LA HISTORIA DE MI VIDA, ADOLESCENCIA

MI ADOLESCENCIA
Cuando yo tenía 13 años murió el actor cinematográfico Jean Dean. La muerte de aquel muchacho miope de movimientos bruscos e inseguros fue una verdadera conmoción. Había sabido despertar la ternura y el deseo de protección en todas las mujeres del mundo, no importaba que edad. Yo misma me apresuré a escribir en mi diario desconsolada.
-James Dean necesitaba amar como un enfermo, necesitaba una muchacha buena que le quisiera y le hiciera olvidar al mundo mezquino que le repugnaba. Se reía de todos para ocultar su propio dolor. James Dean no sabía fingir, es por eso por lo que el mundo le consideraba un extraño. Era como un niño. Yo le hubiera sabido comprender. No había triunfado por su aspecto físico sino porque supo reflejar algo que todos los adolescentes llevamos dentro, el afán de reformar al mundo y el malestar de convivir con él. Ese afán que nace de la parte más pura del alma y ese trasluce en una inquietud constante. Por esto puedo comprender a James Dean – Evidentementemis palabras hablaban más de mí que de él mismo. Mis ansias de enamorarme eran ya incontenibles: Cada vez que veo a un muchacho por la calle que me gusta. – seguía escribiendo – siento deseos de echarle los brazos al cuello y besarle ardorosamente en los labios diciéndole: te amo, te amo. Sin embargo, me siento tan incomprendida… Mis padres, aunque son buenísimos, no comprenden mis sentimientos, dicen que soy tonta y que aun soy un crío que debo de pensar en muñecas y que a mi edad ellos no decían estas cosas, pero yo creo que la vida se acelera cada vez más y lo que a ellos les sucedió a los 18 mí me pasa a los 13. Es imposible que puedan cambiarme. Yo no puedo pensar solamente en estudiar y jugar. Mis sentimientos son un presentimiento del amor, gracias a Dios que tengo una amiga que comprende mis pensamientos. La vida seria espantosa sin tener a nadie con quien compartir mis secretos. Tengo que convencer a mama para que sea una mujer moderna. Esta noche lo intentaré –
Pero nunca lo conseguí.
En verano no fuimos a la playa. Mi hermana María Ángeles se había casado, con lo cual la pesca del marido (que valga la metáfora parecía resultar más fácil a orillas del mar) era innecesaria.

La paradoja fue que mi hermana, después de cuatro o cinco turbulentos noviazgos, hizo la pesca definitiva en la ciudad, no en el mar, cosas del destino que no dejan de tener su ironía y los papas y yo fuimos a pasar el verano en Al, un pueblecito de alta montaña en los Pirineos catalanes. Nos alojamos en el único hotel del pueblo llamado “la Pirenaica y un mi padre pudo al fin disfrutar de sus primeras vacaciones felices ya que siempre había odiado la playa. Yo enseguida me uní a un grupo de adolescentes, cuyos integrantes masculinos hacían cola para bailar conmigo en la plaza Mayor los domingos y a los que traía locos con mi larga trenza de pelo castaño y mis ojos de color azul-verdoso y descubrí algo desconcertante… aunque había tenido un par de enamoramientos platónicos con chiquillos en el colegio que me hacían escribir páginas y más páginas en mi diario personal y me inspiraban historias de amores imposibles y componer tristes canciones al piano ahora ocurría algo distinto, notaba las manos de los chicos entre las mías al son de la música en los bailes del domingo y aquel simple roce me hacía estremecer de pies a cabeza.
Recuerdo que una vez en el cine local, me senté al lado de un tal Mario, que por aquel entonces era uno de mis amigos preferidos, quizás por ser uno los pocos que no me hacían caso, y de repente en la intimidad de la oscuridad sentí unos deseos casi irreprimibles de echarle los brazos al cuello y besarle en los labios, pero naturalmente permanecí quieta en mi silla, aparte de ser tímida supongo que también influyó la presencia de mis padres sentados dos hileras de butacas más atrás. El instinto sexual se despertaba con fuerza en mi cuerpo de mujer recién estrenada y apenas si podía reprimirlo. Sin embargo, mis padres tenían algo de razón, a veces aun sentía deseos de jugar a las muñecas.
Aquel verano había novedades en el pueblo. Una escuela francesa había instalado su campamento en las afueras y las calles estaban llenas de muchachos del país vecino. Me di cuenta enseguida de que eran diferentes a los españoles, tenían un aire más “chic,” por utilizar una palabra muy en boga en aquellos momentos. Llevaban pañuelos de colores atados al cuello, pantalones vaqueros ceñidos y los cuellos de las camisas levantados. La atracción fue mutua, pronto todos aprendieron mi nombre y cuando yo iba a dar mi cotidiano paseo con mi madre me llamaban al unísono haciéndome enrojecer de vergüenza y mi vanidad iba subiendo de tono poco a poco, pero eso no era nada extraño, convertirse en la vedette de un pueblo entero, aunque fuese pequeño, después de haber sido la niña fea y gorda del colegio era un cambio que superaba todas las aspiraciones de una muchacha de mi edad. Me sentía casi como una diosa.
Aquel invierno se había estrenado de los cines de Barcelona una película francesa que causó sensación. La protagonista era una preciosa artista de origen ruso llamada Marina Vlady. La película se titulaba “La bruja” y narraba la historia de una muchacha criada en el bosque como una salvaje, vestida únicamente con una tosca túnica que dejaba adivinar su esbelto cuerpo y luciendo una cabellera lacia y rubia suelta hasta la cintura. La actriz que debía tener solo unos 18 años impuso un nuevo estilo que causó furor entre las adolescentes y fue imitado por miles de chicas de todo el mundo. Yo ya hacía tiempo que me había dejado crecer el pelo hasta media espalda bautizándolo con frecuentes potes de agua oxigenada en cada lavado para volverme rubia y todos empezaron a llamarme “La bruja” comentando lo mucho que me parecía a Marina Vlady, (a la que por cierto no me parecía en nada.)

También aquel mismo año, hubo otro acontecimiento que visto en perspectiva no dejaba de ser un inicio de la recuperación económica del país. En España se empezó a poner a la venta el llamado Biscoter, que pronto se hizo muy popular entre la gente joven. El coche que en realidad era una especie de moto son cuatro ruedas, tenía una carrocería de aluminio descapotable y capacidad para dos o tres plazas, valía mucho menos de la mitad de un coche normal, pero a pesar de su bajo precio, su diseño era bastante feo, aunque divertido y no todo el mundo se atrevió a comprarlo. Solo los más atrevidos lo hicieron entrando a formar parte de una especie de clan que circulaban por las mal llamadas carreteras de la época haciendo sonar la bocina al cruzarse entre sí. Recuerdo haber subido a uno de ellos con un vestido a la última moda. El modelo consistía en llevar debajo de una falda de mucho vuelo unas enaguas de material rígido llamadas“can – can” que las mantenían en todo su volumen alrededor de las piernas dando la sensación óptica de estrechar la cintura. Entrar en uno de aquellos curiosos chismes de tal guisa era casi una aventura. Aquella moda tan poco práctica con reminiscencias de la corte de Versalles del siglo XVIII tuvo poco éxito y duró poco tiempo por su incomodidad. Estábamos en pleno desarrollo de la fase de igualdad de sexos y la mujer comenzaba a incorporarse al trabajo del hombre, era evidente que no podía hacerlo vestida así.
Volviendo al verano…Yo rehuía al pequeño grupo del año anterior porque solo tenía ojos para los francesitos, pero no hice ninguna cita con ellos porque mi madre no me dejaba ni a sol ni a sombra. Sin embargo, en los bailes del domingo en la plaza mayor, aquellos bailes en los que siempre tocaban los mismos discos, con los papas y las mamas sentados alrededor de la pista con un refresco sobre las mesas y los ojos escrutadores en las parejas de bailarines, pude por fin hablar con alguno de ellos. Nos entendimos mitad por señas mitad en mi oxidado francés aprendido en el colegio. Varios me pidieron la dirección para escribirme y uno, para mí el más guapo de todos, me prometió volver el verano siguiente para verme de nuevo. Se llamaba Jean Verrier, era alto y moreno y debía tener unos diecisiete años. Iniciamos una larga correspondencia durante la cual nos enviamos fotos, discos y regalos.

Fiel a su promesa volvió al siguiente verano esta vez sin sus compañeros de escuela y yo curiosamente y sin ningún motivo aparente en cuanto le vi lo rehuí. Todos me juzgaron coqueta, voluble y superficial pero la realidad era muy otra, lo rehuí simplemente por timidez. Durante un año yo había alentado por carta sus ilusiones, porque al escribirle me sentía la protagonista de una película romántica, pero cuando le vi no supe que hacer con aquella situación que yo misma había provocado y que ahora me desbordaba. Aquello me hizo sentir muy mal porque todos, especialmente el interesado, pensaron que lo desprecié y nadie entendió mi reacción, ni siquiera yo misma. A partir de aquel momento empecé sentirme incomoda con mi apodo, casi llegue a creer que me había convertido en un ser malvado y perverso con una escoba y un sombrero en forma de cucurucho colgados tras la puerta de mi habitación, o sea una verdadera bruja y decidí cortarme el pelo para cambiar de imagen, pero fue inútil, el mismo día al salir de la peluquería, un par de mujeres al verme, comentaron en voz alta: Se ha cortado el cabello para que no la llamasen bruja, pero sigue siendo bruja igual. Nunca sabré si aquello era un piropo o un comentario para mortificarme por el simple de hecho de que yo era joven y bonita, algo imperdonable para muchos. Recuerdo que me fui a casa llorando de rabia y comprendí que nada había conseguido sacrificando mi cabellera porque todos siguieron llamándome la bruja durante mucho tiempo.
Dejando a un lado los incidentes desagradables, los recuerdos de la primera parte de mi adolescencia quizás fueron los más felices de mi vida porque era consciente de mi felicidad. Poseía todo lo que una muchacha de 14 años puede desear y lo sabía. Mis padres me querían, me sentía guapa al fin y, además, en aquel periodo de posguerra mi padre empezaba a ganarse muy bien la vida.
Me recreaba llenado páginas y más páginas de mi diario escribiendo esta frase: ¡Soy tan feliz, tan feliz Tengo toda la vida por delante! Soy joven, bonita, querida y tengo todo lo que puedo desear ¿por qué el reloj no debe parase ahora para siempre? …
– Algo en el fondo de mí misma me advertía que disfrutase de aquella época dorada porque ya nunca más volvería y que quizás mi felicidad era excesiva y no podría mantenerse durante mucho tiempo. Esa conciencia de la poca duración de la felicidad era algo insólita para la capacidad de una mente tan joven, y así lo confesaba día tras día en las páginas de mi diario: A veces reflexiono y pienso que la belleza se marchitará algún día y entonces… ¿qué quedará de mí? He de aprovechar el tiempo y estudiar, pero… aún falta tanto tiempo para que esto ocurra…como mínimo tengo veinte años por delante, después Dios dirá…. ahora lo poseo todo para ser feliz: Belleza, dinero, un hogar y unos padres que me dan todo lo que pido, pero hay momentos en que pienso que esta felicidad durará poco porque todo se acaba y entonces siento pánico.
La brevedad de la juventud, bajo la óptica de una adolescente, me parece ahora casi ridícula, pero supongo que a edad las cosas se ven de esta manera. Sin embargo y a pesar de mis presentimientos sabía disfrutar de aquel momento Y continuaba diciendo en otra página: A veces pienso que es verdaderamente imposible que yo, tan guapa y presumida sea aquella cría feúcha, y gordinflona y acomplejada. Me parece ser otra persona y que aquélla otra Gloria ha muerto ya.
También en mi diario encontré escrito algo bastante insólito: Más aun que mis ídolos cinematográficos, mis verdaderos ídolos son mis padres., Aunque parezca algo extraño. Los quiero tanto… tanto. Dios mío si algún día me faltaran ¿qué sería de mí? –

Cada día cuando llegaba a casa después del colegio antes de llamar al timbre de la puerta, oía ya a mi madre trajinando en la cocina y deseaba ardientemente que todo siguiese siempre igual que nada cambiase. Cuando horas después mi padre llegaba del trabajo y hacia sonar sus llaves en su familiar manera de anunciarnos su llegada, yo volvía a desear que mi madre nunca dejase de reinar en su cocina y mi padre nunca dejase de regresar a casa.
Sentada cada noche frente a mi escritorio – continuaba escribiendo – rodeada de cuatro paredes llenas de fotos, mapas y banderines, escribo… He escrito muchas novelas en mi vida, pero creo que la mejor ha sido mi diario, porque además de ser real la protagonista soy yo. Creo que siempre he abierto mi corazón a estas páginas, que he descrito en ellas por entero mi carácter, mis aspiraciones, mis disgustos, en fin, toda mi vida y quiero ser fiel a él hasta que me muera, quizás dentro de muchísimos años y estas cuartillas sean famosas por su antigüedad. No lo sé, pero no lo escribo con este fin, sino porque necesito desahogar de algún modo todo lo que pienso y no tengo hermanas de mi edad para poder hacerlo. De lo que sí estoy segura es de que todo aquel que lo lea aspirará el perfume maravilloso de la juventud. Bueno, basta de filosofía en realidad no sé siquiera porque he escrito todo esto…
Aquel curso de 1956 decidieron cambiarme de colegio y me inscribieron en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, que como indica su nombre estaba regentado por monjas. Unas extrañas mujeres vestidas como fantoches, con unas ridículas cofias rizadas enmarcando sus rostros que a mí me parecían terriblemente feos dejando entrever una boca dura rodeada por un poblado bigote, una piel llena de granos y unos ojos sin luz bajo unas cejas muy tupidas. Creo que odié al nuevo colegio tanto como el colegio me odió a mí.
Recuerdo el día en que papá me encontró bajando por la calle Mayor de Sarriá, llorando desconsoladamente. Aquello le partió el alma al hombre bueno que era mi padre y a los seis meses de ingresar en aquel lugar infernal me sacó de allí. A pesar de lo mucho que sufrí dentro de aquellas cuatro paredes donde la vida se me hacía insoportable quizás no debieron sacarme del colegio a medio curso, aunque reflexionando creo que lo que nunca debieron hacer realmente cambiarme del primero. Nunca entendí bien los motivos, pero no voy a desviarme del tema, estaba hablando del nuevo Colegio.
Todo el sistema que regía aquel lugar supuestamente de docencia era caduco y antinatural, como si el reloj de las religiosas se hubiese parado cien años atrás. Mis compañeras de clase me cogieron una especial antipatía porque estaba demasiado pendiente de mi aspecto personal. Todas se reían de mí y procuraban hacerme la vida imposible. Cuando yo estaba distraída o sin estarlo, venían por detrás y me despeinaban y me tiraban la diadema al suelo o me empujaban y también me hacían la burla por la espalda, caricaturizando mis gestos al peinarme, al caminar etc., para mi ir al colegio era encerrarme en el infierno. Ahora ya ni era la gorda, ahora era la presumida y aparte de cuatro aliadas, el resto de la clase me mortificaba. En realidad, mi madre y mi hermana tenían razón cuando me decían que se morían de envidia porque yo me había convertido en una chica muy bonita, pero probablemente si yo no hubiese estado tan pendiente de mi aspecto mis amigas me hubiesen dejado en paz, ellas no podían comprender que yo actuaba así porque necesitaba saberme guapa y que todo el mundo lo reconociera. No podían saber que estaba muy harta de ser la fea y la gorda durante tantos años.
Yo pensaba que la vida era bastante paradójica: si eres fea sufres y si por el contrario eres bonita sufres también pero pronto descubrí que todos los disgustos que me provocaban las chicas se veían compensados por las satisfacciones que me producían los chicos.
Cuando salí de aquel nefasto colegio ya había perdido prácticamente el curso puesto que me había pasado la mitad de los meses en cama simulando resfriados y toda clase de enfermedades para no ir a clase y quedarme en casa escuchando seriales románticos por la radio, recortando artistas de cine de las revistas o leyendo las novelas del oeste que me apasionaban.
De este género Zane Grey era mi autor favorito.: Tiene un estilo incomparable que perdurará mientras la juventud exista. Había escrito sobre él en mi diario: Los atractivos, rudos, valientes y galanes vaqueros: rubios, esbeltos, altos y musculosos con un eterno cigarrillo entre los dedos y su característico hablar lento y despectivo harán siempre estremecer de ilusión a las jóvenes lectoras que suspiran por tipos así. Y las jovencitas delicadas, bonitas y frágiles harán latir más aprisa el corazón de los muchachos de ahora y de siempre. He llegado a suspirar tanto por el oeste americano que trasladarme allí es mi único deseo. A veces me siento como un ser escogido para realizar grandes proezas, debe de ser la edad, sin embargo, es tan lindo soñar con la celebridad y la gloria. Me gustaría dar la vuelta al mundo, visitar la maravillosa Italia, la romántica Francia, la estupenda Alemania, la antigua Grecia y sobre todo América ¡el nuevo continente! Sé que mis sueños son fantásticos. Sin embargo, algo me dice que llegaré a realizarlos. Presiento que seré algo muy grande y realizaré magníficos ideales. Es cuestión de tiempo. Todo se andará.
Parece ser que mi inconsciente no olvidó mis deseos y poco a poco los fue convirtiendo en realidad en su mayor parte, aunque ahora pienso que fue una lástima que me olvidase de planificar también las posibles consecuencias Me casé con un hombre muy parecido a aquellos héroes de novela. No di la vuelta al mundo, pero viajé por muchos países y especialmente fui a América. Viajé a allí tantas veces, profesional y personalmente hablando que ni siguiera puedo recordar el número de vuelos y desde luego corrí muchas aventuras, (pero aún no he llegado a alcanzar la celebridad, aunque aún no he cejado en el empeño.)
Paralelamente a las lecturas yo seguía escribiendo novelas. Gracias a los datos de mi diario he podido recordar el título de una de ellas: “Horizontes” e incluso algo de la trama, según mis propias palabras:
– Se trata de un drama de siete suelas que creo tendrá mucho éxito pues he puesto al escribirlo todo ni entusiasmo y está redactado en unos términos que gustan al público: mitad rosa mitad melodrama, veremos si el día de mañana estas memorias sean celebres por pertenecer a la famosa Gloria Corrons. Por lo tanto, voy a poner manos a la obra. Estoy en el capítulo IV y la cosa esta que arde.
Me parece interesante la pequeña dosis de comercialidad que yo ya consideraba importante para que una novela se vendiese. Supongo que influyó mucho la convivencia con un padre comerciante porque con los años siempre escogí profesiones artísticas mezclando en ellas ese punto justo de comercialidad que convertía el arte en un oficio rentable.
También es curioso como poco a poco yo misma iba programando mi futuro con mis deseos: Los trajes de noche siempre me han encantado. Yo misma he diseñado algunos modelos que para mi gusto son bastante buenos, todos para fiestas… mi especialidad. –Y con los años me convertí en diseñadora, tal y como había deseado ser.Este y otros deseos fueron extraña y sistemáticamente cumpliéndose a lo largo de mi vida.
En el año 1957 mis estudios se interrumpieron y yo no quise reanudarlos pensando en la entrada a la Universidad. Las mujeres de mi generación tenían como casi única meta el matrimonio o sea que no parecía merecer la pena preocuparse demasiado por unos estudios perdidos. Esta circunstancia inclinó definitivamente la balanza de mi vida hacia el arte y los idiomas. Ya no iba al Colegio, pero continuaba estudiando piano en el Conservatorio Municipal de Música y también dibujo en un estudio privado de bellas artes, además mi padre me matriculó en una academia de idiomas y en un centro de estudios donde aprendía algo parecido a cultura general con la intención de llenar mi tiempo estudiando algo útil para mi incierto futuro.
En aquellos lugares confirmé mi éxito personal. Me sentía tan admirada por todos, que mi vanidad iba inflándose cada vez más y más como un globo a punto de explotar hasta llegar a la discriminación.
He aquí una pequeña muestra de ello, encontrada en mi diario; Hoy he ido de nuevo a la academia, ¡he descubierto que uno de los chicos de la clase es… un camarero! ¡que espanto! Y para colmo un pelma horroroso con la excusa de que llevaba la misma dirección me acompañó a casa… hay que ver que una chica tan mona dejarse acompañar por una birria semejante…
La vanidad y la presunción iban ganando terreno día a día como una especie de venganza contra el mundo por lo mucho que me había discriminado y hecho sufrir. Era una reacción natural tras haber resurgido de mis propias cenizas de niña gorda, fea, ridiculizada y despreciada por casi todos. Ese es mi única atenuante, aparte de tener solo 14 años.
De hecho, yo no vivía un mundo de realidades sino en mi especial cuento de hadas en el que todo debía de ser hermoso y exquisito a mi alrededor: He aquí otro comentario encontrado en mi diario: Esta mañana he ido al Museo de Arte de Cataluña, me ha encantado, pero cuando más me he divertido ha sido al colarme en una zona prohibida al público en restauración. Procurando que no me viera el conserje he bajado por lujosa escalinata donde me parecía ser una princesa asistiendo a una magnifica fiesta en aquellos enormes y maravillosos salones y después me asomaba a los impresionantes balcones donde el gentío me vitoreaba. Seria maravillosos vivir en un palacio así – pero añadía haciendo gala de un interesante conocimiento de mí misma. – Aunque quizás me aburriría a la larga… soy tan voluble…
Así como en la academia de idiomas me sentía como pez en el agua en la academia de cultura general no me sentía cómoda. Acostumbrada a asistir a colegios de niños de familias bien estantes, tenía muy pocas cosas en común con mis compañeros, casi todos de clase modesta y así pues siempre que podía hacia novillos y me iba a paseo con mis nuevas amigas

