realidad tanto lo bueno como lo malo ocurre pocas veces por azar y aunque algunas sea así, la forma en que nosotros nos enfrentamos al hecho tiene un papel decisivo en nuestras vidas. La superación de las adversidades nos da la oportunidad de alcanzar nuevos objetivos quizás mucho mejores que los que acabamos de perder, por el contrario rendirnos a ellas significa adentrarnos en un periodo de resignación o inconformismo pasivo que desemboca en la infelicidad. Entonces solemos imaginar lo que pudo haber sido nuestra vida si las cosas hubieran sucedido de distinta manera y nos adentramos en un ejercicio de imaginación completamente inútil. La imaginación solo puede ser útil usada constructivamente

                    

El cerebro, ese desconocido

Hay quien decide pensar que la muerte no es un principio de nada sino el final absoluto de todo. En mi opinión es bastante difícil imaginar el final de algo de lo que no siquiera se conoce el principio. ¿Podríamos asegurar con certeza que nuestra vida comenzó el día de nuestro nacimiento? Se nos ha dicho que nuestra mente funciona gracias a nuestro cerebro y que cuando este deja de existir la mente termina, sin embargo nadie puede explicar todavía porque cuando estamos parados con nuestro coche en un semáforo rojo esperando que este cambie a verde, sentimos clavada en nuestra nuca la mirada insistente del conductor del vehículo de al lado. Este ejemplo es una pequeña muestra del casi completo desconocimiento de esta mente instalada en el músculo de nuestro cerebro (quizás porque, dado los pocos años que vivimos y su complejidad no disponemos de tiempo suficiente para estudiarla).

Pero lo cierto es que desconocida o no, disponemos de una maquina muy poderosa que nos induce a cometer las acciones mas sublimes y a veces también las mas terribles.  Siempre me ha parecido asombrosa la soberbia humana afirmar o negar algo simplemente por el hecho de no poder verlo ni tocarlo. Un cerebro que es capaz de detectar la mirada de alguien sin tocarnos ni hablarnos podría también hacer muchas mas cosas aparentemente incomprensibles como por ejemplo trascender a la muerte y si fuera así... ¿No estaremos simplemente experimentando una experiencia tridimensional en un Universo de Infinitas dimensiones?  No podemos olvidar que la duda y inquietud son los padres de la ciencia y en consecuencia del progreso y muchos de las ideas que ahora nos parecen completamente lógicas hubieran sido considerado demenciales siglos atrás

 

¿Es la fuerza del poder superior al dinero?,

Lo cierto es que si alguien tiene el poder en sus manos tiene también  en sus manos la vida de los que no lo tienen y parece ser que a algunos seres  humanos les es muy difícil  resistirse a la tentación de sentirse superiores a sus semejantes, sin embargo a la larga o a la corta se dan cuenta de que ese mismo poder tan deseado tampoco les hace felices porque al cabo de un periodo de tiempo se encuentran de nuevo vacíos y deseando algo distinto.

No hace falta ser religioso para comprender que la felicidad solo lo que se consigue a través del amor, la creatividad, la paz interior o el disfrute del presente minuto a minuto, esos estados de animo nunca se pueden comprar con dinero y el poder tampoco es capaz de conseguirlas, porque el poder solo consigue cosas a través de los otros y los demás no nos pertenecen.

El olvido de los grandes benefactores

Los tiranos que poseen el poder y lo utilizan contra los demás sin importarles ser maldecidos para siempre,  son a veces mas recordados que los hombres de bien.. Todo el mundo asocia a Atila con el azote de Dios aunque muchos no sepan muy bien que fechorías motivaron este nombre, en cambio pocos recuerdan el nombre del inventor de la penicilina aunque haya nacido mucho mas recientemente. Pero a los grandes hombres como el Dr Fleming poco debe de importarles el olvido si su obra tiene trascendencia después de su muerte.

Gloria Corrons 2004