Números

Hoy me atrevo a escribir sobre números sin saber demasiadas matemáticas y tampoco ser una estudiosa de la numerología.

Los números son la ciencia del futuro y con ellos podemos demostrar incógnitas sobre el papel que, aunque existen, no podemos ver, pero en mi opinión esos números que nos hemos inventados para hacer cuadrar millones de cosas que no sabríamos como hacer cuadrar, nos complican mucho la vida también, sobre todo nos la amargan, porque en vez de utilizarlos a nuestro favor la mayoría de las veces los utilizamos en nuestra contra, viviendo absolutamente pendientes de su tiranía.

Hemos encarcelado el tiempo en pequeños compartimentos estancos y así hemos constreñido un tiempo atemporal, en unos números que como una legión de soldados nos mantienen bajo su custodia desde que nacemos hasta la muerte. Porque según la ley de los números del mundo que vivimos, hay una edad determinada para ser niño, otra para ser joven, otra para ser maduro y la última para ser viejo y morir, todas con limites muy concretos y uniformes, iguales para todo el mundo, sin excepción, enmarcados en el marco de las estadísticas oficiales.

Pero en realidad, la culpa no la tienen los números, sino el modo como los usamos, porque los números en sí no deberían significar nada que condicionase nuestras vidas. No existe ningún número que nos obligue a entrar en la vejez y sin embargo, oficialmente es así, aunque con algunas variantes dependiendo de las épocas. Y poco importa que ese alguien no se sienta viejo, o ni siquiera se vea viejo o no actué como debe actuar un viejo, si tiene la edad correspondiente ha de serlo.

Y ¿quién lo dice? pues todo lo que nos rodea, por supuesto los médicos, pero también las leyes, la familia, los amigos, y sobre todo la tiranía de los medios de comunicación, y en consecuencia la sociedad, en suma, porque si los medios de comunicación lo dicen no hay escapatoria, a los ojos de todos eres viejo con todo lo que esto implica, enfermedades y decrepitud.

Pero el hecho comprobado es que nadie entra en la vejez al mismo ritmo, depende de muchos factores, de su biología y de su genética, que, según los últimos avances de la neurociencia, se puede incluso modificar, porque se acaba de descubrir que el cerebro es elástico y moldeable según tu forma de pensar. Ante esa disyuntiva, tan solo dos cosas pueden hacerse, creérselo o no creérselo. Si escoges lo primero te conviertes en un viejo automáticamente, porque tú mismo le das esa orden a tu cerebro que obedientemente la ejecuta, sin saber si es bueno o malo para ti.

El cerebro es una máquina prácticamente perfecta pero no sabemos cómo usarla y dado la presión que nos rodea es casi una heroicidad conseguir pensar por uno mismo, pero creo ser estamos aquí para evolucionar y eso se consigue dudando de todo lo aprendido y sobre todo comenzando a considerar a los números como lo que son, algo muy valioso para organizar nuestro trabajo y no llegar tarde a las citas. Nada más.

Gloria Corrons
https://planetaselene-com

Un mundo mejor es posible!

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