Mi máxima diversión por aquel entonces era pasear los domingos por la mañana por la Diagonal, una de las avenidas más elegantes de la ciudad con mis tres amigas inseparables: Pil a quien había conocido en la academia de idiomas, María Ángeles, ex condiscípula del colegio y Rosa Mary a quien no recuerdo como conocí, y el mayor aliciente de los paseos era cosechar miradas y piropos a nuestro paso.
A veces cuando llegaba a casa después de haber comprobado en la calle la admiración que despertaba a mi paso en los chicos de mi edad, me ponía a bailar de alegría gritando: Que hermoso es ser bonita y sentirse admirada... y aunque no salía con ninguno en particular ya comenzaban a llamarme varios por teléfono, aunque no me atrevía a salir con ninguno a solas
Mi felicidad en realidad era muy sencilla. Supongo que yo era feliz dentro de mi simplicidad porque la consideraba justa y estaba en paz conmigo misma. También presentía que mi vida no iba a ajustarse a un patrón corriente, pero más que un presentimiento aquello era una convicción. En realidad, siempre partí de la base de que el destino se lo hace uno mismo a pesar de que las influencias ambientales y culturales pueden influir. Ahora estoy segura de que mi propio carácter buscó y encontró las consecuencias de mi vida. Aquellos paseos domingueros me hacen recordar con cierta nostalgia una Barcelona distinta, casi provinciana, quizás más humana, pero mi recuerdo cambia totalmente cuando pienso que la sociedad era también entonces mucho más hipócrita y reprimida.
– Es magnifico caminar por la calle con los libros bajo el brazo, y el alma llena de ilusiones y el espíritu de felicidad– escribía en mi diario del año 1957 – con la alegría y la satisfacción de ser admirada y deseos ardientes de diversiones, aventuras y emociones fuertes. Decididamente la juventud es un tesoro inapreciable. Ahora yo lo poseo todo para ser feliz… Soy guapa, tengo salud, tengo a mis padres, una posición económica desahogada, estudios ¿qué más quiero?Y añadía unos párrafos muy interesantes en los que se intuye que tras toda aquella apariencia ingenua y superficial algo más profundo y oculto estaba latente en mi:
Tengo una ideas muy claras y precisas sobre la religión, pero demasiado largas para exponerlas ahora, sin embargo, un día lo haré. (Fue una lástima que nunca lo hiciera) Mis ideas sobre el alma, la religión, la vida cotidiana son diversas pero concretas. No soy tan frívola como aparento. En cuanto a los valores morales de la mujer poseo unas creencias firmes de las que Dios no quiera que llegue a apartarme nunca-
Y aquí comenzaba a esbozar unas ideas que evidentemente no eran mías sino fruto de toda una educación religiosa y paternalista de la que yo estaba entonces completamente inconsciente:
Cualquiera que me vea, mona y moderna no podrá ni imaginarse que en mi cabeza se desarrollen ideas tan sensatas. Una de ellas es que cuando una mujer peca de castidad puede dejar de considerársela como tal, es ya como un trapo sucio, algo que no puede llegar a la altura de ser ese compendio de pureza que recibe el nombre de mujer Por eso antes de ser una cualquiera preferiría morir cien veces.
Creo que los comentarios sobran, el lavado de cerebro a la mujer de mi generación era completo, pero estas ideas tan “firmes” inculcadas a fuego por la obligatoria educación católica de las escuelas, fueron cayendo poco a poco una tras otra al primer contacto que tuve con la realidad.Y a veces, no demasiadas me asaltaban insólitos e inesperados temores. En una de estas crisis escribí – Esta vida es tan mísera. Hace tiempo que por las noches de me presenta el visón de la muerte en todo su horror. No sé a qué será debida esta pesadilla, no sé porque me tortura esta visión de tragedias cuando ahora disfruto de una etapa maravillosa de felicidad. He pensado que ya que nuestro paso por la vida es tan breve merece la pena aprovecharlo y hacer algo para perdurar un poco en el recuerdo. ¡es tan triste vivir algunos años para después ser olvidado por completo. Yo por ejemplo no he conocido mis abuelos y no sabría absolutamente nada de ellos si mis padres no me hubiera explicado quien eran, y cuando mueran mis padres si yo no les cuento algo sobre ellos mis hijos tampoco le conocerían. Sin embargo, los famosos hombres y mujeres de la historia serán recordados eternamente y la gente estudiara sus obras, su vida y su personalidad y no hablo de las glorias cinematográficas porque están si también efímeras ya que una vez desparecida la generación que los vio triunfar serán unos desconocidos para la próxima. Mi alma joven esta inundada de sueños de gloria e inmortalidad, es muy posible que yo no llegue a ser jamás nada, pero ¿qué cuesta intentarlo?) Puedo ser frívola, pero internamente no lo soy en absoluto… pero mi mayor deseo ahora es que se aparten de mis esas macabras pesadillas y sepa gozar de la vida en toda la maravillosa felicidad que se me ofrece… soy tan joven… estoy tan llena de ilusiones... y continuaba reflejando en las páginas de mi diario la pregunta que me torturaba internamente. – ¿será posible que algún día llegue a envejecer? No puedo creerlo… ¿puede acabarse esta felicidad? –
Y había algo más… un especial cierto sexto sentido, un conocimiento interior alertándome de que todo lo que me rodeaba era solo mi forma de percibirlo y no la verdadera realidad de las cosas, pero, aunque yo no comprendía el porqué de esta sensación, no podía evitar sentirla.
Son las 11 y cuarto de la mañana. Estoy leyendo una fantástica novela y en sus páginas he leído una frase verdaderamente maravillosa. “El secreto de la dicha es vivir en el ahora. No estar siempre lamentando el pasado o temiendo por anticipado el futuro, sino sacar todo cuanto pueda darse en el momento presente Y he descubierto repentinamente que es cierto. Las personas que se aferran demasiado en alcanzar una meta maravillosa pero distante, no se dan cuenta de lo bello que se cruza a su lado en el día a día y después al reparar los instantes que se han dejado perder ya es demasiado tarde y les será imposible llegar al maravilloso horizonte que representaba su meta. Yo, voy a disfrutar de los minutos, segundos y milésimas de segundo en todo cuanto valen. Ahora estoy atravesando la edad más dichosa de mi vida, sin preocupaciones ni problemas de ninguna clase por lo tanto voy a disfrutarla mientras pueda y si el día de mañana no llego a ser una gran pintora, ni una famosa escritora o una célebre pianista no me importará demasiado no haber sabido saborear la magnífica etapa de la adolescencia. Peor sería si al final no puedo ser ninguna de esas cosas y no he disfrutado de ella.
Este pensamiento escrito hace tantos años quedo grabado con fuerza en mi corazón, no siempre he sabido serle fiel, pero siempre lo he intentado, aun hoy en día me sirve de gran consuelo.
Paralelamente a mi vida en España sucedían otras cosas. La Universidad comenzaba su ruptura contra el franquismo y aquel año de 1957 ochocientos estudiantes eran cercados por la Policía en el paraninfo de Barcelona tras participar en las protestas contra la subida de los tranvías. Aún era pronto para el aperturismo. Las manifestaciones antigubernamentales eran dispersadas sin contemplaciones. Mi padre comentaba que los estudiantes iban de buena fe pero que los partidos políticos se ocultaban debajo de todas aquellas protestas idealistas. Aquellos acontecimientos sólo podían acarrear malas consecuencias, decía, añadiendo que, aunque no tuviéramos el gobierno deseado, al menos teníamos paz y trabajo. A pesar de haber sido de izquierdas en su juventud mi padre había vivido una guerra y tenía miedo. En realidad, sólo quería vivir en paz y nada le importaba quien gobernase. Lógica postura de quien había soñado algo mejor y había sido estafado por unos y por otros. Yo era muy joven, no había oído hablar de política en toda mi vida, aparte de estudiar en el colegio lo buenos que eran los nacionales: los blancos, y lo malos que eran los comunistas: los rojos. Además, yo estaba muy lejos de los círculos universitarios donde podían haberme informado mejor.
Con aquellas palabras mis padres se apresuraron a matar en mi toda clase de peligrosa curiosidad o sea que no tome conciencia y el episodio me pareció al principio algo pintoresco e incluso divertido en un país en que aparentemente nunca pasaba nada. España era una especie de paraíso perdido en el mar de los infiernos del mundo, gracias a nuestro salvador F. Franco, un Dios omnipotente que nos salvaba y guardaba de todos los diablos, especialmente de los comunistas y los sexuales, creo que esta era la idea que él tenía de sí mismo porque en las procesiones de Semana Santa aparecía bajo palio, del mismo modo que la Iglesia paseaba por las calles a la Eucaristía.
A mi todo esto de las huelgas me pone ya enferma, como ignoraba las consecuencias que podrían traer lo consideraba como una cosa divertida, pero ahora he cambiado por completo de opinión. Mis padres dicen que podría estallar otra guerra y esos no es ninguna broma, sería terrible porque aun cuando yo no he vivido la anterior, no soy tan tonta como para ignorar todas las desgracias que acarreó. Además, papá dice que no se vende y comienza ya a estar preocupado, precisamente ahora que los negocios iban estupendamente y podíamos comprarnos un SEAT y cambiarlo por el Renault 4-4 que tenemos. Espero que todo se arregle y podamos cómpranoslo igualmente. La cosa estaría bien si no pasase de ser una manifestación estudiantil para que los precios bajasen, pero papá dice que tras los estudiantes que no dejan de ser críos inocentes se esconden los comunistas o sea los verdaderos revolucionarios que son e intentan que estalle de nuevo una guerra. Para mí, eso sería terrible, acostumbrada a hacer lo que me da en gana y ser la mimada de la familia, creo que no podría resistirlo porque cualquier pequeño trabajo me representa un esfuerzo enorme. Ahora mismo mamá me está llamando para ayudarla a hacer las camas y a mi maldita la gracia que me hace… esto de habernos quedado sin criada es fatal…
Sin embargo y tras aquella fachada de burguesía mal criada típica de los años cincuenta algo profundo comenzaba a despertar en mi interior y lo hacía con fuerza a medida que las cosas que me rodeaban iban decepcionándome: En aquel mismo año escribí indignada: _
Me avergüenzo de haber nacido en España. Un país en que la camaradería entre un hombre y una mujer no existen, sé que está mal renegar del propio país, pero la verdad es que no me gusta España, la detesto. Aquí se tiene un sentido muy atrasado de las cosas. Dicen que la mujer española tiene poca libertad y es cierto, pero yo voy a explicar el porqué. Las mujeres aquí tienen menos libertad que en el extranjero porque los chicos españoles tampoco son como los extranjeros. Es terrible haber nacido en un país semejante siendo una chica con ideas modernas y claras, ansiosa de libertad y camaradería. No quiero irritarme, yo he de seguir viviendo en España, pero no me importaría en absoluto casarme con un extranjero e irme a vivir lejos. –
Seguía planeando mi futuro sin saberlo No me casé no con uno, sino con dos extranjeros, pero me quedé a vivir en España. (Quizás ahora que estoy en la recta final quizás sea el momento de planear la meta imaginada hace tanto tiempo)

.Pero volviendo al pasado… al acercarme a los quince años comenzaba a percibir como era el mundo de los mayores y cada día me gustaba menos la idea de ser uno de ellos. En realidad, todos los que me rodeaban me querían, pero yo presentía que el mundo adulto no se limitaba a mis seres queridos. A partir de aquel momento las horas comenzaron a pasar aprisa porque me acercaban inevitablemente a la terrible frontera que no quería cruzar. Peter Pan, el niño que nunca creció, se convirtió en mi ídolo. Trataba de convencerme a mí misma de que él existía y algún día vendría a buscarme para llevarme al país de Nunca Jamás donde los niños permanecen siempre niños, aunque yo sabía que eso era solamente una fantasía a la que me agarraba con desesperación. Era la actitud del avestruz que oculta su cabeza en el suelo cuando para no ver a sus perseguidores. A veces todo me parecía estúpido, vacío y absurdo.
Yo misma me sorprendía de mi actitud y así deje constancia de ello:
Son extrañas estas crisis mías, supongo que debe de ser la edad. Hay días en que todo me parece hermoso y otros horrible, y no es eso sólo, sino que una especie de rabia interior se apodera de mí y odio a las personas que pasan a mi lado de tal modo que siento deseos de triturarlos. A veces que mis nervios se encuentran en tal tensión que he de tirar algo al suelo o patalear furiosamente hasta que me tranquilizo y después me encuentro mucho mejor. Últimamente he notado cosas bastante raras en mí y me preocupan bastante. Pero dicen que la tristeza se tiene que exteriorizar, y de alguna manera yo lo hago así, para no reventar de asco y de pena –
El miedo al futuro me perseguía y ese miedo me impidió ser feliz. Ya no vivía el presente, deseaba parar el tiempo. Sin embargo, no lo conseguí y a pesar de mis deseos seguí creciendo. Y seguía escribiendo…
Un día recibí un duro golpe, había comenzado el argumento de una nueva novela. Se trataba de una chica norteamericana que se enamoraba de un mulato y como sus padres se oponían a su relación, Maggie la protagonista, escapaba de su casa para casarse con su novio. Aquella vez, la primera y la última supongo, se me ocurrió explicarle la trama a mi padre. Papá me expuso varios argumentos de lógica que desbarataron mi proyecto, dándome a entender que mi historia era absurda. Me desilusioné tanto que me enfurecí contra él.

Esperaba obtener un premio Novel – escribí en mi diario, paño de lágrimas de todas mis desilusiones – Quizás mis ideas son absurdas, pero ¿qué otras pueden ocurrírsele a una chica de 14 años como no sean novelas rosas? De todos modos, quiero seguir adelante con la novela, aunque quizás la modifique un poco. Todos los genios son incomprendidos, dicen, ya veo que tienen razón.
Y aquellos días papá se fue de viaje de negocios a Italia, a Milán concretamente. Era la primera vez que ocurría una cosa así y fue un acontecimiento para todos. La noche anterior escribí emocionada en mi diario: Papá se va mañana de viaje, me da pena, claro está, ¡pero por otro lado voy a respirar! ¡Viva la liberad! Podré llagar más tarde de las nueve a casa, podré ir los sábados y domingos al cine, saldré por la noche con mamá… pero preferiría que se fueran los dos, porque en realidad sin papá ella me reñirá más que nunca. Me imagino lo que sería pasar una semana completamente sola en casa… Algo maravilloso. Me iría a dormir cuando me diera la gana, hablaría por teléfono horas enteras, pondría la radio hasta romper los tímpanos a los vecinos, me probaría todos los trajes, y todas las cosas de toilette de mamá, invitaría a mis amigas y bailaríamos rock and roll a la par que gastaríamos bromas por teléfono, en fin… un plan gamberro a base de bien y fumaría como un carretero, como toda gamberra me gusta fumar, fumaría un cigarrillo tras otro sin cansarme…
No recuerdo lo que sucedió mientras mi padre estuvo ausente, pero lo que si recuerdo es lo que sucedió a la vuelta. Regresó desconocido, no sé lo que debió ocurrirle en aquel viaje, pero por unos días actuó como una persona diferente, estaba de muy mal humor y hasta me pareció que nos trataba con algo de desprecio. Quizás haber visitado un país más avanzado social y económicamente le afectó mucho y a la vuelta vio diferencias olvidadas, quizás fue algo más… nunca lo podré saber, pero afortunadamente no duró mucho y en pocos días recuperé al padre al que estaba acostumbrada a tener. Creo que a él tampoco le gustaba vivir en la España de entonces y la Italia del norte, europea y civilizada le hizo imaginar cómo podía haber sido nuestro país si no se hubiese perdido la guerra, él era un hombre de ideas avanzadas que a la fuerza se había acostumbrado al régimen de Franco y se resignaba, creo que nunca llegué conocerle bastante, había cosas de las que nunca se hablaban, y ahora ya nunca podrán hablarse. Es una lástima…
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Todo comenzó a orillas de un pequeño pueblo mediterráneo (¡ah el mar y la playa!) Donde a instancias mías, mi padre accedió a pasar una parte del verano. El nombre de ese pueblecito Caldetas está asociado a una importante etapa de mi vida. Allí conocí a un nuevo grupo de chicos y chicas pertenecientes a la burguesía catalana y viví también la lenta e irremisible caída de mis creencias sobre la moral y también mi primer desengaño amoroso importante.

Mis nuevas amigas eran jóvenes, pero en cierto modo también parecían viejas. Me explicaré. Habían tenido la suerte o la desgracia de nacer en casa de ricos, lo cual significaba tenerlo todo a su alcance sin el menor esfuerzo. Con los bolsillos llenos del dinero de sus padres no tenían preocupaciones económicas ni aparentemente de ningún tipo y tampoco parecían sentir ningún interés por nada a parte de sí mismas. Todos, chicos y chicas se paseaban riendo y bromeando, ellas siempre peinadas y vestidas a la última moda y ellos iguales los unos a los otros, uniformados con el sello de la clase social a la que pertenecían, apegados a su posición social hasta hacer de ella su credo y su meta, solo en contra de todo lo que significase un peligro para su bienestar. Su edad no era una disculpa, estaban aferradas a las teorías de sus padres como sus padres probablemente lo estuvieron a la de sus abuelos. Una comunidad fuera de tiempo como un quiste maligno.
Hay que decir que casi me volví como ellas sería faltar a la verdad, afortunadamente en el fondo yo seguía siendo la misma, con mis ideales y sueños altruistas, pero he de reconocer que a simple vista aparentaba ser una más entre aquellos parásitos adolescentes que vagaban indolentes arriba y abajo del paseo de los ingleses y se sentaban durante horas en el muro, como llamábamos a una pared de piedra que daba al mar, solo mirando sin ver como pasaban las horas. Parecían aburridos y asqueados de todo, como si ya nada les quedase por vivir y sin embargo nada habían vivido aún.
Una noche mientras mamá y yo cenábamos en la pensión donde nos alojábamos, entraron en el comedor tres muchachos muy jóvenes que se dirigieron directamente a nuestra mesa, sus caras me eran familiares por haberlos visto todos los días en el paseo de los ingleses sentados en el muro frente a la playa. Saludaron a mi madre y se presentaron, se llamaban Javier Lubelza Jorge Mercè y Juan Cuatrecasas, después muy educadamente le pidieron a mi madre que me dejase ir a una Verbena que organizaban aquella semana. Yo me sentí enormemente halagada, consciente de que había muchas otras chicas pasando el verano en aquel pueblo que les gustaría estar en mi lugar, pero solo a mí me habían elegido para integrarme a su grupo, mi único mérito había sido ser bonita, pero me sentí orgullosa de mí misma. Ser guapa era como un premio concedido después de muchos años de humillaciones y de infelicidad. Aunque poniendo muchas objeciones mamá no pudo negarse, ella sabía muy bien cuanto estaba deseando yo hacer amistad con gente de mi edad. Quedamos en encontrarnos al día siguiente para presentarme a todo el grupo.
Aquélla anoche me dormí con una sonrisa de felicidad en los labios. Todo era como la culminación de un sueño, un deseo hecho realidad por arte de magia, como en un cuento de hadas de la colección Azucena, aquellos cuentos que leía cuando era niña y donde todas las princesas eran preciosas y todos los príncipes apuestos y valientes. La experiencia del colegio me había enseñado que ser bonita puede traer tantos problemas y desilusiones como ser fea, pero no quería pensar en ello, yo ya había sido fea demasiado tiempo, ahora tenía que disfrutar plenamente de esta nueva etapa de mi vida.
Al día siguiente nos encontramos en el parque, como no me atrevía a ir sola, acudí a la cita acompañada de unas amigas que acababa de conocer. Todos los componentes del grupo se mostraron fríos y reservados, yo no podía comprender aquella actitud. ¿Si habían venido a buscarme porque casi ni me dirigían la palabra? Después lo entendí todo. El grupo era una élite cerrada, no se aceptaba a cualquiera, solo a los elegidos ellos habían venido a buscarme a mí, no a mis amigas y ellas también debieron comprenderlo porque se marcharon enseguida. A partir de aquel momento todo cambió.
Volvieron a buscarme la noche de la verbena. Recuerdo que yo llevaba el pelo suelto y un vestido amarillo que contrastaba con mi piel morena y me sentía preciosa. La fiesta se celebraba en una de las torres del paseo de los ingleses y una vez allí la sensación de triunfo al saberme la atención de todos se me subió a la cabeza tanto o más como la sangría que bebí por primera vez. No paré de decir tonterías y de bailar durante toda la noche, aunque yo casi no sabía dar ni un paso de baile, pero eso no importaba porque todos, todos los chicos se volvían locos por bailar conmigo. Trajeron un montón de discos, mucho jazz y especialmente rock and roll. Tenía los bailes comprometidos de cinco en cinco, pero recuerdo que uno de los chicos, el que más sangría había bebido me venía a buscar cada cinco minutos y se me llevaba a la pista dejando a los que aguardaban con un palmo de narices, entonces se desencadenaban furiosas protestas y se ponían a discutir y a pelearse entre ellos e incluso medio en serio medio en broma querían emprenderla con él a puñetazos. En un momento dado todos me cogieron a la vez para bailar entre las risas de los que observaban mis apuros.

Apenas si recuerdo nada más aparte de sensaciones: la música, trajes de colores, pieles bronceadas y la brisa del mar en mi pelo, pero sobre todo el contacto de las manos de aquellos muchachos desconocidos empujándome de aquí para allá al compás del ritmo del rock and roll y el de uno de ellos especialmente, apretándome contra si con todas sus fuerzas:
Los papas vivieron a buscarme temprano tal y como estaba mandado por los cánones de la buena educación de una burguesita de catorce años que va a su primera fiesta. Abandoné a mis nuevos amigos con pena, me hubiese gustado que hubiera continuado para siempre. Quizás los que yo pretendía de la vida, era simplemente aquello; una fiesta donde todos los sentidos estuvieran vivos y alertas, abiertos a lo inesperado y que la ilusión no terminase nunca. Al día siguiente me contaron que la fiesta había terminado con un baño en la playa para despejarse…
Javier Lubelza, este es el nombre el muchacho que, si bien no fue mi primer amor, si fue el primero que me cogió de la mano para acariciármela y hasta me besó en las mejillas, no pudo llegar más lejos porque yo siempre le negué mis labios, supongo que ese objetivo significaba algo prohibido y por tanto nunca pudo alcanzarlo, aunque lo intentó innumerables veces.
Tenía diecisiete años y hermosos ojos, verdes grandes y rasgados. No era el que más me gustaba, pero si fue el que supo conquistarme, no le costó mucho hacerlo, simplemente se convirtió en mi perpetuo acompañante y yo lo acepté como algo natural, casi inevitable, porque además mi timidez me impedía rechazarle. Así pues, todos se acostumbraron a considerarnos una pareja más, como tantas otras del grupo.
La mayoría de aquellas parejas adolescentes se deshicieron con el paso de los años, pero algunas llevaron sus relaciones hasta el matrimonio, lo cual no estoy muy convencida de que fuese realmente bueno, pero el tiempo me ha enseñado que el matrimonio es como una lotería donde las posibilidades de triunfo y de fracaso son imprevisibles. Quizás hay matrimonios felices que no necesiten más experiencias que la de conocerse a sí mismos.
De todos modos, aquel grupo de adolescente era bastante peculiar, para ellos la libertad, el compañerismo y la aventura parecían ya vividas e ir en pareja era casi obligado para sentirse seguro. Aunque quizás la extraña era yo, que siempre he antepuesto el riesgo y las emociones a la seguridad. Creía y sigo creyendo que el pájaro debe volar antes de entrar en la jaula, y digo jaula porque es si como siempre he percibido el matrimonio convencional, la idea: uno para el otro y para nada ni nadie mas no me da para mejores definiciones. Ahora, desde la distancia de tantos años pasados, sigo teniendo el recuerdo de aquel grupo como el de un precioso rebaño de jóvenes ovejas, (como dice el dicho popular: cada oveja con su pareja) una borrosa copia del mundo de los adultos, el mundo al que yo no quería pertenecer, pero al que me estaba abocando sin poder evitarlo.
Aquel flirt intrascendente con Javier, por usar una palabra muy de moda en la dorada de los cincuenta, comenzó un día de calor en que, después del baño ritual en la playa, la comida familiar y la siesta, nos encontramos todos en el sitio de costumbre. Aquella tarde y por una vez conseguimos ponernos de acuerdo para ir a merendar juntos y escogimos un pequeño restaurante llamado Las cinco Alas y que estaba a un par de kilómetros del pueblo, a pie de carretera. Poco a poco fuimos repartiéndonos en los medios disponibles de locomoción que teníamos: motocicletas, motos y coches. Los que no encontraron sitio fueron andando, aunque no de muy buena gana. En aquel grupito de pequeños burgueses las excursiones no se hacían para hace ejercicio, sino simplemente para llenar el tiempo como fuese.
Javier no vino hasta que ya estábamos merendando. Yo le añoraba y me sentía melancólica, de repente escuché una voz agradable dirigiéndose a mi: Estas muy triste, Gloria. – Me giré y al ver que era Javier, me alegré, me di cuenta de que a su lado me sentía protegida. Nos sentamos juntos en una mesa al aire libre. No fue la casualidad, porque en realidad ya se había encargado él de encontrar sitio a mi lado y recuerdo que enfrente de mí se sentó Marita Soler. Aunque aún no he hablado de ella, debo hacerlo porque aquella muchacha de 14 años fue mi ídolo durante mucho tiempo. Era una chica preciosa: esbelta y elegante, tenía grandes ojos rasgados, que destacaban como dos caramelos de miel en su cara fina y ovalada, pómulos altos y muy marcados, nariz recta y labios sensuales. Su cabello rubio caía lacio y brillante casi hasta la cintura. (en realidad su pelo no era rubio sino oxigenado, pero ella mantenía firmemente que aquel era su color natural).
Marita no solo se convirtió en mi ídolo porque era bonita, tenía también gran personalidad, más adelante descubrí que mi ídolo tenía los pies de barro. A mitad de la merienda, pan con tomate y jamón acompañada de abundante sangría, (en aquella época no había restricciones de bebidas alcohólicas para menores), Marita exclamó en voz alta mirándome: Gloría ¿qué te pasa? de repente te has quedado pálida como si vieras un fantasma. Enrojecí hasta las orejas. Las causas de mi palidez era el contacto de la mano de Javier en la mía debajo de la mesa “. ¡Cómo en las películas!”-pensé desconcertada. Aquello insinuaba muchas cosas desconocidas que me asustaban un poco… pero me gustaba el contacto de su mano y no porque fuese precisamente Javier su propietario, había otros chicos en el grupo por los cuales me sentía más atraída, pero Javier había sido el primero, los sueños románticos se quedaban atrás y ahora me enfrentaba a un universo de sensaciones, deseos, dudas y emociones reales que hasta el momento solo había imaginado, presentido y deseado. Probablemente para Javier aquel contacto no significaba demasiado, pero yo me sentía extraordinariamente feliz. Había cruzado una frontera. A la vuelta regresamos a casa cogidos de la mano.
Durante los días que siguieron Javier intentó cada vez más audacias, pero todo lo que consiguió fue besarme en las mejillas muchas veces y aunque yo encontraba aquello delicioso, según mis propias palabras escritas en mi diario, nunca le correspondí. La timidez me convirtió en una especie de estatua de hielo, una muñeca inerte, que se dejaba besar en los rincones oscuros pero incapaz de besarle a él, aunque él me lo pedía constantemente. No podía hacer nada para corresponderle ni tampoco para rechazarle Recuerdo especialmente una noche: Volvíamos hacia nuestras casas después de presenciar un partido de baloncesto. Las calles estaban oscuras y vacías de gente. Javier intentó una vez más besarme en los labios. Me sentía desconcertada: ¿Qué debía hacer? ¿Qué podía hacer? Sentía su boca próxima a la mía. Al fin reaccioné. – Eso no está bien – le grité repitiendo las palabras que mis padres me habían aconsejado decir en una situación parecida, pero quizás Javier no me gustase lo suficiente y simplemente yo las utilicé como excusa.
Excepcionalmente aquella fue una semana muy activa: Excursiones, chocolatadas, bailes, partidos de baloncesto… la última de aquellas actividades fue un romántico paseo hacia la punta de los espigones de la playa. Javier y yo fuimos acompañados de otra pareja y nos estiramos sobre las rocas guardado las debidas distancias para poder estar en intimidad. El mar se oía a nuestros pies, el cielo todavía azul comenzaba a estrellarse, al cabo de un rato tuve que poner freno a Javier porque se emocionaba demasiado. Entonces me senté en las rocas despeinada y jadeante y él rodeándome un hombro con su brazo me dijo al fin – Te quiero y tu ¿me quieres? – No respondí enseguida, estaba demasiado orgullosa de escuchar por primera vez la declaración anhelada pero tampoco podía responderle, Javier me gustaba, pero yo no le quería. Me daba cuenta de que había dejado llegar las cosas hasta ahí porque quería conocer el efecto de una declaración de amor. No contesté nada. No podía mentirle. Pero Javier insistió tanto que el acompañante de mi amiga nos gritó desde donde se encontraban: Dile que si mujer, a ver si se calla de una vez.
Cuando regresamos había oscurecido completamente. En el paseo nos separamos mi amiga y yo de nuestros acompañantes y fuimos por otro camino para que el grupo no nos viera llegar juntos.
Aquella noche unos comediantes hacían juegos de manos en el parque y todo el grupo acudió a verlos. Javier parecía enfadado y yo, molesta, pasé por su lado como si no existiera, al ver mi actitud me pidió perdón y yo le contesté que no sabía porque tenía que pedírmelo. Mi indiferencia debió dolerle, pero yo entonces no lo comprendí.
Javier, que evidentemente sólo se sentí atraído por mi físico se desanimaba día a día al no poder conseguir una respuesta a sus deseos. Cuando unas semanas más tarde me fui del pueblo, la separación fue un alivio para los dos. Me di cuenta de ello a consecuencia de una pequeña anécdota.
Mis padres pospusieron la fecha del viaje un par de días. Cuando se lo comuniqué a Javier esperaba una reacción de alegría, pero en lugar de ello pude leer en su cara la contrariedad: él deseaba que me fuese, aquella verdad se reflejaba claramente en sus esfuerzos por disimularlo. Me sentí herida.
El día de mi partida me levante sobresaltada. Encontré al grupo sentado en las escaleras de la misma casa donde los había conocido. Uno de ellos, Noli, tocaba la guitarra y le pedí que lo hiciera para mí, después me despedí de todo el mundo y Javier y otros amigos me acompañaron hasta casa, nos intercambiamos direcciones y cuando se marcharon me puse a llorar. No dejé de llorar hasta llegar a Barcelona, pero no lo hacía por Javier, paralelamente había aparecido una pieza importante en mi recién estrenada vida sentimental, aquel muchacho completamente opuesto: tímido, callado, siempre con una guitarra a cuestas, un adolescente muy atractivo, o al menos a mí así me lo parecía, con una deslumbrante sonrisa blanca de artista de cine que resaltaba sobre su piel bronceada. Me dio unas cuantas lecciones de guitarra en la playa, de hecho, a él le debo todo lo que, con ese instrumento, creo que yo también le gustaba, pero no se atrevió decírmelo, si Noli i hubiese sido menos tímido, mi primer romance hubiera podido convertirse en algo mucho más importante.

Después de pasar un mes en Calditas regresamos a Alp, el pequeño pueblecito de los Pirineos. Aquella fue la segunda etapa del verano de 1957 y me divertí tanto como en la playa. Armé una revolución parecida entre el elemento masculino del pequeño grupo de veraneantes y los chicos lucharon tenazmente para vencer la oposición de las chicas que no querían que entrase a formar parte de la pandilla. Una noche ocurrió algo muy similar a lo que me había ocurrido en Caldetas. Los chicos del grupo que habían ganado el campeonato de la Cerdaña de Jockey sobre patines fueron a pedirles a mis padres que me dejaran ir con ellos a celebrar el triunfo. Así entre en el grupo.
La noche de la celebración fuimos todos juntos llevando dulces y seis botellas de champaña a uno de los muchos prados que rodeaban el pueblo. Bebimos el vino espumoso en la copa que habían ganado en la competición y otra vez fui la máxima atracción de todos.
Yo era tan feliz como puede sentirse una adolescente a los 14 años halagada y admirada — A todo el mundo llamaba la atención aquella chica de rostro precioso, –escribí en mi diario – vestida con unos téjanos y rodeada de chicos por el Norte, Sur, este y Oeste. Esa era yo. Y no soy fantasiosa me limito a explicar la verdad ¿Qué soy engreída? Y quien no lo sería. Aun podría serlo mucho más. Ya no puedo aspirar más en esta vida. Lo tengo todo.
Aquello que yo sentía celebrando el triunfo de un campeonato de jockey ganado por unos adolescentes debía de ser la felicidad. Siempre he oído decir que esta consiste solo en momentos felices. Aquel momento para mí era eterno y es por eso por lo que mi felicidad era completa. El tiempo no existió para mí aquella noche Me pregunto si una parte de mí seguirá todavía ahí, quieta en aquel prado, bajo las estrellas, con una sonrisa en los labios y los ojos brillantes. Y otro muchacho se enamoró de mí. Se llamaba Talo y era rubio de ojos creo que negros, aunque no recuerdo bien el color, pero sí que, aunque no era muy alto era fuerte y deportista.
Todo comenzó en una fiesta de cumpleaños en la casa de una de las chicas del grupo, una magnifica finca señorial. Recuerdo una preciosa comedora lujosamente amueblado y una larga mesa llena de exquisitos pasteles y emparedados, donde no faltaba el vino y la tisana y no deja de seguir sorprendiéndome el hecho de que en aquellos tiempos los adolescentes tuvieran tan fácilmente acceso al alcohol como algo completamente natural incluso aprobado por los propios padres.
Se organizó un original baile, que consistía en ir pasando una escoba de una pareja a otra, quienes se quedaban con ella al finalizar el último debían pagar una prenda. La mala o buena suerte hizo que Talo y yo quedáramos finalistas. Por unanimidad el grupo decidió que como prenda él se me declarase. Me colocaron en el centro de la sala sentada en un gran sillón, apagaron algunas luces dejando la sala en la penumbra y pusieron un disco romántico, entonces él se puso de rodillas delante de mí y dijo muy serio: Gloria te quiero mucho, te quiero tanto como la trucha al trucho. Todos se desternillaron de risa, pero aquello fue el principio de la historia.
El motivo fue un simple estirón de pelo a causa de una bofetada que yo le di y otra que él me devolvió. Después de la supuesta declaración, cada vez que bailando yo me acercaba a donde Talo se encontraba él me estiraba del pelo. Al principio la cosa no tuvo mayor importancia y lo tomé como una broma, incluso me reí, pero los tirones llegaron a ser tantos que me harté y haciendo gala de mi temperamento le di el bofetón que le dejó los cinco dedos marcados. Talo se quedó frío y sin pensarlo dos veces me la devolvió la bofetada, entonces fui yo la que me quede helada, tenía la firme creencia basada en el machismo de la época que a la mujer se le pueden permitir algunas cosas que al hombre no le están permitidas.: ¿Te gustaría que a tu hermana le hiciesen esto? – le dije y después abandoné la habitación llorando. Dos chicas del grupo me acompañaron camino hacia mi casa y me advirtieron que no por el hecho de ser bonita debía de actuar de un modo tan irreflexivo pero que aún estaba a tiempo de cambiar… todavía me estoy preguntando qué es lo que me querían decir.
Cuando me dejaron a la mitad del camino me sentía tan humillada que creí que los cielos y la tierra se venían abajo, deambulé llorando como una histérica por las calles vacías y oscuras, pensaba que todos se estaban burlando de mí y quizás no estaba equivocada del todo, yo era tan engreída y vanidosa que mi actitud deba ciertamente despertar no solo muchas envidias sino también muchas burlas. Antes se habían reído de mí porque era gorda y ahora se reían de mí porque era una presumida, pero la realidad es que siempre se reían de mí. Llegué al hotel completamente abatida y les di un tremendo disgusto a mis padres al ver el estado en que me encontraba. No recuerdo que me dijeron, pero me parece que no sabían que decirme.
A partir de aquel día me recogí el cabello y fui a todas partes con la cara muy seria, a Talo ni siquiera lo miraba evitando por supuesto dirigirle la palabra hasta que no se decidiera a pedirme perdón, porque creo que eso fue lo que me aconsejaron mis padres. Tras varias tentativas en las que yo simulaba no verle siquiera, Talo me increpó en plena calle: Gloria, he de hablar contigo: Comprendiendo que ya no podía evitarle mes le conteste muy seria: ¿Qué es lo que quieres? – El grupo se apartó discretamente comprendiendo que estaban de más. Reconozco que lo que hice estuvo mal y te pido perdón, sin embargo, reconoce tú también que no por estirar del pelo se pega un bofetón a alguien y por tanto tú también obraste mal. – Y yo contesté entonces: Mira Talo, si tu no me hubieras molestado constantemente nada hubiera ocurrido. En cuanto a perdonarte lo hice enseguida porque vi que no te dabas cuenta de lo que hacías. Perdonado está, pero no olvidado. Comprende que una cosa tan desagradable no puede olvidarse fácilmente. ¿Ah no? – Pregunto extrañado-. No– seguí rotundamente – Y depende de tu conducta de hora en adelante si llegare a olvidarlo alguna vez. Entonces Talo me tendió la mano y me dijo – ¿amigos? Yo sonreí un poco y se la estreché a mi vez: Amigos. – contesté.
Las paces ya estaban hechas, después de aquello nos sinceramos los dos y a partir de entonces comencé a verle bajo un prisma distinto. Me enamoré de repente probablemente no de él, sino de su bofetada. Aquello era significativo, dejaba entrever una vena masoquista importante, matizada con una fuerte inclinación hacia los hombres conflictivos. Comencé a imaginarle como un héroe de películas, duro e interesante. En resumen, había leído muchas novelas y deseaba de todo corazón comenzar a vivirlas.
Durante unas semanas fuimos inseparables.

Una noche en una fiesta en la ciudad vecina, a orillas del lago, bailé con él todos los bailes fuertemente enlazados. Apoyada en su mejilla, sus cabellos rubios rozando mis cabellos rubios, fui completamente feliz. Recuerdo que eran ya las 3 de la madrugada y aunque la pandilla nos llamaban para irnos nosotros no oíamos ni veíamos nada, seguíamos bailando y mirándonos a los ojos hasta que cesó la música y nos dimos cuenta de que el baile se había acabado. Tuvimos que correr para alcanzarles porque ya habían puesto el coche en marcha.
La vuelta fue emocionante, nuestros brazos estaban juntos, y poco a poco su mano fue deslizándose, buscando la mía que le salí al encuentro, en la intimidad del interior del coche se enlazaron firmes como si toda la vida hubiesen estado buscándose para encontrarse. Luego sus dedos acariciaron los míos dulcemente y ambos nos recostamos sobre el asiento si hablar. No dijimos nada durante todo el viaje. Si hubiésemos estado solos algo muy hermoso hubiera sucedido, algo que ocurrió muchas veces con Javier sin que tuviese demasiada importancia, pero con Talo hubiera sido algo muy distinto porque yo estaba enamorada de él y nunca lo estuve de Javier. De repente se encendieron las luces del coche nos separamos y nos miramos… ¡que ojos más bonitos tenía y como brillaban! Se apagaron de nuevo y nuestras manos volvieron unirse.
Ahí acabó todo, la relación entre Talo y yo no trascendió, pero el contacto de su mano en la mía fue algo tan excitante, tan lleno de veladas intuiciones que despertó en mi un fuerte deseo de encontrar a alguien que no desapareciese de mi lado y se quedase conmigo para siempre. Alguien como él. La experiencia fue muy diferente a la vivida con Javier, con Talo se había establecido una química extraña entre los dos, la misma que ya había empezado a experimentar con Noli, el chico de la guitarra en la playa. Era un sentimiento oscuro nacido de unas tendencias que me perturbaban, la violencia de una bofetada hacía que hiciera que yo me sintiera entregada a él. Jamás había experimentado algo parecido, pero estoy segura de que si Talo hubiese intentado besarme en la boca yo no le habría rechazado. Ningún consejo de mis padres hubiese sido más fuerte que aquella fuerza que me atraía hacia él. Pero las circunstancias nos separaron enseguida y aquel romance apenas esbozado desapareció en el aire.
El principal objetivo de mi vida fue vivir de nuevo aquella emoción recién descubierta. Aquella experiencia fue el comienzo de todo lo que siguió después: una larga serie de repeticiones, todas encuadradas por el mismo patrón: _ Hombres conflictitos, irascibles e inteligentes, y a la vez dulces, tímidos e inseguros. Aunque nunca llegue a conocerle probablemente Talo debía ser así porque eso fue lo que me comunicó cuando su misma mano me abofeteó primero para acariciarme después.
Del invierno siguiente recuerdo pocas cosas a excepción de lo más importante: ya no era feliz, deseaba algo que ni yo misma podía entender porque ni siquiera yo sabía lo que era. Estaba cambiando, no cabía duda. Perdí en parte la alegría de vivir. Comencé a estar cada día pendiente del teléfono, esperando impaciente y angustiada una llamada que me asegurase una reunión de amigos el fin de semana Si llegaba el sábado y aún no había llamado nadie comenzaba una serie de desenfrenadas llamadas telefónicas para saber qué hacía el grupo, porque me aterraba quedarme en casa el domingo. Se acabaron mis alegres paseos por la Diagonal en los cuales me bastaba cosechar miradas y piropos a mi paso. Fue un invierno gris después de un verano luminoso. Un invierno de completa confusión.
Después de haber iniciado una serie de estudios diversos: música, dibujo, idiomas me daba cuenta de que lo que en realidad necesitaba era volver al colegio, todos mis amigos seguían estudiando y yo me sentía sola y diferente y ser diferente a los demás en la adolescencia puede torturarte mucho. Aunque madre se inclinaba por la idea de que lo hiciese y yo lo estaba deseando no quise volver, me imaginaba que si lo hacia todos mis compañeros se reirían de mi porque iba dos cursos atrasada y preferí continuar mis estudios en casa con una profesora particular. Me equivoqué y no conseguí terminar el bachillerato, especialmente por la asignatura de Matemáticas que suspendía sistemáticamente, en cambio me gustaba mucho la Historia, me fascinaba saber cómo había vivido la gente antes que yo. Aquel interés innato por el pasado quedo latente en mí y supongo que fue la simiente que me impulsó muchos años después a escribir una novela histórica. Pero la frustración de no haber acabado algo que debía terminar me persiguió siempre hasta el punto de que muchos años después me apunté a unos cursos de estudios para mayores y conseguí al fin el título de bachiller, que por cierto nunca necesité para nada.
En realidad, lo más relevante de aquel período de mi vida es que después aquellas dos efímeras relaciones de verano yo me sentía sola. Al no tener a nadie a quien comunicar aquellos sentimientos que me confundían me refugié en mí misma y todo lo volqué mi diario que seguía fielmente casi cada día y que aún conservo porque la idea de desprenderme de él equivaldría a tirar mi propia vida al cubo de la basura. Allí está escrito mi verdadero yo, todo lo que no me atrevía a confesar a nadie, mis inseguridades mis complejos y mis frustraciones. A veces me cruzaba el pensamiento de si me estaba volviendo loca y me lamentaba así en sus paginas
Estoy terriblemente triste, esta tarde creo que me he sentido más horriblemente sola que nunca ¿cuál es el objetivo de mi vida? ¿Por qué estoy yo en el mundo y por qué siento este horrible vacío en mi alma y esta tristeza infinita? Cuando miro al cielo siento que las lágrimas me saltan de los ojos y la música me estremece hasta lo más hondo. ¿Es que soy una muchacha extraña? Ahora necesitaría llorar sobre el hombro de alguien ¿pero de quién? Mi madre creería que estoy histérica y papá no está ahora aquí. Papa, mi querido papá… si supiera cuanto le quiero, él es mi vida, mi amor, mi alma y le adoro. Si algún día me faltase me moriría Me parece estar abandonada por todo el mundo. No comprendía si aquello era normal a mi edad o yo era una muchacha extraña y como mi madre era incapaz de entender mis cambios y mis inseguridades, mi padre se consolidó como mi ídolo porque yo sabía que aun sin hablarle me entendía. Él poseía este punto de sensibilidad que se ha dado en llamar femenina y que yo creo es patrimonio de todo ser humano sin importar el sexo. Un par de años antes le había comentado a mi madre con una sonrisa: Pronto veremos a Gloria mirando lánguidamente al cielo suspirando y soñando tras los cristales de la ventana…

Creo que fue en aquella época cuando fui a ver una película que me impacto mucho: “los vikingos”, la vi varias veces y me enamoré de los dos protagonistas, Tony Curtis y Kirk Douglas, ambos muy distintos entre sí, – Si yo hubiera nacido en aquellos tiempos- escribía– me hubieran llamado la vikinga salvaje. Me hubiese dedicado a la piratería y con la espada en la mano me lanzaría al abordaje de las naves normandas, con los rubios cabellos largos y suelitos y grandes medallones colgados de mi cuello con gruesas cadenas. Tengo espíritu aventurero. Pero también me hubiese gustado nacer en el oeste e ir errante de rancho en rancho con una guitarra a mis espaldas y domar potros salvajes o ser nativa de una isla tropical llena de pájaros y flores de vivos colores. A menudo sueño con todo ello y casi siempre mis sueños se reducen a esto: Flores, estrellas, el sol, una guitarra, el mar y la luna… Adoro la naturaleza. Es el mayor tesoro que dios nos dio, también la juventud y la belleza tanto de espíritu como de rostro… Me gusta hablar de cosas buenas y bellas, es como una elevación espiritual, la purificación del alma la vida es hermosa, solo los hombres la hacen parecer fea, si no fuera por esa humanidad mezquina la vida sería un paraíso de belleza y bondad –
Y así era, tal y como mi padre había predicho soñaba mucho despierta y si ahora intento analizar estos sueños y traducirlos podrían reducirse al deseo de un rompimiento con la rutina y la renuncia al lastre del pasado.
Creo que puedo sentirme satisfecha porque, prescindiendo del concepto éxitos o fracasos, eso es exactamente lo que he conseguido vivir. O sea, convertir mis sueños en realidad. (No he podido evitar el comentario).
Seguía escribiendo mi novela, pero le cambié el título “Las naves cubiertas” pasó a ser “Las ventanas iluminadas del Distrito Norte”. Este último tenía más relación con el argumento ya que la protagonista vivía detrás de una de aquellas ventanas. Aunque era una historia bastante melodramática y estaba mal escrita, tenía cierto mérito porque en ella exponía objetivamente la diferencia de clases y de ideologías de varias personas enfrentadas entre sí, o sea: los buenos no eran ganadores ni los malos perdedores, lo cual es un detalle bastante asombroso en una escritora de solo 15 años. Además, me adentraba en temas muy escabrosos, como el aborto, la droga y el suicidio, la prostitución y el sexo… A veces me pregunto cómo podía imaginar todas las cosas sin haberlas conocido ni siquiera de oídas en una España reprimida por la iglesia y anulada por un gobierno donde todos éramos tratados como si fuésemos menores de edad. Indudablemente las intuía. Terminé la novela con muchas interrupciones y entonces escribí – La vida a pesar del asco que la gente me da, me parece maravillosa, siempre he aborrecido las novelas oscuras y dramáticas, pero no sé lo que me pasa que siento la necesidad de escribir así. Cuando quiero describir una escena escabrosa tengo que romperme la cabeza para imaginarla porque a mí nunca me ha sucedido nada verdaderamente malo, pero tengo necesita de escribir cosas escabrosas, hasta sucias, he de hacerlo porque creo que es más emocionante, pero a lo mejor resultan mucho más inocentes de los que pienso, aunque a mí me parece una novela triste y cruda.
Aquel también fue el primer año que me puse zapatos de tacón alto y falda estrecha. Esto era algo así como una investidura porque significaba pasar de la frontera de la niñez a la adolescencia.

No quería crecer, pero por otro lado me atraían enormemente algunos de los aspectos del mundo de los mayores, por ejemplo, el amor de pareja. Vivía en una gran contradicción, porque deseaba conservarme inocente y virginal pero mi cuerpo tenía sus propias necesidades que demandaba urgentemente. Tardé muchos años en comprender que ambas tendencias deben vivir en armonía porque esa es la auténtica clave de la felicidad. La eterna lucha entre el cuerpo y el alma. Una batalla que no puede tener vencedores ni vencidos.
Recuerdo muy bien lo que sentí en una fiesta, que así era como llamábamos entonces a las reuniones en casa de amigos. Mientras bailábamos me deje besar y abrazar por un muchacho desconocido. Aunque yo era consciente de que obraba mal porque aquello no entraba en las normas que la sociedad y la religión que me habían enseñado, pero me enloquecía el contacto de sus manos, de sus brazos, de su rostro, de sus caderas y sus piernas sobre los míos, no podía rechazarle. Mi diario se llenó de páginas y más paginas comentando y lamentando lo ocurrido, solo me sentí aliviada sabiendo que no volvería a verle. Pero aquellos pequeños desahogos prohibidos no eran suficientes porque el deseo sexual, veladamente reconocido y traducido como amor, no me dejaba un momento de reposo.
Y también aprendí que una cara bonita no bastaba para mantener una relación. Hacía falta algo más. Pero ¿en qué consistía ese algo más? Poco a poco lo fui descubriendo: simpatía, gracia, ingenio, personalidad… Comprendí que no era suficiente entrar en una habitación y ser el centro de todas las miradas, lo importante era conservar aquella atención durante todo el tiempo que se permanecía allí y también después. No era fácil, pero yo tenía interés en aprender y aprendí.
Por aquel entonces fue cuando compuse mi primera canción al piano, incluso escribí la letra. No llegué a terminarla o al menos no lo recuerdo.
Comenzaba así: ¿Recuerdas tu cuando me viniste a buscar y besaste mis ojos? No lo podré olvidar. ¿Recuerdas tus aquellos besos al amanecer?…y después escribía en mi diario emocionada: Viviré para la música, tocaré jazz, mucho jazz y melodías románticas y compondré muchas canciones…
Recordar esto me emociona porque me doy cuenta de que mi alma de compositora estaba latente en mí, aunque no la desarrollé hasta muchos años después, todas aquellas composiciones que luego surgieron sólo han estado esperando en convertirse en notas musicales, pero en realidad ya existían hace mucho tiempo.

También me enamoraba platónicamente de cada actor de cine que me gustaba, cada semana me compraba todas las revistas rosas dedicadas a las jovencitas y las devoraba, después arrancaba las páginas con las fotografías de mis ídolos y empapelaba las paredes de mi habitación. Leía y escribía novelas en las cuales aparecían muchachas de mi edad a quienes les ocurría todo lo que a mí me hubiese gustado que me ocurriera. En ciertos aspectos yo debía ser una adolescente bastante típica, soñadora e ingenua, con grandes deseos de mejorar a la humanidad y una gran decepción al ir descubriendo poco a poco que el mundo solía construirse sobre una serie de mentiras camufladas. Esto me hacía replegarme más y más en mí misma y huir de la idea de ser mayor para a formar parte de aquel mundo de hipócritas que me repugnaba. Por otro lado, acababa de descubrir mi propia yo y verlo tan débil y vulnerable me asustaba:
Soy tan estúpida. A veces me cogen complejos y me quedo sentada entre todos sin hablar…que vieja me encuentro, veo a chicas más jóvenes que yo que se desenvuelven mejor. Nunca he sido tan sincera en un diario, pero ahora lo digo sin rodeos. Soy una chica guapa y tonta de remate creía que ya me había curado algo, pero veo que no del todo, aun se burlan de mí y yo sería tan feliz si pudiera tratarlos a todos con el cariño que siento en mi corazón. La gente me juzga mal, no soy superficial, al contrario, soy demasiado profunda en mis sentimientos. Las pequeñas alegrías y penas son para mí muy grandes. No sé cuántos fracasos me ocurrirán a mí en la vida con este carácter que llevo a cuestas. Mis padres son la gente más buena del mundo y no son nada hipócritas, pero me mimaron demasiado y he llegado a mi edad sin la menor picardía, soy demasiado inocente y a veces me toman el pelo… Dios santo porque la gente buena, ha de ser tan desgraciada… temo fama de boba, de niña engreída, que solo piensa en su cara perfecta, pero soy mucho más espiritual que ellos y tampoco creo tener la cara perfecta como dicen algunos. Estoy amargada. Soy alegre, divertida y simpática, lo sé, pero en el fondo de mi alma estoy profundamente amargada siempre.
Supongo que fue por a aquella fecha mi padre cayó enfermo, era la primera vez que yo le veía en cama, y esto creaba una situación extraña en la casa, algo así como un desamparo. Su enfermedad se prolongó varias semanas. Mi madre y yo íbamos y veníamos nerviosas y confusas, tenía poca fiebre, pero era continua y nos preocupaba, especialmente porque los médicos no encontraban la causa. Siempre asociaré su enfermedad con una cantante que ya había sido famosa en París antes de ponerse de moda en España- Un parque de atracciones había plantado su tenderete en la plaza enfrente de casa y escuchábamos su voz de clarísima dicción, pero extremadamente potente casi ininterrumpidamente ocho horas día a través de los cristales de las ventanas. Se llamaba Gloria Lasso y cantaba en francés y en español, eran melodías pegadizas y de gusto dudoso. Llegué a aborrecer todas sus canciones.
En vista de que la medicina convencional no parecía aportar ninguna solución, mi madre se decidió a llamar a una anciana mujer que había sido nuestra sirvienta y tenía fama de curandera. En cuanto ella le vio nos ordenó aplicarle cataplasmas calientes en el estómago y al día siguiente mi padre despertó con la piel cubierta por un salpullido. Resultó que tenía una enfermedad característica en los niños, una forma benigna de sarampión y la preocupación se convirtió en una anécdota divertida.
A los quince años a mí me gustaba hablar sobre mis sentimientos y confiaba en la gente sin molestarme en estudiar si mi confidente era digno de confianza. Comencé a tener algunas experiencias negativas y pequeños desengaños que me parecieron entonces muy grandes pero que no me sirvieron para corregirme. Mi capacidad de olvido siempre fue equiparable a mis deseos de comunicación, aunque eso no me evitaba un periodo de depresión y desánimo. Mis padres sufrían por mi forma de ser especialmente mi padre. Solía decirme que él en su juventud era como yo y que eso le preocupaba. Yo creo que mi padre solo quería evitarme todas las malas experiencias que él había vívido. Mi padre era bueno e inteligente pero no sabía ser objetivo. Nadie es igual a nadie y a nadie le afectan por igual las mismas cosas. Yo necesitaba comunicarme, no podía ahogar en mi aquella necesidad vital de abrir mi corazón. Volverme más selectiva era solo una cuestión de propia experiencia y la experiencia nunca puede ser comunicada por los demás ni aun por mi propio padre. Pero entonces yo no sabía esto e intentaba controlar mis impulsos, hasta el día que me di cuenta de que era más feliz comunicándome sin importar cuales fueran las consecuencias, que reprimiéndome. Mi padre siempre me protegió de todos y contra todos sin darse cuenta de que cuando más protegida me sentía, más inclinada estaba a obrar del modo contrario, quería hacer valer mi propio yo del cual acababa de ser consciente, un efecto de rebeldía característico de la adolescencia. Pero lo cierto es que desde que nací mi conducta fue una constante preocupación para mi padre. Yo no he sido capaz de actuar del mismo modo con mi hija, no he podido sacrificar toda mi existencia por ella y considerar sus problemas más importantes que los míos hasta el punto de hacerlos propios, pero no me arrepiento porque tampoco así la he cargado con un peso tan fuerte con el que yo tuve que arrastrar, un lastre demasiado pesado de arrepentimientos y remordimientos. Quizás en realidad mi padre solo podía ser feliz así, preocupándose y sufriendo por otros, quizás quería intentar inconscientemente suplir en mis todas las carencias de afecto que él había sufrido en su infancia, dar lo que nunca pudo recibir, ya que nunca conoció a su madre y su padre murió siendo todavía adolescente, quizás era la única forma de compensar lo poco que él había recibido de los demás. Ahora le comprendo, pero eso es algo que solo puede entenderse con el tiempo.
Intenté que el verano de mis quince años fuese una repetición del verano de los catorce sin conseguirlo. Aquel había sido un periodo brillante y este fue un verano oscuro. Yo había vuelto a engordar bastante, mi cara era bonita pero mi cuerpo me acomplejaba terriblemente. Volvimos a Calderas y allí conocí a un muchacho de ascendencia alemana cuya imagen siempre estará asociada a su pequeño velomotor de color verde. Nuestro primer encuentro fue de tal impacto para los dos que yo ya no pude pensar en nada más hasta que volví a verle y él recorrió a lomos de su motocicleta los 50 km que separaban Montornés del Valles, donde veraneaba, hasta Caldetas solo para verme, toda una proeza. Fue un flechazo de muy poca duración, todo se vino abajo el día que él me prestó su moto y yo a mi vez se la presté a otro chico sin su permiso, el enfado que la causó y la angustia de la espera de su devolución fue de tal calibre que pudo más que ningún otro sentimiento y ya no volví a verlo más que muy esporádicamente. Peter dejó una huella de profunda melancolía en mi corazón adolescente, le recordé durante mucho tiempo, atormentándome, idealizándole como el amor imposible que nunca pudo ser. Mi inclinación hacia los chicos extranjeros fue una pauta durante toda mi vida.
Aquel verano conocí también a otro muchacho que se enamoró profundamente de mi nada más verme y al que yo no pude corresponder. Se llama Sepi Blavia era inteligente, rico y tampoco era feo. Otra chica hubiese aprovechado la ocasión de asegurarse la vida en el futuro con una oportunidad semejante, pero yo tenía quince años, era soñadora e impulsiva y lo despedí sin contemplaciones para poder darme la ocasión de vivir las aventuras que imaginaba día tras día. Puede decirse que éste fue el comienzo de la serie de oportunidades de hombres ricos que yo fui rechazando sistemáticamente a lo largo de toda mi vida ante la desesperación de mi madre.
En agosto papá decidió pasar el resto del verano en Sant Cugat. Sería la primera vez en doce años que volveríamos a ocupar nuestra casa. Asustada ante el hecho de sentirme sola le propuse a una de mis amigas del grupo que nos acompañase, tenía un año menos que yo y se llamaba Ángeles Wolf alemana, alta, rubia y de ojos muy azules era la representación viviente de la genuina Alemania y aunque no era excesivamente guapa destacaba por su físico distinto en un país mediterráneo.
Ángeles vino a España pocos años después de su nacimiento, hija de padre divorciados, su madre era una mujer muy conocida en la alta sociedad por ser amante de un hombre casado, muy rico y al parecer importante que vivía en Madrid y que mantenía a toda su familia, legal y no legal. Mis padres aceptaban a Ángeles, sin importarles lo que su madre hacia con su vida, lo cual decía mucho en su favor en una época en que la situación social de aquella mujer era considerada poco menos que un delito contra la moral y las buenas costumbres Tenia también un hermano, Hans, muy parecido a ella físicamente y que prometía ser un verdadero chulo de barrio en un futuro no lejano porque reunía en su persona tal cantidad de engreimiento que se hacía incluso difícil hablar con él, pero era guapo. Ahora recordándole creo que ya no le consideraría tan atractivo, pero igual que su hermana tenía un físico distinto a los chicos de por aquí y eso le hacía parecer interesante, hasta que abría la boca, claro.
Volviendo a aquel verano. Acabábamos de llegar al pueblo, mi amiga y yo caminábamos por la carretera camino a casa, cuando de repente vimos a un grupo de chicos en bicicleta, las dos hicimos típicos comentarios acompañados de risitas nerviosas al darnos cuenta de que nos seguían, risitas que se convirtieron en carcajadas cuando el que parecía el mayor de todos quiso hacer un farol con la bicicleta y cogiendo una curva cerrada a toda velocidad se cayó aparatosamente justo delante nuestro. Aquello rompió el hielo y empezamos a hablar con ellos y especialmente con el accidentado, un chico pelirrojo, bastante feo pero muy simpático.
Así conocí a Pascual de Osso³, que muchos años más tarde estuvo a mi lado para ayudarme en uno de los momentos más trágicos de mi vida y al que, aunque siempre aprecié, nunca llegué a conocer del todo, y de este modo tan original Ángeles y yo nos introducimos en el club de veraneantes de Sant Cugat. Al día siguiente vinieron todos a buscarnos y nos presentaron a dos de las chicas del grupo, Titina y Paloma, había unas cuantas chicas más, pero estaban pasando unos días en la playa con sus familias.
Titina era de nuestra edad, bajita y morena, compuesta y sosegada como una persona adulta, con unas ideas muy claras sobre la vida y en especial sobre el matrimonio evidentemente influenciadas por su madre, una mujer sofisticada y pizpireta, cuyas pestañas estaban siempre tan cargadas de rímel que parecían no poder soportar su peso y se desplomaban sobre sus ojos grandes y expresivos. La madre de Titina siempre comentaba que las chicas debían casarse cuanto antes mejor, y su hija, con esta idea fija en la cabeza, había puesto sus esperanzas en un amigo de su hermano llamado Juan poco agraciado y de pocas luces, pero buen partido, que era el requisito requerido para asegurarse un buen futuro. Suelo preguntarme si las chicas de mi generación estaban educadas para el matrimonio como única meta en la vida porque valían muy poco o porque eran demasiado perezosas para ganarse el sustento por sí mismas. Nunca pude averiguarlo, pero lo cierto es que las cinco mujeres del grupo escogieron pronto pareja entre los chicos más adinerados del lugar, fáciles presas que aún no habían tenido ocasión de conocer a ninguna otra mujer. Es fácil comprender que ellas y yo nunca nos entendimos.

Mercedes la mayor de todas, con sus 17 años recién cumplidos, me preguntó una vez mientras nos bronceábamos el borde de la piscina del club de golf: Así pues… si tu no piensa casarte ¿qué otra finalidad tiene tu vida? ¿Qué harás el día de mañana? – Aquello más que una pregunta fue una exclamación de terror. Yo era muy joven y no supe que responderle, ahora le hubiese dicho sencillamente: “Para mí la vida consiste en vivirla intensamente. Yo creo que el matrimonio como una etapa, pero no una finalidad, no es mi meta, primero yo debo realizarme a mí misma en muchas otras formas y cuando sepa lo que quiero y está segura de lo que puedo ofrecer y deseo que me ofrezcan, entonces podré pensar en el matrimonio y casarme si me enamoro”. Pero creo que hubiese sido inútil porque Mercedes tampoco me hubiese entendido. Ella tenía entonces muy claro que realizarse y encontrarse a sí misma solo podía hacerse por medio de un marido. Quizás fue debido a esta conversación que escribí en mi diario: Yo no quisiera crecer, me gustaría quedarme siempre en una adolescente de 16 años de largos cabellos rubios y éxito en las fiestas. Me horroriza la idea de llegar a ser mayor casarme y tener hijos es algo que me repugna, aunque parezca monstruoso.- y añadir más adelante – Ya tengo 16 años y medio, voy acercándome a la vejez. ¡Es horrible crecer sin querer! Me repugna tanto la idea de llegar a ser mayor, una chica más con ganas de atrapar marido en este mundo de marionetas. Porque si ahora doy calabazas a gusto me dicen que llegará el día que no las podré dar. Y todo por tener asegurado un plato de comida. Es por eso por lo que no quiero crecer. –
Todos estos pensamientos nacían de mi rechazo al modo de actuar de las chicas de mi generación, era evidente que en fondo yo estaba deseando encontrar el amor, pero lo que veía en las parejas de mi alrededor nada tenía que ver con él.
Años después encontré a Mercedes otra vez, hablaba como una persona distinta, sus palabras muy inteligentes no precian tener nada en común con las de aquella adolescente que yo había conocido antes. Tras quince años de matrimonio infeliz y de continuos embarazos que nunca llagaban a su fin, había tristeza en su mirada y también un profundo hastío. Se había dedicado a la enseñanza y deseaba abrir una escuela donde planeaba aplicar los más modernos métodos de pedagogía. Hablaba también de la educación que su madre les había dado a ella y a sus hermanas con resentimiento, como si se le hubiese privado de algo importante y así era, le habían privado del derecho de elegir por sí misma. Mercedes ya solo quería ofrecer a los demás lo que a ella le habían negado. Me pregunto cuántas Mercedes habrá en el mundo como ella.
En octubre del 1956 se emitió en España el primer programa de televisión española, mis padres tardaron dos años en comprase un televisor y aquel verano una de nuestras mayores diversiones del grupo era reunirnos en casa de los amigos que tenían la suerte de tener uno de aquello extraordinarios aparatos para ver algunos de los programas que ofrecía su único canal. Aquello daba pie a meriendas, bailes y tertulias. No podré olvidar nunca una de las anécdotas de aquella primitiva e ingenua televisión de la época:
Estábamos viendo una obra de teatro y los dos protagonistas principales, un hombre y una mujer representaban ante las cámaras y en directo una apasionada escena de amor, en un momento dado, la mala suerte hizo que el micrófono que colgaba invisible sobre sus cabezas pendiente de un cable cayera encima de los dos justo en el momento en que se iban a dar un apasionado beso, los actores debían de ser excelentes porque permanecieron inmutables a pesar del dolor que evidentemente debían sentir, porque no creo que aquellos micrófonos de antes pesaran poco, pero la audiencia se desternilló de risa.
De aquel verano recuerdo también, aunque vagamente, la imagen de un amigo diferente. Se llamaba José Miguel Rosales y todos le tratábamos con un especial respeto como si estuviese en un plano superior al nuestro. Inteligente y bien parecido, alto, delgado, de ademanes y voz suaves, siempre sonreía, especialmente con los ojos que eran muy claros y siempre tenía una palabra amable para todos. A veces me daba la sensación de que estaba por encima del bien y del mal, hasta llegué a pensar que era quizás demasiado perfecto para vivir en este mundo, pero a pesar de ello le rechacé, el éxito se me había subido de tal modo a la cabeza que me impidió llegar a valorarle como se merecía. Era un hombre perfecto, en todos los sentidos, pero lo dejé pasar y no lo retuve
. Me pregunto ahora si yo quería ser feliz a pesar de desearlo tan intensamente, o simplemente quería vivir… lo cierto es que, aunque no soportaba el sufrimiento a veces tampoco parecía soportar la felicidad porque la rechazaba sistemáticamente cuando estaba al alcance de mi mano. Aunque quizás la felicidad, como dijo no recuerdo quien, es simplemente un estado de ánimo y yo no podía yo encontrarla en nadie, debía buscarla en mí misma. Supongo que inconscientemente era eso lo que estaba haciendo, aunque no lo entendía

José Miguel murió pocos meses después de haberlo conocido, en una operación a causa de una úlcera de estómago. Solo tenía 20 años. Todos nos quedamos anonadados, fue la primera vez que tuve un contacto directo con la muerte, es decir que me di cuenta de lo que la muerte significa. Hasta entonces la había asociado con la vaga idea de llantos, entierros, coronas de flores, cementerios y ropas negras, pero aquel día sentí en mi propia piel la sensación de cómo me era arrancado un ser querido de una manera brutal y cruel, alguien con el cual había compartido momentos de mi vida despreocupada, un ser lleno de juventud y de deseos de vivir que aún tenía que aportar muchas cosas a los demás y a sí mismo. Aquello me hizo reflexionar y aunque quizás aún era demasiado pronto para formularme preguntas sin respuesta, ya que mi religión aprendida en el colegio encontraba soluciones para todo, una sombra de duda comenzó a proyectarse en mis infantiles convicciones: ¿Cómo un Dios tan justo podía arrebatarnos de aquel modo sin ninguna aparente razón al mejor de todos nosotros?
José Miguel muerto en una sala de operaciones a los 20 años fue olvidado enseguida. Todos estábamos tan llenos de vida que no pudimos reflexionar sobre lo que la muerte representaba durante mucho tiempo. Comprendimos que los vivos deben vivir sin torturarse pensando en los muertos ya que eso no le devolverá a la vida. Pero yo me preguntaba cosas… Si los que seguían viviendo no debían preocuparse de los que mueren y los que mueren no podían pensar en sí mismos ya que estaban muertos ¿quién sino Dios podría pensar ellos? ¿Y si después de todo Dios no existía, en qué consistía todo al fin? ¿En una existencia sin razón, sin finalidad… vivir, sufrir, amar, gozar… ¿Para qué? ¿Por qué? Quedaba la alternativa de que la respuesta estaba en el presente, en la vida terrena, que era inútil buscar una finalidad en el Mas Allá, pero esto no me conformaba. Mis razonamientos estaban llenos de lógica, como Sócrates, me daba cuenta de que no sabía nada y precisamente al ser consciente de mi ignorancia no podía negar lo que no veía. Tenía esperanza, la necesitaba.
Mi religión del Colegio no se prolongó mucho más allá de mis 15 años, pero comencé a creer de una forma distinta y esto me ayudaba a recibir cada día una nueva mañana y noche. No me importaba si había quien dijese que aquello era un hermoso cuento que me había inventado yo misma para consolarme, a mí me bastaba, fuese cierto o no, lo era para mí.
Cuando estaba nerviosa me encerraba en mi cuarto y encendía uno de los cigarrillos de algún paquete que mi padre, gran fumador dejaba olvidado por casa, después tenía que abrir las ventanas para que no se notase el olor a humo, pero más adelante se me permitió fumar sin reserva, nadie sabía entonces que fuese una droga aditiva y aunque nunca llegué a ser una gran fumadora ya nunca pude desprenderme del hábito de fumar. Y escribía… escribía: Estoy amargada y tengo mucho odio a todo el mundo, ahora ya sé porque las adolescentes se escapan de sus casas. Si se me presentara una oportunidad creo que lo haría. Yo quiero a mis padres pero me ahogo en casa, quiero ver mundo, yo solita y libre… no quiero ser injusta y mala diciendo esto, pero cuando se tiene unos padres ya mayores que no viajan, el afán de ver mundo es irresistible.
Eloy era el hermano de Titina: alto, moreno, buen tipo, nos gustamos enseguida y salimos varias veces juntos casi siempre con su hermana y su inseparable novio, Juan. Me cansé pronto de él y no sé todavía exactamente porque, pero creo que me harté de su presencia cinematográfica como el niño que se empacha de comer dulces. Eloy era demasiado guapo, demasiado moreno, tenía los ojos demasiado bonitos y negros y un tono de voz demasiado radiofónico. Yo era una cazadora nata, me gustaba conquistar y Eloy era demasiado perfecto, el novio ideal: buen estudiante, buen hijo, buen hermano, casi perfecto en todo, encajaba como un guante dentro de todas las normas convencionales y aunque yo debería haberme sentido halagada y feliz él me aburría… nada había en su personalidad distinto o desconcertante que me hiciese vibrar y luchar para conseguirle, así pues su presencia llego a serme desagradable, y el contacto de sus manos hasta repulsivo (las manos fue todo lo que tuvimos en contacto)
Y no deja de ser algo curioso el hecho de que, aunque me había pasado todo el verano suspirando por un romance, el siguiente invierno no hice más que despreciar a un chico tras otro. Quizás el ser humano siempre se siente atraído por lo que no tiene y cuando lo posee le resulta falto de interés y yo era un ser humano inquieto que buscaba ante todo el modo de ser feliz a mi manera, lo que decían que me convenía me tenía sin cuidado. Y así seguí durante todo el resto de mi vida, fiel a mi propia manera de entenderla. A los 16 años yo seguía soñando con las estrellas… ellas eran mis amigas, mis aliadas y en una de esas estrellas, precisamente Venus por ser la más clara y brillante, yo había instalado mi paraíso particular donde me esperaba mi amor imposible, el muchacho alemán que desapareció rápidamente de mi vida el verano anterior, había idealizado su imagen precisamente por eso, porque nuestra relación nunca pudo ser…Me seguía resistiendo a pertenecer al mundo que me rodeaba y mis deseos de vivir aparte del de los demás, me impulsaron a crearme otro a mi medida.
Voy a transcribir unas notas de mi diario del año 1959 porque ellas podrán reflejar mucho mejor como me sentía a esa edad y cual era aquel mundo hecho de mis sueños y de mis ideas:
Un día me iré a mi isla y allí todo será felicidad. Dicen que a los 16 años todo son alegrías, pero yo no he sufrido jamás tanto como ahora. Tengo un carácter que ni yo misma comprendo y veo también incomprensión en la gente que me rodea. No sé lo que quiero ni porque lo quiero. No sé siquiera si estoy enamorada o no. Quisiera acabar de una vez y tener paz en mi espíritu que está lleno de ideas y sensaciones nuevas y extrañas. Ayer noche invoqué a Peter Pan para que viniera a buscarme y me lleve al país de los niños que no crecen, pero ya no debo de ser una niña porque Peter Pan no vino. Me repugna la idea de ser mayor porque el hombre no es más que una bestia con capacidad de razonar, pero la lástima es que la mayoría de las veces se olvida de ella y se comporta como una bestia. Hemos de alzar la mente sobre las cosas que nos rodean, la naturaleza es bellísima, tan solo el hombre lo ensucia, por eso sueño con estar sola en una isla desierta bañada por el sol. Soy joven y mis amigos son jóvenes como yo y los necesito, pero en el fondo de mi corazón quiero estar sola y sufro porque que no se lo quiero, porque no quiero crecer, pero crezco, porque hay cosas que no comprendo todavía y porque he perdido la confianza en todo. Cuando por desgracia sea una respetable madre de familia esto supongo que me consideraré más feliz que ahora.
Ahora que soy, no sólo madre de familia, sino abuela, (aunque aborrezco el nombre) puedo decir que no me considero más feliz. Sigo teniendo dudas e inquietudes muy parecidas a las de antes y aunque mis problemas son diferentes supongo que la raíz es la misma: Miedo al futuro; Descontento con mi modo de actuar; Inseguridad. Preguntas sin respuesta, angustia, dudas. Quizás los años me han enseñado a tomarme las cosas con más calma y desde luego hace mucho tiempo que no me refugio en una religión infantil donde Dios es un padre que todo lo puede. Sé que la única que puede ayudarse a sí misma soy yo y eso lo aprendí pronto. Mi espíritu sigue siendo el de una adolescente. No he envejecido y sé que mientras siga interesándome por la vida nunca seré vieja.
Continuando con el Diario de aquella época: en realidad soy una chica solitaria, aunque tenga muchos amigos y sé que aquí no encontraré la felicidad porque la felicidad no está es este mundo. –Me sorprende haber tenido tanta clarividencia a los 16 años porque entonces nada conocía de la vida, pero de algún modo todo lo intuía, poseía un profundo conocimiento que expresaba de un modo sencillo, propio de mi edad. En el fondo creo que ya sabía todo lo que después iría prendiendo poco a poco, pero tuve que aprenderlo de nuevo porque con los años perdí aquella mágica intuición.
Debo pasar ahora a explicar una parte importante de mi vida que sucedió también en aquel año 1957. Otro amor surgió de repente desarrollándose paralelamente a mis ensueños platónicos. En contraste éste nada tenía de platónico, pero sí era, según las teorías de mi madre, práctico y sobre todo conveniente. Fernando Valentí, hijo del joyero más importante de Barcelona se enamoró de mí. Era un muchacho de 18 años, alto y delgado, bien parecido, tenía los cabellos rizados y los ojos castaños y grandes, algo astigmáticos, vestía con elegancia y pulcritud y hablaba como un esnob sin serlo demasiado, también dominaba las ingles a la perfección, debido a sus frecuentes viajes al extranjero, cosa que en aquellos tiempos no era precisamente demasiado frecuente y como curiosidad coleccionaba hámsteres y tenía un criadero en su casa. Era lo que se podía llamar uno de los mejores partidos de la ciudad, el que toda chica burguesa sueña para marido. Aparentemente reunía todas las características y cualidades para hacer feliz a una mujer de clase media: guapo, joven, rico, inteligente, bien educado, solo existía un pequeño gran inconveniente: Fernando no me gustaba lo suficiente. Era uno de esos hechos que no tienen causa ni explicación, pero que existen. Yo reconocía que era incluso más guapo que Peter, mi amor imposible, pero había una gran diferencia entre los dos: Peter era inaccesible para mí y vivía idealizado en mi estrella soñada, en lo más alto del cielo y Fernando era real, de carne y hueso y estaba completamente a mi disposición: Me llamaba por teléfono, me escribía cartas, íbamos a fiestas, al cine a paseo… La diferencia estaba ahí. Y como Gloria tenía la cabeza a pájaros según las cabezas asentadas, rechacé lo positivo y conveniente por lo irreal y lo romántico, de hecho, esta es una premisa que he seguido durante toda mi vida.
Todo comenzó en el club de Polo. Yo no acostumbraba a ir allí con frecuencia, pero Angelines, mi mejor amiga, era socia y me invitó. (Aún no he hablado de Angelines, pero esto merece capítulo aparte.) Recuerdo que yo llevaba un vestido de terciopelo negro con una falda de gran vuelo y una ancha faja de raso rojo en la cintura, estaba convencida de llevar el modelo más precioso del mundo, especialmente porque me lo había diseñado yo misma y ceo que Fernando empezó a caerme mal cuando algunos días después de haberme conocido me confesó el impacto que yo le causé a pesar de lo horrible que le pareció el vestido que llevaba puesto. Aquel comentario me descubrió claramente que jamás podríamos entendernos, si no le gustaba mi vestido significaba que tampoco le gustaba mi creatividad o sea que tampoco le gustaba mi verdadero yo.

En el club de polo bailó conmigo casi todos los bailes, pero quizás no nos hubiéramos vuelto a ver (yo no solía dar a nadie mi número de teléfono) si no hubiésemos coincidido quince días más tarde en una fiesta de una tal Chachi donde al compás de una canción muy popular llamada Tequila, Fernando me dijo que quería volver a verme. Cuando me fui de la fiesta caminó conmigo hasta la parada del metro, me pidió muchas veces que le dejase acompañarme a mi casa en su moto, pero yo no acepté, mis padres solían repetirme que si subía al vehículo de un chico quien sabe dónde me podían llevar. No me quedaba muy claro que querían decir con eso, pero si entendía que no lo debía subirme a la moto ni al coche de nadie. No sé cómo Fernando consiguió que le diese mi teléfono, pero lo cierto es que se lo di.
Después de aquel día acostumbrábamos a vernos a menudo Él estaba realmente entusiasmado conmigo y yo solo lo soportaba porque mi madre, enterada de quien era, no hacía más que elogiar su personalidad y la gran suerte que yo había tendido al encontrarlo. La verdad es que tampoco era tan difícil soportarle ya que él estaba pendiente de mí en todos los detalles y hacía que me siéntese como una reina, pero también me sentía como un pájaro encerrado en una jaula. Yo tenía 16 años y unas ganas locas de volar: salir conocer, hacer y deshacer, soñar despierta, poco me importaba que él fuese un buen partido o sea que estuviese cargado de millones. ¿Y cómo iba a importarme si yo siempre había teñido lo que deseaba con un solo alzar la mano? Así que cuando me dijo que su padre había montado una sucursal de su tienda en Madrid y él tenía que ir a esa ciudad para hacerse cargo de ella, suspire aliviada. Eso me daba la oportunidad de volver a salir con quien quisiera y a la vez no tenía por qué dejarle tampoco, un novio a distancia no era molesto.
Fernando solía llamarme por teléfono muy a menudo desde Madrid y me escribía casi cada diariamente. El día de mi santo me envió un ramo de flores, las primeras que recibí en mi vida, y aquello me lleno de orgullo y de ternura, pero yo no estaba enamorada de él y él tampoco debía estarlo demasiado de mí porque poco a poco dejo de escribirme y de telefonearme.
Lo que ocurrió no tiene desperdicio por todas la connotaciones anecdóticas y típicas que lleva consigo, por eso voy a transcribirlo literalmente de la gran fuente de información y ayuda que representa mi diario es estas memorias:
Fernando me ha telefoneado este mediodía y me ha dicho que quería aclararme el motivo por el cual hacía tanto tiempo que no me escribía: yo me he quedado en suspense, pero ya me he imaginado lo que quería decirme y aun cuando no me importa, al contrario, estoy contenta de acabar con esto que me fastidiaba ya, hubiera preferido ser yo la que hubiese terminado con él. Es muy humillante, pero en realidad se me está bien empleado por ser tan poco noble y haberle mantenido con esperanza cuando en realidad él nada o poco me importaba. La culpa de todo ha sido de mamá. Ella me lo metió en la cabeza: que, si estaba tan bien de posición, que, si era tan simpático, que era realmente el chico que me convenía, que así podría casarme pronto y etc… Y yo tengo solo 16 años y es muy triste que a esta edad se tenga que salir con un chico por conveniencia. Nunca más le haré caso y este sentido. Saldré con un chico si mi corazón lo quiere. Soy joven y puedo soñar en el amor. Las madres a veces de tanto bien como desean a sus hijas no hacen más que perjudicarlas. Parece mentira esta estúpida obsesión de casarnos. A mí no me importaría vivir soltera, no necesito un hombre que duerma a mi lado para ser feliz. Me casaré si quiero y con un hombre que me guste y si no ser así no me casaré nunca. He dicho.
Me sorprende ahora ver lo claras que yo ya tenía mis ideas siendo tan joven y viviendo al lado de una madre que no podía llamarse de manera precisa feminista, probablemente una influencia así hubiese anulado completamente a otra mujer más débil, como mucho me temo sucedió con mi hermana, pero a pesar de que mi madre se pasó la vida diciéndome que yo era eso precisamente, débil, yo era toda lo contrario, una mujer muy fuerte y sobre todo rebelde. Quizás aquella influencia que yo consideré siempre tan nefasta fue en realidad una bendición para mí porque aumentó extraordinariamente mi fuerza
Fernando ha continuado diciéndome que prefería hablarme personalmente en lugar de escribirme una carta y que esperaba que yo no me enfadase con él. Hemos hablado durante media hora larga y lo hemos aclarado todo. Desde luego he de reconocer que es sincero y noble, mucho más que yo y creo que he ganado un amigo estupendo. Me ha confesado que se daba cuenta de que nuestra relación ni podía continuar porque él estaba viviendo en Madrid y yo en Barcelona y que además le gustaba otra chica. Yo le he contestado que pensaba decirle lo mismo también pero que no me atrevía, pero ya que él había tomado la iniciativa estaba muy contenta. También le he dicho que lo mejor hubiese sido ser siempre amigos, tal y como yo quería al principio, Me ha preguntado entonces si yo le había querido alguna vez y le he contestado que no lo sabía en realidad, que era demasiado joven para darme cuenta de lo que quería, que a mí me gustaba hablar con él porque decía cosas interesantes y era agradable pero que nunca sentí nada más profundo. que aún no había encontrado al hombre que me enamorase. Él me hablado entonces de la chica que le gusta. Dice que es bonita pero que de un tipo completamente distinto al dio, que se llama Mari Luz pero que como a él no le gusta el nombre la llama Bombilla. Me parece horrible… En resumen, hemos quedado aún más amigos que antes. Es curioso… tanto luchar para conquistarme y cuando al fin lo consigue descubre que le gusta otra. Es lo que siempre pienso; la amistad entre chica y chico no se comprende en España. Yo tengo otra clase de mentalidad. Pero ahora nos conocemos realmente. Lo celebro. Solo pienso que me hubiese gustado romper a mí porque ya no podré vanagloriarme de una nueva calabaza. Pero he pasado por una experiencia muy instructiva. Me ha dicho que yo era una chica verdaderamente excepcional al reaccionar así y yo le he contestado que eso no tenía nada de raro porque es como habíamos acordado hacerlo si rompíamos, también el he dicho que quizás hubiese sido diferente si yo le hubiera querido de verdad, pero al no ser así era lógico terminar de este modo. Pero o mucho me equivoco o Fernando se arrepentirá de lo que ha hecho. Si eso ocurre mi vanidad femenina se sentirá halagada, pero yo no volvería a ser su cómo novia por nada del mundo.
Así perdí a uno de los mejores partidos de mi vida y recuperé mi libertad. Mi orgullo apenas si se resintió por el hecho de que hubiese sido él quien pusiera fin a las relaciones porque si hubiera tardado un par de semanas más probablemente hubiese sido yo quien hubiese tomado la iniciativa, pero mi madre se llevó un disgusto enorme el cual yo no acabé de comprender_ ¿Por qué aquellas ansias de cederme al mejor postor? Yo sabía que tenía aun un largo camino por recorrer antes de que apareciese la persona adecuada para mí, si es que existía. Y como siempre he rehuido la practico, y seguro iba en busca de lo diferente e inseguro rechazando lo que, según decían, me convenía para unirme sentimentalmente a los elementos más disparatados que me hacían vibrar violentamente para desaparecer después con la misma rapidez y violencia que habían llegado, dejando en mi un gran vacío que hacía llenar de nuevo con nuevas aventuras. Y como no me gustaba estar sola y necesitaba una ilusión para seguir viviendo, una vez Fernando estuvo fuera de mi horizonte y cansada de mirar hacia las estrellas deseando que Peter me esperase en ellas, me acordé de Noli, el chico de la guitarra en la playa, aquel muchacho extraño y algo misterioso siempre con el cigarrillo pendiente de los labios que hablaba arrastrando las palabras y caminaba de un modo lento y perezoso, como un felino, vestido con camisas oscuras y tejanos bajos hasta las caderas, al que solo le faltaba un par de revólveres y sombrero de alas gachas para ser el típico héroe de las novelas de Zane Grey. Aún recuerdo sus labios dulces y sensuales que besaban los míos sin cansarse nunca una y otra vez y sus manos estilizadas que sabían acariciar mi cuerpo con una sensibilidad de artista. No voy a entrar en más detalles, pero si quiero recordar que recibí la primera proposición de mi vida para hacer el amor y que estuve rezando semanas enteras para que Dios me perdonase mi pecado de pensamiento. ¡Cuánta religión infantil mezclada con superstición e hipocresía habían inculcado en las mentes de los adolescentes de mi generación!

Cuando deje el colegio a los 14 años mis estudios quedaron interrumpidos, pero algo prevaleció: la música. Empecé a asistir al Conservatorio superior de Barcelona con la idea de dedicarme profesionalmente al piano que ya había empezado a estudiar en la escuela primaria. Me costaba concentrarme en nada y ser constante en lo que estaba haciendo sin que los chicos me distrajeran, pero a veces tenía las ideas muy claras y así lo exponía en mi inseparable diario: La cultura es algo muy importante en esta vida y si Dios me ayuda me graduaré en algo, porque… ¡que orgullo se experimenta al llegar y que satisfacción! Estudiar es maravilloso y aunque a veces dan ganas de tirar los libros por la ventana es solo pereza. Estudiando el cerebro se acostumbra a trabajar y a esforzarse y la memoria se habitúa a nombres fechas y definiciones, Cuando iba al colegio no sabía apreciarlo así.
Ha habido tantos hombres en mi vida que me parece que no podría recordarlos a todos. Para mi entonces y siempre, amar y ser amada ha sido lo más importante pero mi vida ha dejado un balance de muchas relaciones superficiales y pocos amores de verdad, pero aparte de hombres, también hubo siempre algo que con los años fue adquiriendo protagonismo: El arte.
Pero a parte de estos momentos de extraña lucidez, para mí la vida era un juego en la que me pasaba la mayor parte del tiempo soñando con un futuro sin comprender para convertirlo en realidad necesitaba actuar de un modo completamente distinto al que estaba haciendo. Ahora creo que mi padre debió ser más rígido conmigo y hacerme entender las cosas que yo no veía, aunque me costase entenderlas. Pero quizás él tampoco supo ver más allá. Recuerdo que una vez me dijo, que se había abierto camino en la vida gracias a sus manos y que no había necesitado ninguna carrera para ganarse la vida. Pero mi padre tuvo a su favor algo que yo nunca tuve, aunque parezca un contrasentido, las cosas no le fueron favorables y tuvo que luchar, yo en cambio siempre había tenido las cosas demasiado fáciles y esto, aunque aparentemente parece algo bueno a la larga quizás no lo es tanto. Estaba viviendo en un puente entre dos generaciones muy distintas y las cosas cambiaban con rapidez, todos debíamos haber intuido que la meta matrimonio iba a dejar de ser la única para una mujer y para ello yo debía contar con medios y esos medios debían forjarse estudiando una carrera o aprendiendo un oficio, y en mi inconsciencia de adolescente feliz estaba trabajando en contra mía sin darme cuenta. Pero no puedo censurar a mi padre porque él me dio muchas facilidades para que yo escogiese y yo comencé muchos proyectos y no acabé ninguno, eso fue solo culpa mía, perolo pasado, pasado está, sigamos pues con la historia de mi vida.
El periodo de mi adolescencia, y mis amores me están empezando a parecer confusos y faltos de interés, pero para mí entonces eran muy importantes y debo recordarlos.
Marcial era muy diferente a los muchachos que yo había tratado anteriormente, alto, fuerte, un poco pelirrojo de minúsculos ojos muy azules, tenía 21 años lo que con relación a mis 16 era un verdadero abismo y a mí me parecía ya un viejo. Marcial era de ascendencia vasca y se apellidaba Sánchez Barcaiztegui. Recuerdo perfectamente el tono de su voz, grave y fuerte con inconfundible acento del norte, no tenía nada de guapo pero la edad y sus especiales circunstancias, (su familia que había sido muy rica estaba arruinada y eso les daba a mis ojos un aire de romántico especial). Salí con él durante todo un verano y puede decirse que casi lo hice obligada pues me tenía completamente dominada, hasta el punto de que a veces incluso me daba un poco de miedo. Releyendo mi diario he encontrado varios comentarios que quiero transcribir, por ellos reflejan mis sentimientos: Ahora he cumplido 17años y me siento bastante mayor, pero creo que en el fondo soy la misma. Me han ocurrido tantas cosas que me va a ser difícil explicarlas todas, la peor, la que me avergüenza y me hace sentir como si una mancha negra enorme me hubiese caído encima, es que mis labios ya no son vírgenes, alguien me ha dado los besos que tanto deseaba, pero no como yo lo esperaba, puros y buenos sino sucios e impuros. Yo jamás me creí capaz de obrar así, pero estaba tan ansiosa de amor que lo confundí y me equivoqué. De vez en cuando siento como si el rostro y los labios me quemaran y siento deseos de frotármelos con las manos como si aún sintiera el roce de sus besos y quisiera borrarlos… Estoy tan arrepentida. Yo era buena, ingenua, pura, tan por estrenar y caí en las manos del mayor sinvergüenza que podía encontrar. Reconozco que lo que me atrajo de su persona fue precisamente su historia negra y su sensualidad y sin darme cuenta me alejé de mis ideales y de mis sueños.
El comentario no tiene desperdicio, yo esperaba mucho de mi primer beso en los labios, quizás a esa edad se espera demasiado, imaginaba que el primer hombre que me besase así iba a ser un ángel. Así lo había expresado también al escribir: ¡que feliz será el día en que yo pueda anotar aquí en mi diario que un chico me ha besado… Hasta ahora aun nadie lo ha hecho. Mis labios son pues vírgenes… pero Marcial no era ni mejor ni peor que cualquier otro chico, sencillamente era terriblemente humano y aquello me defraudó, me avergoncé de él y de mí misma durante mucho tiempo y empecé ver la parte negativa las cosas. –Realmente me creía mejor. He decidido estudiar mis reacciones y aprender a conocerme. Sé que me desmoralizo enseguida, que soy vanidosa y engreída, bastante egoísta, romántica e idealista eso sí, pero en el fondo soy un poco pesimista y amargada, quizás porque la realidad no concuerda en absoluto con mis sueños– Marcial murió en un accidente de moto años después y el segundo hombre que me besó en la boca, cuyo nombre ni recuerdo, ya no me afectó en nada.
A los 17 años volví al colegio. Este dato importante me da ocasión para explicar la personalidad de mi intima amigas Angelines que era como una hermana para mí y curiosamente se llamaba igual a la mía.

El modo en que conocía Angelines es bastante curioso. Una tarde yo había ido a buscar a Marita Soler, “mi ídolo del verano” pero como no la encontré en casa, su abuela, una mujer dominante e inteligente, comprendió que aquella circunstancia podía ser una magnífica oportunidad para que su otra nieta, Angelines, tímida e introvertida, ampliara su círculo de amistades y me pidió que me la llevase en lugar de su hermana. Así comenzó nuestra amistad.
Angelines era entonces una chica alta y delgada, de cabellos y ojos castaños, discretamente bonita pero completamente anulada y acomplejada por la presencia de su brillante hermana mayor. Al principio costó bastante esfuerzo intentar ayudarla para romper su timidez, pero poco a poco lo consiguió y lo hizo tan bien, que pasado algún tiempo comencé a estorbarla, hasta que yo misma cansada de sus sucias zancadillas para intentar robarme todos mis novios decidí romper nuestra amistad. Pero eso pasó después.
Aquel año mi amiga fue matriculada en té Marymount School o Barcelona, un colegio norteamericano reservado a una elite de chicas de familias adineradas. Nosotras dos acabábamos de conocernos y éramos carne y uña. (nuestros amigos nos llamaban “los novios” no se si con buena o mala intención) pero lo cierto es que no vivíamos la una sin la otra. Angelines insistió mucho para que yo me matriculase también en el mismo colegio. ¿Cómo separarnos ocho horas diarias, cuando podíamos compartirlas juntas en el mismo pupitre?
Ese episodio fue la consecuencia de uno de los recuerdos más dolorosos que guardo de mi adolescencia Papá solía decir que yo no soportaba ninguna contrariedad y era cierto. Recuerdo la escena como si la estuviese viviendo de nuevo.
Estábamos los dos discutiendo sobre el tema del colegio en aquel comedor amplio y elegantemente decorado reservado casi exclusivamente a las comidas del día de Navidad. Yo estaba intentado convencer a mi padre, torturándolo literalmente, insistiéndole para conseguir mi propósito y no tener que separarme de mi inseparable amiga y él estaba intentando convencerme de lo contrario, no sé si porque aquel colegio estaba fuera de su alcance económico o porque consideraba que sería un gasto inútil ya que poco iba a aprender allí. De repente y en plena discusión mi padre, desperado tras haber intentado todos los razonamientos posibles e incapaz de negarme nada, se echó a llorar como un niño y, aunque me avergüenza confesarlo, en lugar de conmoverme aquella explosión de impotencia me sorprendió mucho y me hizo sentir más fuerte porque comprendí que había ganado la batalla.
Estos recuerdos me son particularmente dolorosos, pero a veces nuestra propia debilidad nos hace injustos con quienes más amamos, supongo que porque son los únicos que nos soportan. Por supuesto me salí con la mía y conseguí que me matriculasen en el Colegio. El resultado de aquella decisión fue que mi padre tuvo razón pero que también se equivocó: yo suspendí el curso tal y como él había previsto, pero el ingles se convirtió años después en uno de los idiomas internacionales más importantes y en aquella escuela adquirí una base útil y práctica de esta lengua que en ninguna academia de idiomas hubiese podido aprender. O sea que mi paso por aquel centro no fue totalmente inútil.

El ambiente del colegio: alegre y dinámico era también propicio a la despreocupación. Estaba dirigido por unas monjas norteamericanas católicas que a pesar de sus ancestrales hábitos estaban muy al día. Recuerdo que eran casi todas jóvenes y guapas y que bajo las gruesas telas se adivinaban sus cuerpos esbeltos. También recuerdo sus voces extremadamente dulces, sus maneras elegantes y su exquisita educación. Años después, cuando el colegio ya no existía me enteré de que casi todas ellas se habían salido de la orden y se habían casado.
También era un colegio muy sofisticado, todas mis compañeras pertenecían a la alta burguesía de Barcelona o eran hijas de ricos hombres de negocio extranjeros, incluso teníamos un personaje de la nobleza entre nosotras, una tal Giovanna Marones, nieta del rey Alfonso XIII y prima hermana del que fue después rey de España Juan Carlos I. La recuerdo como una muchacha atractiva de ojos de color verde intenso que desbordaba simpatía y cordialidad con los criados pero que a nosotros apenas si nos hablaba. Como dato curioso añadiré que, por ser de sangre real, estaba dispensada de hacer reverencia a las monjas, que era nuestro saludo habitual. La única vez que se dignó hablarme fue para prácticamente ordenarme que mi pelo no le gustaba y que me lo cortase. Naturalmente aquel comentario autoritario fue suficiente para que la odiase.
El colegio se regía con horario norteamericano. Las clases comenzaban a la 9 de la mañana y finalizaban hasta las 2 de la tarde con la sola interrupción a media mañana en la tea mouse, una pequeña casita en medio del bosque donde todas las clases se reunían a tomar él te, refrescos o bocadillos, porque el edificio estaba rodeado de grandes jardines y situado en plena naturaleza. Allí se practicaba la equitación, el tenis y durante las comidas las manzanas se debían pelar con cuchillo y tenedor. Además, llevábamos un bonito uniforme: falda azul marino con chaqueta y jersey del mismo color y una blusa blanca, pero a mí lo que realmente me gustaba era el sombrero también azul marino con una de pequeña ala que nos daba un aspecto perfectamente británico.
Mi clase era una innovación en el plan de estudios: la habían bautizado con el nombre de Prepo. Senior y era un invento adicional para las españolitas que deseaba obtener el título de High School y no sabían suficientes ingleses. Prácticamente lo único que los profesores hacían era enseñarnos ese idioma por medio de sencillos libros de Geografía, Literatura o Historia. La idea era buena y si me lo hubiese tomado más en serio quizás hubiera conseguido graduarme y también hubiera aprendido mucho más inglés si no me hubiese pasado las horas hablando español con mi inseparable Angelines en lugar de estudiar y practicar con mis condiscípulas americanas, pero eso sí, me divertía mucho allí…
Me habían explicado que antes dejaban entra en el colegio a los chicos que venían a buscar a las alumnas, pero como los españoles eran tan gamberros tuvieron que prohibirlo. Para consolarnos durante el recreo solíamos ir cuatro o cinco amigas hacia la parte del jardín que daba al exterior y cada vez que pasaba un hombre fuera joven o viejo, un transeúnte cualquiera o una paleta o un basurero empezábamos a silbar y a piropearle de la misma manera que ellos solían hacerlo con nosotras. Sorprendidos y avergonzados solían apresurar el paso y nosotras nos divertíamos mucho al ver su confusión, podía decirse que era como una especie de venganza por todo lo que teníamos que soportar del género masculino cuando caminábamos por la calle

Así vivía yo entonces, tomándome la vida como un juego, desaprovechando oportunidades, pero aprovechando al máximo cada minuto de mi adolescencia. Quizás era también una buena inversión, porque vivir cada etapa de la vida con intensidad es vivir la vida realmente. No me gustaría llegar a estas alturas, volver la vista atrás y pensar que no disfruté de aquellas etapas plenamente, eso sería irrecuperable.
Uno de los muchos problemas que se planteaban entre Angelines y yo era la diferencia de nuestro nivel económico. Aunque las dos frecuentábamos los mismos ambientes ella era hija de un millonario y yo de pertenecía a una familia burguesa de clase media.
Mi amiga vivía en una lujosa casa de 600 metros cuadrados casa en uno de los barrios residenciales más elegantes de Barcelona. Recuerdo bien el gran salón repleto de valiosos cuadros, objetos de arte y muebles de maderas nobles, la amplia escalera de mármol adornada por dos majestuosas estatuas a ambos lados que conducía al piso superior donde en la terraza y se había instalado un verdadero gimnasio y también una piscina. La familia además disponía de un mayordomo uniformado, criada, cocinera y una doncella que solía servir la mesa con cofia y guantes blancos, incluso habían contratado una enfermera particular para Rosina, otra de las hermanas que padecía poliomielitis. También eran dueños de un extraño ejemplar de coche americano muy poco común en España, dado la gran cantidad de gasolina que consumía y tenían un chofer siempre a la disposición de sus amos., eran socios del Club de Polo de Barcelina y mu amiga tenia un caballo de su propiedad que montaba regularmente.

El padre de Angelines incluso se compró un título: Marques de Monte Sacro cuyo membrete con corona adornaba todas sus cartas y tarjetas. Nadie con verdadera solera hubiese sido capaz de hacer algo semejante, pero él tenía mucho dinero y como muchos suponía que podía comprarlo todo, hasta la nobleza. Cuando me planteaba porque muchas cosas que mi amiga podía permitirse no podía hacerlo yo también llegaba a estas conclusiones:

El año pasado yo era feliz sin preocuparme de la situación social de mis amistades, sin embargo, llego el verano y conocí a un grupo de la alta sociedad de Barcelona y empecé a preguntarme si mis vestidos, y el ambiente de mi casa era igual a los de los demás. Hay chicos y chicas riquísimos en ese grupo a las que yo no puedo ni compararme, pero también hay otras que no lo son tanto… No es necesario aparentar lo que no se tiene sino simplemente tratar de divertirse con unos y con otros y no sentirse acomplejada. Así me puedo encontrar bien en todos los ambientes, en realidad prefiero la sencillez de mis antiguos amigos, de clase media como yo. Nosotros tenemos un coche, una torre en las afueras y una criada, papa es dueño de una fábrica mediana y yo tengo todo lo que quiero ¿para qué ambicionar más? Lo que necesito es naturalidad y desenvoltura, eso basta...
Angelines y yo emocionadas con nuestra nueva amistad, queríamos hacerla extensiva a nuestras familias y así conseguimos que sus padres invitasen a los míos a una cena para conocerse. La idea me pareció espléndida, pero a los míos no se lo pareció tanto. Papá trató de hacerme comprender que ellos no encajarían en un ambiente sofisticado, él era un hombre muy hogareño y sus mejores horas acostumbraba a pasarlas en casa entre sus colecciones de sellos, sus libros, o escuchando música y sobre todo preparando, montando, sonorizando y finalmente proyectando las películas documentales y familiares que filmaba en sus paseos dominicales. Mi madre por otra parte era una mujer sencilla a quien le bastaba y sobraba el trabajo de la casa y la compañía de su familia. Ninguno de los dos hacían vida social. En realidad, no tenían amigos y no parecía importarles. Ahora creo que papá rechazaba aceptar esa invitación por otro motivo. Él era un hombre de negocios acostumbrado a viajar y tratar con todo tipo de personas y podía desenvolverse sin problemas en todo tipo de ambientes, pero mamá entre los sofisticados padres de mi amiga probablemente se sentiría completamente confusa y perdida y papá quería evitarle el mal rato. Pero naturalmente yo no pude ni quise comprender nada, en mi cabeza sólo existía un razonamiento: Angelines era mi mejor amiga, mi inseparable ¿por qué no podían ser sus padres y los míos amigos también?
Como de costumbre lo conseguí. Mis padres aceptaron la invitación y aunque yo no sabré nunca exactamente como debió transcurrir la cena, porque los menores cenamos aparte en el ático, no creo que fuese un éxito porque jamás volvió a repetirse. Pero haciendo un esfuerzo de imaginación me parece estar viendo a papa tratando de interesarse por temas que probablemente nada le importaban, adaptándose y desenvolviéndose con la naturalidad y la seguridad que siempre le caracterizaban y también me imagino a mama tratando de salir airosa en una situación que solo el hecho de enfrentarse a ella debía haberle quitado el sueño muchas noches Supongo que la presencia de mi padre debió ayudarla porque él siempre sabía conservar la calma y sabia trasmitir a los demás su innato equilibrio

Después del acontecimiento mis padres apenas si comentaron nada aparte de que el padre de mi amiga tuvo el mal gusto de explicar mientras cenaban con toda clase de detalles los horribles hechos cometidos por los nacionales durante la guerra civil y a los más sensibles se les indigestó la comida. Pero si recuerdo que mientras cenábamos en el piso de arriba, Angelines me confesó que no quería a su padre porque maltrataba a su madre e incluso me dijo que ambos dormían en habitaciones separadas, añadiendo también que su padre estaba completamente loco. De aquel hombre solo permanecen presentes en mi memoria sus grandes ojos saltones, siempre exaltados y enrojecidos y sus bruscos ademanes que me asustaban un poco, a su madre en cambio la recuerdo bien porque era muy bonita y elegante de aspecto muy juvenil, quizás porque realmente era muy joven o porque la comparaba con la mía que era mucho mayor. El hecho de haber tenido la suerte de no conocer desavenencias entre mis padres toda aquella oscura situación que revelaban los comentarios de Angelines me llenaban de tristeza y también de extrañeza porque a mis ojos ambos formaban una pareja extraña
Por aquel entonces estaba escribiendo una novela que comencé dos años atrás. El título “Las naves cubiertas” Nunca la terminé y con los años se perdió el original, fue una lástima. No recuerdo el argumento, pero describí el título en mi diario personal de un modo que me hace reflexionar una vez más sobre la curiosa mezcla de profundidad y superficialidad que había en mi – Hay vidas que se parecen a las naves, están cubiertas de un techo que las protege de las necesidades temporales y sin embargo navegan perdidas y sin rumbo por un ancho mar, profundo y desconocido porque no se han encontrado a sí mismas.A veces también solía sentirme culpable de mis actos y se lo confesaba a mi diario: No me creo buena. Este año me ha dado cuenta de que no obro como debiera y tengo grandes preocupaciones de conciencia. No sé dónde acaba lo bueno y empieza lo malo y esto me tortura
En todos los recuerdos que guardo de esa época de mi vida y en los muchos que ya olvidados he podido reencontrar en mis diarios, solo veo en mí una adolescente decepcionada por la idea de que el hombre que la besó por primera vez no había sido el ideal soñado, con muchos deseos de alcanzar voluntad y disciplina sin conseguirlo y también unas ansias locas de vivir alegremente sin ningún tipo de responsabilidad. Una adolescente llena de sensibilidad, pero aparentemente superficial. En resumen, un ser básicamente feliz, a quien el recuerdo del sufrimiento en la infancia le hacía considera el presente tan importante que no tenía tiempo de meditar demasiado sobre el futuro, un futuro al que por otro lado no quería adentrase porque la asustaba. Una adolescente terriblemente humana en mi opinión.
Pero no quiero abandonar la época de mis 17 años sin describir un regalo de reyes peculiar: Un viaje a la estación de si en La Molina con mis amigas Angelines y Ángeles.
El hecho de pasar unos días solas y lejos de nuestras familias nos pareció un sueño y yo me sentí como una especie de Juana de Arco o una heroína del oeste que iba a realizar una gran hazaña. Nuestros padres pensaban que íbamos a practicar el sí, pero nosotras teníamos también el propósito de hacer todo lo que nos tenían prohibido o sea lo que nos diera la gana y nos divertimos tantísimo y nos pasaron tantas cosas que las expliqué en mi diario con todo detalle. No he podido resistir la tentación de recordar alguna que me hace reír a carcajadas cada vez que lo leo.: El episodio del neceser.
– Llegamos al hotel después de la fiesta, aproximadamente a las 3 y media de la madrugada, subimos las tres a la habitación y allí… horror y pavor… ¿qué había ocurrido? Todo aparecía revuelto y en completo desorden, la ropa por el suelo, las maletas abiertas y encima de la escalera para subir a las literas alguien había hecho un gran muñeco con el sombrero de Angelines, mi jersey y los pantalones de Ángeles. Ante nuestros chillidos de indignación subieron todos los acompañantes a la fiesta a nuestro piso y la habitación se llenó de chicos por todas partes hasta impedir circular. Comprendimos que todo había sido una broma de los gamberros de la habitación 19 (Tengo que aclarar que los misteriosos huéspedes de la habitación 19 eran un grupo de tres o cuatro chicos desconocidos que empezaron a gritar y a silbar el premier día que nos vieron y que descubrieron enseguida que la llave de nuestra puerta estaba estropeada. A partir de entonces entraban cuando querían en nuestra habitación y se revolcaban por encima de las camas gritando como animales hasta que nosotras lo echábamos cosa que no era fácil, aun poniendo una barricada de sillas y trastos diversos en la puerta.)
Pero no todo se acabó aquí, ¡qué va! El verdadero episodio comenzó cuando Angelines, que es una histérica rematada, encontró a faltar su neceser, su dinero y su camisón. Entonces sí que se armó Troya. Empezó a gritar, a berrear y a desesperarse. En vano Ángeles y yo tratamos de calmarla, ella nos decía: Claro… como el neceser no es vuestro… Los chicos que ya se habían marchado volvieron a aparecer todos en pijama. Angelines gritaba, lloraba, salía, entraba… nosotras la consolábamos o nos peleábamos con ella porque la niña se las traía. Javi, uno de los chicos procuraba tranquilizarnos y nos aseguraba que él encontraría el neceser. La cuestión es que por el pasillo cada vez había más gente. Se levantaron los del piso de arriba, los del piso de abajo, el conserje, los camareros etc. en resumen el Hotel entero. Yo jamás había visto tantos chicos en pijama juntos. Al final, tanto berreaba Angelines que Ángeles perdió la cabeza, se envolvió en una colcha y se fue muy decidida a la habitación 19 pasando por en medio de la estupefacta multitud en pijama que abarrotaba el pasillo. Yo en aquel momento y a pesar de lo trágico del asunto tuve que estirarme en la cama para no reventar de risa. De repente se oyeron una serie de tacos gordos y la voz de un señor de edad gritando indignado: despejen el pasillo o llamo a la policía. Luego llegó Ángeles colorada y asustada pero enérgica como siempre diciendo: Tenía que decirles que eran unos frescos. Angelines y yo nos la mirábamos como si viéramos visiones. Pero el silencio duró poco. Angelines se había propuesto que sin el neceser no se acostaba, aunque por su causa ni una sola persona del hotel se acostara tampoco y comenzó a berrear de nuevo con más ímpetus. Se reanudó el jaleo, se levantó por enésima vez el infeliz conserje y llamó a nuestra puerta: Señoritas, por favor, acuéstense, mañana les devolverán el neceser- Pero Angelines tozuda que tozuda seguía gritando: Usted no lo entiende, pero yo no me puedo acostar sin el neceser.
Javi y Juan que dormían en la habitación de al lado, golpeaban las paredes y nos llamaban por la ventana. El conserje volvió a aparecer: Señoritas por favor, no golpeen en las paredes y duérmanse
. – Nosotras no golpeamos- gritamos las tres indignadas, pero Javi y Juan seguían gamberros y querían contribuir en lo que podían a armar más jaleo si se podía, porque entre nuestros gritos, los golpes y la gente que aparecía y desaparecía por el pasillo aquello parecía una casa de locos. Cuando al final Angelines ya parecía un poco más resignada y la paz se reanudó lentamente y la gente más lentamente aun decidió acostarse al fin, llamaron a nuestra puerta, nos levantamos las tres de un brinco y abrimos con sigilo, en la puerta apareció entonces una mano que agarraba el famoso neceser y una voz de chico que preguntaba ingenuamente: ¿Es vuestro esto? Le arrebátanos el neceser y le dimos emocionadas las gracias, se las dimos hasta darnos cuenta de que el inesperado bienhechor era uno de los guasones de la habitación 19. entonces le gritamos: Fresco, gamberro, etc. mientras todos nuestros zapatos volaban contra la puerta. Volvió a aparecer el desgraciado conserje: Señoritas por favor, mañana ya se arreglará todo… – No se apure, ya está todo arreglado. Le contestamos las tres alegremente. El pobre hombre al que le dimos la noche nos dejó por imposibles y se fue a su cuarto seguramente para tomarse una aspirina. Mientras tanto Angelines contemplaba feliz su neceser examinando cuidadosamente los desperfectos causados y Ángeles y yo nos disponíamos a dormir, eran las cinco de la madrugada.
Pero aquel viaje representó para mi algo más que diversión y un pequeño respiro de libertad porque aprendí a estar en contacto directo con la naturaleza. Y así deje constancia en mi diario.

Desde la habitación del hotel yo pasaba ratos asomada a pesar del frío mirando las estrellas y la nieve. En La Molina la atmósfera es tan pura que las estrellas brillan casi con su color natural y algunas despiden destellos verdes rojos azules y amarillos. Claro que eso sólo puede advertirlo un buen observador. Angelines y Ángeles por ejemplo solo recordaran de la Molina a los chicos, los patinazos, la discoteca y el frío. Me dan un poco de pena, sé que son personas incapaces de elevar su espíritu a la belleza sublime de la naturaleza. A lo mejor es que soy muy romántica o tengo demasiada imaginación, pero si es así solo me casaré con una persona que posea imaginación también y se eleve con facilidad del materialismo de la vida cotidiana hacia los caminos de la fantasía.
Cuando regresamos a Barcelona mi amistad con Angelines se resintió bruscamente a partir del día en que me arrebató la última esperanza de recuperar a Peter conquistándolo ella misma – Angelines me ha quitado a Peter, si, así como suena. Ella, mi mejor amiga ha conseguido salir con él, cosa que yo desee durante tanto tiempo, ahora los desprecio a los dos. En realidad, debe de ser un castigo por lo mal que me he portado a veces con los demás, ahora siento algo espantoso que me corroe las entrañas ¡rabia y humillación! Una humillación espantosa, aunque él ya no gusta o a lo menos debo créemelo yo misma o seré una desgraciada toda la vida, pero tengo unas ganas terribles de vengarme y demostrarle de algún modo lo poco que me importa, tengo un sabor de boca tan amargo que o me suicido o pisoteo a Peter por el barro. Soy brusca en palabras, pero soy mujer y un corazón de mujer no perdona nunca esto. Si él volviera a mi yo no le aceptaría, aunque supiera que con él se va mi felicidad. Nunca podré perdonarles ¿Cómo puede importarme morir? – Evidentemente estaba muy dolida.
Como era de esperar Peter dejo plantada a Angelines enseguida, pero nuestra amistad ya nunca pudo volver a ser lo que había sido.
Escribo todo esto por la noche, estos momentos antes de irme a dormir son los verdaderamente míos en todo el día. Ahora me encuentro a mí misma, reflexiono, toda mi mente está concentrada en el pasado porque siento que tengo mucho que recordar, los recuerdos siempre han sido algo importante en mi vida, no importa si son tristes o alegres, son míos, son parte de mí, yo sin recuerdos no sería nada. No sé si he sabido ser una buena madre, probablemente podía haberlo hecho mucho mejor, pero desearía que mi hija me conociese y creo que mis memorias son lo mejor que puedo legarle para que me comprenda en lo bueno y en lo malo. Pero debo volver a reemprender mi vida donde la dejé. A veces me es difícil hilvanar unos recuerdos con otros y no sigo el correcto orden cronológico, pero me parece que debo hablar ahora sobre mi hermana.

Mi hermana siempre fue y aún sigue siendo en parte una desconocida para mí, cuando yo nací su edad era suficiente para ser mi madre y nunca pudo haber entre nosotras una verdadera comunicación, ella solo me cuidó con gran espíritu de renuncia cuando yo era una niña, como una segunda madre, supliendo a la verdadera todo lo que hacía falta, después se marchó de casa para casarse en el preciso momento en que yo empezaba a tener conciencia de mi propia existencia, de mi cortísima convivencia con ella solo me quedó grabado la admiración que su físico y su personalidad despertó en mí, porque ella era muy bonita y supongo que toda las niñas necesitan un ídolo a quien admirar, luego comprobé en mí misma esta realidad porque a la vez me convertí en el ídolo de mis propias sobrinas.
El hombre a quien mi hermana escogió o a quien las circunstancias hicieron escoger no me gustaba, más bien creo que no le gustaba a nadie, o sea ni a mí ni mis padres, porque era la antítesis de lo que nosotros éramos. Mi hermana y yo estuvimos educadas por un padre espiritual y sensible y una madre algo simple quizás, pero sencilla y buena, sin dobleces.
La llegada a la familia de un hombre materialista, machista lleno de prejuicios y muy dado al chisme destructivo me desconcertó. Un mutuo rechazo se estableció entre ambos desde el primer momento que nos miramos.

Voy a explicar una pequeña anécdota muy ilustrativa:
Era el día de la petición de mano de mi hermana, costumbre social que se estilaba por aquel entonces. Mientras mis padres y la futura consuegra se entendían en el comedor de los grandes acontecimientos, la feliz pareja y yo estábamos dijéramos desterrados en la salita de estar en el otro extremo de la casa, supongo que no estaba bien visto que los que debían unirse en matrimonio estuviesen presentes en la reunión que debía decir decidir su propio futuro, me refiero a la dote de la novia. Yo naturalmente a mis escasos 10 años sobraba también. Me puse a tocar el piano como solía hacer cuando me aburría mientras los prometidos oficiales charlaban entre sí cogidos de la mano, pero en realidad tenia los oídos muy pendientes en su conversación. De repente algo de lo que hablaban me debió de parecer interesante porque dejé de tocar y pregunté con la típica inocencia de un niño que no se da cuenta de que es inoportuno: ¿Qué acabáis de decir?
La voz de mi futuro cuñado fría y autoritaria me interrumpió al instante: – No estoy hablando contigo pequeña. Nunca ningún pretendiente o novio de mi hermana me había tratado así y me sentí herida en lo más profundo. Mi hermana reaccionó inmediatamente: No le hagas caso. María Gloria – dijo disculpándole. Aquello fue el comienzo de la guerra fría entre los dos.

Mi primera sobrina María Ángeles gordita y sonrosada heredaró en gran parte el físico de su padre, tenía un precioso cabello rubio y una simpatía natural que la hacían parecer muy atractiva. Fue la niña mimada de la familia hasta que cuatro años más tarde nació mi segunda sobrina Elena, la cual durante algún tiempo llegó a ser mi predilecta. Físicamente era complemente distinta a la mayor: menuda, de grandes ojos castaños y larguísimas pestañas, apenas si tenía nariz, solo un pequeño botoncito de carne sobre los labios y aunque se parecía un poco a su madre tampoco llego a ser tan bonita como ella. Comenzó a caminar muy tarde y habló también con un considerable retraso comparado con otros niños de su misma edad, quizás por esta causa tenía una sensibilidad muy acusada y una gran necesidad de cariño, pero a medida que fue pasando el tiempo María Ángeles y yo nos fuimos comprendiendo cada vez más y Elena y yo nos distanciamos. Mi hermana tuvo tres hijos más: Jorge, Pedro y José, pero probablemente por el hecho de que no estaba acostumbrada a tratar con chicos de esa edad me parecían brutos y ruidosos, nunca llegue congeniar con ellos del modo que lo hice con mis dos sobrinas.
Concluyendo sobre los llamados dorados y felices 17 años, he aquí una página de mi diario que es una prueba evidente que a veces no son tan felices ni tan dorados como se recuerdan.

Estoy sola, terriblemente sola, odio a todo el mundo y tengo la sensación de que todos me odian… siempre he sido una chica algo rara en realidad. Nunca he encontrado a nadie que pudiera hacerme feliz, de todos me he cansado y del único chico que me enamoré, o resultó un gran fracaso. Voy a explicar realmente como soy. Salgo con chicos y me dejo acariciar la mano no porque está enamorada sino para ser igual a mis amigas. Me encanta coleccionar declaraciones solo por el hecho de vanagloriarme de ello, pero no estoy enamorada de nadie y siento un gran vacío en mi alma por ello. Me parece que acabaré suicidándome o soltera, solo por esperar a mi chico azul – y sin embargo unas cuantas páginas más adelante escribo: Hoy he de explicar un suceso interesante que me ocurrió ayer por la mañana. Cogí el metro en Muntaner para ir a casa y al bajar del andén divisé en lontananza unos 50 0 60 chicos. Fue algo espantoso…todos se pusieron a chillar y a silbar. Yo, muy seria pero muerta de miedo me situé muy lejos de ellos, pero entonces vinieron todos a donde yo estaba y me rodearon por todas partes. La gente del andén me miraba y yo estaba colorada como un tomate. Se acerco uno y me saludó como si fuéramos viejos amigos, yo no le contesté, claro, porque no le conocía de nada. – ¿No me conoces? Me preguntó y entonces dirigiéndose a uno de aquella masa le dijo: preséntame hombre…Todos se rieron y yo entonces muy serena y seria con un cierto aire de impotencia y de ingenuidad que me quedo muy bien le dije: Por favor ¿queréis dejarme tranquila? A todo pareció enternecerlos mi actitud y oí que decían: Pobre niña, no te preocupes que ya nos vamos… Y se fueron con gran alivio para mí.
Yo me sentí orgullosa como si hubiese realizado una gran hazaña. Pero no se acabó todo aquí. Entonces llegó otro tren también lleno de estudiantes y bajaron unos quince o veinte más. Aquello fue Troya, empezaron a gritar: Fijaos lo que hay allí, mirad que merece la pena y etc., Toda la estación me miraba y yo estaba que me moría de vergüenza. Cuando por fin llegó mi tren aun fue peor porque cuando ya había subido al vagón se pusieron todos a chillar y a golpear las ventanillas. Se armó allí un estruendo espantoso que hasta el maquinista se asomó para ver qué pasaba. Siempre me han de suceder cosas escalofriantes cuando nadie me ve… me gustaría que lo hubiesen visto mis amigos…realmente tengo éxito y me gustaría restregárselo a toda la humanidad por las narices. y también los 7 Kg. que me sobran… Oh maravillosa edad de contradicciones sin fin…
Y mis 17 años continuaron marcados por una idea muy definida, la misma que ya había empezado en mi adolescencia, pero ahora con una fuerza casi incontrolable: El deseo de amar y ser correspondida, una vanidad en cierto modo comprensible y una sensibilidad a flor de piel. Cada muchacho que se cruzaba en mi camino y se cruzaban muchos, era para mí ÉL, el esperado, el definitivo, mi chico soñado. Sin embargo, también sabia valorar la amistad, pero quizás era mi innata coquetería era lo que impedía que ellos pudiesen tratarme como a una verdadera amiga. Mis escasos amigos, eran y han sido siempre hombres, exceptuando Angelines y más adelante a Margarita, una mujer muy especial con la que viví momentos muy importantes y trágicos de mi vida. Mas que una amiga Margarita llegó a ser como una hermana para mí, pero no voy a hablar de ella ahora porque apareció más tarde y desapareció demasiado pronto porque murió joven.
De ese amigo y en aquellos momentos de mi vida Pascual de Oso, el chico que cayó de la bicicleta tratando de deslumbrarnos un día en Sant Cugat tres años antes, se convirtió en mi consejero espiritual.

Es un tipo magnifico – escribí – divertido, simpático y sobre todo bueno. Tiene una nobleza de corazón admirable, es una de las personas más rectas y de más formación espiritual que he conocido. Claro que en casa se escandalizarían al saber que tengo por confidente a un chico. No pueden comprender que los consejos de un muchacho son también muy útiles, porque ven las cosas desde el otro lado. También mi hermana es mi consejera. Me sorprende haber escrito esto, porque yo no la recuerdo así– los papas, aunque son buenísimos y yo los quiero muchísimo les dan importancia a cosas que no la tienen y viceversa. Yo sé que manteniendo esta amistad tan buena y pura que tanto necesitaba mi corazón no obro mal porque él me da buenos y acertados consejos y carece de la picardía y malicia de las chicas, claro que corro el riesgo de que se enamore de mí y eso es lo único que me da miedo, pero no lo creo… esta amistad es lo que yo he anhelado siempre. El aun no me comprende del todo, claro que eso es difícil hacerlo porque ni yo misma me entiendo, pero empieza a adentrarse en este corazón tan dañado, tan triste, tan solo. Mis errores pasados ya no volverían a suceder y él me ayuda a ello. Así ya no me siento tan terriblemente desamparada y sola. Cada día es mayor la nostalgia de mi corazón, nostalgia de amar, de sentirme abrazada por unos brazos poderosos que me conduzcan hacia la felicidad. Me estoy muriendo de tristeza, soñando, esperando…

Un día a la salida de un bar pasaron varios grupos de chicos y todo me silbaron y se me quedaron mirando, Pascual se quedó pensativo un rato y me preguntó: ¿No te avergüenzas de salir con un tipo como yo, feo mal vestido y cojo? Comprendí de pronto el complejo oculto de mi amigo, que padecía una pequeña cojera en un pie. Pascual y yo dejamos de ser íntimos amigo cuando dejó de verme como una camarada para verme tal y como yo era entonces, una chica muy bonita y solicitada. Aquello representó para mí un periodo de reflexión. Él es mil veces mejor que yo ¿qué importancia puede tener el físico? Lo que importa es la belleza del alma. Sus palabras han hecho que me diera cuenta de lo presumida, fatua y vacía que he sido hasta ahora ¿por qué la gente debe dejar impresionar por la belleza externa ¿qué es después de todo? polvo y cenizas nada más, no solo no me avergüenza de salir con él, sino que me siento orgullosa porque es bueno y lo que importa realmente es la nobleza del alma
Cuando dejé el colegio americano, decidí acabar mi interrumpido bachillerato español y pedí tener una profesora particular en casa para poder examinarme por libre en un Instituto Oficial. Mi paciente padre que jamás sabia decirme no, accedió una vez más. En realidad, la idea era buena, acabar lo ya comenzado, hasta el momento toda mi vida había sido una larga sucesión de proyectos que nunca llegaban a su fin y mi voluntad era como una pluma lanzada al viento que emprende el vuelo con audacia para dejarse después arrastrar por la corriente y caer finalmente al suelo esperando ser levantada de nuevo por una nueva corriente de aire. Así era yo entonces, siempre ansiosa de todo, pero capaz de poco.
La idea de tener una profesora particular resultó bien solo a medias Aquel año comenzó para mí una época de éxito loco con el sexo opuesto. Cada día me telefoneaban un promedio de cinco ocho amigos y la tentación de salir a divertirme con ellos era demasiado fuerte o sea que en lugar de estudiar me iba cada tarde al cine a bailar o a pasear. Llegué hasta llevar una lista de todas mis llamadas y así hacia una pequeña gráfica personal de los ascensos y descensos de mis adoradores. Supongo que tanto éxito se debía a muchos factores. Yo era bonita de eso no me cabe ninguna duda porque tengo fotos y películas que lo confirman, pero no creo que eso fuera toda la explicación. Yo era lo contrario a la monotonía, al aburrimiento, al color gris, yo era un derroche de colorido, algo así como era una explosión de vida y además poseía una espontaneidad y una ingenuidad autentica, una gran imaginación, enorme fantasía y también una gran dosis de fe en todos A pesar de mis altibajos yo amaba la vida y esperaba mucho de ella, esto unido a todo el resto me daba un atractivo poco común. Mis 17 años estuvieron marcados por la embriaguez de la vanidad. Me gusta ver el brillo de admiración en los ojos de los chicos cuando yo paso y que todos se giren para mirarme ¡es algo que me vuelve loca! ¡Que me fascina! Yo soy guapa pudo aspirar a quien quiera… tengo 17 años, pero he dejado de sentirme vieja y cansada. Me siento inexplicablemente feliz, Sé que soy joven, muy joven, en la edad de los sueños, de las aventuras emocionantes, del amor… y tengo tantas ansias de vivir, de experimentar sensaciones nuevas que hasta me asusto de mí misma porque nunca he tenido la sangre ten alborotada en mis venas. Ya no quiero morir me siento demasiado feliz. Me gusta la vida, la gente sigue dándome asco, pero la vida es realmente hermosa y quiero vivirla. Experimentar algo distinto, nuevo escalofriante, quiero conocer… besar abrazar… descubrir cosas nuevas e insospechadas, divertirme con locura y con desenfreno, no importa a qué precio ni de qué modo, yo sé hasta donde puedo llegar además… si no lo hago ahora ¿cuándo podré hacerlo?
Volvía a equivocarme, la vida me demostró después que correr aventuras y vivir intensamente no es una cuestión de edad sino de limitaciones personales, pero creer que solo y únicamente los jóvenes pueden vivir al límite de sus sentimientos es una característica típica de la juventud. No sé realmente lo que me ha pasado, creo que algo ha cambiado en mí. Ahora soy feliz después de mucho tiempo. Siempre me había atormentado la angustia a lo desconocido, un miedo superior a mí que me hacía desgraciada, ahora experimento una sensación diferente. Todo lo que ha sentido mi alma desde los 14 años: alegría, tristeza, miedo, angustia lo he sabido reflejar aquí en mi diario como en un escenario Cuando he sido desgraciada lo he sido como la más infeliz de las criaturas y durante mis períodos de alegría, jamás nadie ha sido tan feliz… el alma de un adulto no puede comprender todo lo que siente un adolescente. En realidad, nadie ha sabido ni sabe comprenderme, pero ahora ya no me importa, algo nuevo, extraño ha pasado. Estoy llena de presentimientos, sé que este verano va a ser el mejor de mi vida, Y mis presentimientos jamás fallan. Quizás tenga que arrepentirme después pero no me importa, haga lo que haga, quiero hacerlo.
No me equivocaba en eso, aquel verano quizás no fue el mejor, pero si fue absolutamente distinto a los demás. Mis presentimientos no eran otra cosa que la materialización de unos sueños que poco a poco se habían ido forjando a través de mis deseos. (No creo en la visión de un futuro, pero sí creo en el poder de lograr nuestros deseos con la energía de nuestros pensamientos). Evidentemente algo había cambiado en mí, la ingenua colegiala aparentemente moldeada por la educación de una sociedad machista y paternalista de monjas reprimidas y curas farisaicos, estaba a punto de romperse y una vez roto el molde ya nada volvería a ser como antes. Unas páginas más adelante en mi diario explicaba una anécdota bastante divertida y significativa… Yo no puedo negar que me encanta mi popularidad, pero hoy me ha asustado un poco. Esta tarde hemos ido ver la final de los campeonatos de atletismo. A mí el atletismo siempre me ha gustado mucho y allí pasó algo realmente importante, algo tan bárbaro que aún estoy un poco asustada y no sé si pensar si soy una chica extraña y diferente a las demás, pero en fin… voy a explicarlo.
Antes de continuar quiere mencionar que aquel mismo año murió en accidente de aviación el gimnasta catalán Joaquín Blume. Fue una irreparable pérdida para el deporte español ya que Blume había atraído la atención de los entendidos por su actuación en los juegos olímpicos de Helsinki en 1952 y había desempeñado un brillante papel en los Juegos mediterráneos de Barcelona donde obtuvo 6 medallas de oro. Yo admiraba al gimnasta porque, me parecía un héroe de mis novelas. Guapo fuerte y triunfador y suizas aquella catástrofe me inclinase aún más a apreciar el atletismo, así pues, no me Persia ningún o acontecimiento de este deporte.

Pero continúo explicando: Entré en el estadio junto a mis amigos. Yo llevaba un conjunto rojo que me sentaba fantástico porque el rojo es un color que me favorece muchísimo, la chaqueta en el brazo y el bolso colgado del hombro, el viento me había despeinado mucho y llevaba el pelo como un revoltijo, pero según dicen estoy mejor despeinada… estoy acostumbrada a llamar la atención en todas partes donde voy, será por mi rostro según dicen perfecto o por mi tipo, los chicos se giran, silban y me piropean, esto es muy agradable, no lo niego, pero a veces me asusto y aquella vez sentí pánico. Fue algo tan enorme, casi increíble. A mis amigos no se le ocurrió más que en lugar de dar la vuelta por detrás, pasar por en medio de las gradas, claro que los pobres no podían sospechar la que se iba a armar. Fue algo tan tremendo que ni siquiera podía sospecharlo yo. Yo notaba que todo el mundo me miraba, era bastante lógico, pero la manifestación, el escándalo que se organizó cuando tuve que pasar en medio de todos me hizo el efecto de que estaba desfilando por entre una multitud ansiosa de admirarme, si hubiera pasado Sofía Loren o Brigitte Bardot, por en medio de las gradas no se hubiera armado mayor escándalo. De repente oí como una ovación, una especie de bramido en la lejanía, miré hacia arriba: montones de chicos se habían levantado y gritaban, y lo bueno es que me gritaban a mi: ¿En qué equipo juega es achica? Que suba aquí… la chica era yo, pase más colorada que un tomate, mi silueta vestida de rojo con el bolso al hombro, despeinada, pero con aire majestuoso entre mis dos amigos Joaquín y Tote, los cuales debían de estar más avergonzados que yo misma. Los gritos duraron durante mucho rato, yo estaba avergonzada, ser la atracción de un estadio de 2000 personas no es una tontería. Nos quedamos a ver los campeonatos hasta el final, en el desfile cada vez que pasaban los equipos de las diferentes regiones se me quedaban mirado y me decían cosas, parecía que tenían tortícolis. Cuando no marchamos decidimos pasar por detrás por si acaso, todavía nos duraba el susto a los tres. Pero a pesar de todo alguien me vio y aviso a los demás, todos los de la última fila se giraron, pero no estalló ninguna ovación ni ningún tumulto, menos mal. Joaquín me obligó hacer autostop para volver a casa, como es natural pararon enseguida. El chico que llevaba el coche puso una cara de felicidad… había que verlo. Fue un día emocionante de los que no se olvidan veces me mira tanto la gente que no lo comprendo. Debo de ser bellísima, pero a veces tengo miedo de que esta misma belleza me haga desgraciada y no sé porque, pero creo que los chicos deben de sentir miedo de salir con las chicas como yo, pero si Dios me hizo así, yo estoy contenta y le doy las gracias.
Sé que era demasiado vanidosa y no quiero justificarme, pero después de leer todas estas anécdotas olvidadas comprendo que tenía motivos para serlo y también comprendo lo más importante, que aún no había podido superar las amarguras de una infancia en la que todos se reían de mí.
De hecho, no las pude superar nunca, siempre necesité la admiración de los demás para ser completamente feliz Esto ha condicionado toda mi vida y me ha hecho desgraciada en muchas ocasiones. Envejecer físicamente ha sido y es muy difícil para mí, envejecer en cierto modo significa volver a la etapa de patito feo, en la que todos me rehuían, las cicatrices pueden ser arrancadas de nuevo porque las heridas no han desaparecido, pero también sé que no he envejecido por dentro, nunca he pedido la capacidad de soñar y lo único que ha cambiado es que ahora espero menos de los demás pero mucho más de mí misma por eso espero también superar este problema algún día y sé que escribir estas memorias puede ayudarme a hacerlo.
A los 17 años mis momentos felices, eran solo eso, momentos felices y no duraban demasiado, pasados aquellos momentos de euforia y alegría, volvía a escribir: Quiero ser completamente sincera, quiero despojarme por unos momentos de esta vanidad que me hace a veces engañarme a mí misma. Soy una chica sola ¿qué importa ser más o menos guapa? En el fondo estoy tan triste, tan sola… tan sola… Dios mío ¿Cuándo se va a acabar esto? ¿Cuándo? La vida es hermosa. El mundo la naturaleza todo es maravilloso. El amor es lo que hace palpitar a las criaturas y yo lo siento vibrar dentro de mí… estoy llena de amor, pero ¿de qué me sirve, sino tengo a nadie para poder dárselo? Nadie puede entender lo que yo siento… nadie… solo yo.
Cuando conocí a José Ramón, en una fiesta de amigos, mi sexualidad, que yo inconscientemente disfrazaba con la palabra amor, volvió a despertarse en mí de un modo violento.
-El me invito a bailar… Dios mío como baila… era tan maravillosa la presión de sus brazos rodeándome que tuve que ser realmente fuerte para no abandonarme a ellos. No creo ser mala, pero tengo 17 años y unas ansias locas de vivir y de amar, todo lo que se abre ante mis ojos es nuevo y para mí todo es tan tentador. Me separé bruscamente de él… sabía que había cumplido con mi deber, que Dios estaría contento conmigo, pero me dio tanta tantísima pena… se estaba tan bien entre sus brazos sintiéndole cerca, tan cerca… pero fui fuerte y ahora estoy orgullosa de mí misma…
Pero no era cierto, yo me sentía frustrada. Los deseos naturales de mi cuerpo se veían reprimidos constantemente por la moral aprendida en la familia, las escuelas y las iglesias. Me sentía dividida por dentro, un parte de mi era yo misma y la otra la persona qué me decían tenía que ser.
José Ramón compartió un corto pero intenso periodo de mi adolescencia y dejo una profunda huella en mi corazón. Ni siquiera nos besamos, pero su imagen fue como el imán donde todos mis deseos reprimidos eran atraídos con fuerza, el preludio historias futuras, donde el sexo ya no pudo reprimirse. Al principio me fascinó físicamente porque se parecía un cantante de moda norteamericano llamado Fabian y también porque según él decía, era pintor. A decir verdad, nunca vi ninguno de sus cuadros, aunque insistía siempre en pintar mi retrato… al cabo de un tiempo me enteré de que todo lo que él me explicaba sobre su casa maravillosa, su magnífico coche, sus viajes a Mallorca y su yate, no era cierto. La familia de José Ramón no tenía dinero, pero él trataba de ocultarlo porque estaba convencido de que las chicas se avergonzarían de salir con él sabiendo que era pobre. Como siempre comencé a tejer una especie de leyenda romántica alrededor de él.
No sabe que yo hubiera podido seguir saliendo con él, aunque no tuviera nada porque yo lo quería a él y no al cochino dinero que pudiera tener. y no me ha desengañado ni ofendido al saber que me había estado engañando, al contrario, no pude menos que compadecerle porque comprendí su complejo oculto, su cruz. Todos tenemos una cruz para soportar Me he dado cuenta de que el dinero no es esencial y sin él puede poseer todo lo que había ambicionad, pero con el alma. El otro día me explico algo de sus sentimientos interiores. Me dijo que por las noches no se dormía hasta las dos o las tres de la madrugada y entonces le gustaba escribir poesías. “Quizás lo haga porque no tengo a nadie a quién explicarle mis cosas “. Me dijo y me enseño un pliego de ellas, tenía una letra muy parecida a la mía. Me hubiera gustado leerlas, sé que él me hubiera dejado, quizás hasta lo estaba deseando, pero no me atreví y no sé por qué, pero aquella confesión de sentimientos me convencieron de que estaba muy solo, como yo. Yo también escribo poesías porque me siento sola y un diario para desahogarme con alguien, aunque no seas más que hojas de papel.,
Estuve saliendo con José Ramón todo el invierno, fueron salidas inocentes en las que soñábamos juntos y reíamos juntos, me divertí mucho con él porque era muy simpático e ingenioso, pero pronto comenzaron a haber una serie de malentendidos entre nosotros. El motivo principal fue descubrir que había estado saliendo conmigo solo para ganar una apuesta con sus amigos en la que se había comprometido a conquistarme. Nunca supe si era verdad o no, pero a raíz de entonces todo comenzó a complicarse y nos peleábamos a menudo, el siempre volvía a llamarme sistemáticamente y yo, también sistemáticamente, siempre le rechazaba para arrepentirme después. Era una especie de juego un tanto masoquista que probablemente convertía nuestras relaciones en algo mucho más interesante y ambos lo jugábamos aun sin saber que lo estábamos haciendo.
-Él no ha vuelto a llamar- Le confesaba a mi diario después de una de aquellas peleas – Hoy hace una semana. Yo estoy-… ¿cómo diría? Como si me hubiese pegado un golpe, completamente abatida, muerta… ha sido la peor semana de mi vida. Él me hacía sentir buena y feliz, pero él se ha marchado y mi ilusión se ha roto. José Ramón, el chico que comenzaba a querer… a veces pienso que solo en la tumba será el único sitio donde hallare la paz. Me gustaría que fuese pequeña y que estuviese rodeada de flores de muchos colores. Me gustan las cosas bellas. La naturaleza. Las flores y el sol son lo más hermoso de la creación, en el único sitio donde podré hallar la paz me gustaría rodearme de ellas. Aunque parezca extraño sueño a veces en el día en que mi alma deje de sufrir, la gente mayor no puede comprender lo que yo siento Dicen que lo tengo todo para ser feliz y sin embargo no saben nada de mi horrible soledad espiritual, de mis ansias de ser buena, de perfeccionarme y llegar a Dios. Inútiles ansias pues siempre vuelvo a caer en lo malo que me atrae irresistiblemente y es más fuerte que yo. Y nadie se percata de mi lucha. Es el horror de saberme débil de saber que algún día yo quizás llegue a convertirme en una de esas personas falsas e hipócritas que me dan asco. Quiero huir de esta maldad de esta humanidad corrompida y sin embargo tengo ansias de vivir y experimentar cosas nuevas y maravillosas que se abren ante mis ojos. Quisiera vivir plenamente sin tregua ni descanso y después morir. Yo ya me entiendo. Me preguntaron un día cual era mi mayor aspiración en esta vida, no supe que contestar. Me gusta dibujar, escribir, tocar el piano… tengo tantas aficiones y a todas me dedico por igual. Sin embargo, ahora ya se cuál es mi mayor aspiración… hace tiempo que lo siento vibrar en mi alma, pero no sabía entonces que eso debía ser la finalidad de mi vida, pero ahora lo he descubierto: Mi mayor deseo, el único objetivo de mi existencia es alcanzar el cielo. Lo deseo con toda mi alma, quizás porque mi cielo sea mucho más humano y hermoso de lo que la gente cree. En mi cielo esta reunido todo lo que me ha hecho feliz aquí en la tierra tengo ganas de ir… ¿por qué ha de darme miedo la muerte?, si soy buena y cumplo con mi fe yo sé que después ir al Cielo. Otras cosas no las sabré quizás, pero esta… es quizás lo único que comprendo realmente.
Cuando leo de nuevo todo esto no puedo dejar de sonreír, pero no por demasiado tiempo, en realidad, solo hay que releer estas frases con calma para darse cuenta de que en mi interior se había establecido una lucha a muerte. El deseo de superación y la llamada de la carne. La lucha entre el ángel y el demonio que nos explicaban en las clases de religión era cierta, al menos para mí. Deseaba ir al cielo prometido que yo ya intuía como algo más aparte de bobalicones angelitos dorados y un señor de barba blanca y triangulo por sombrero recibiéndome con los brazos abiertos encima de una esponjosa nube de algodón. Mi deseo de superación personal al que yo, aunque llamaba cielo no tenía nada de simple…era profundo y autentico, pero estaba mal encaminado, ya que en aquella época todos los pecados se resumían en uno: el sexo, pero mi cielo abarcaba muchas más facetas….
– Si yo tuviera alguien junto a mí que me comprendiera. Alguien que como yo se sintiera solo e inseguro entonces sería más fuerte, los dos uniríamos nuestras debilidades y nuestra soledad para ser mejores y poderosos. Pero ningún muchacho ha sido para mí lo que yo esperado siempre hasta que apareció José Ramón. Yo no sé si lo que siento a hacia él es amor o simplemente ilusión yo solo sé que a su lado me sentía feliz de verdad, no con esa felicidad momentánea que da el éxito, el saberse bonita y admirada sino con la dicha de saber que yo por fin había hallado lo que tanto buscaba. A mi chico. Si retuviéramos juntos uniríamos nuestro sueño y yo le ayudaría a ser mejor y yo sería mejor para él. Sin embargo, todo acabó, mi hermoso sueño está destrozado y yo me siento más sola que nunca. Sin embargo, no quiero perder la esperanza, él puede volver.
Estas lamentaciones un tanto melodramáticas se sucedieron casi idénticas a lo largo de mis 17 años, lo único que variaba eran el nombre del chico que salía conmigo, yo buscaba la felicidad que había perdido hacía mucho tiempo, pero con la ceguera propia de la juventud intentaba buscarla siempre en otros y no en mí misma. Y también cuando estaba más desesperada en un tercer lugar: el cielo.
La vida es dura y cruel, pero es lógico que así sea, esto no es más que un aprueba si la vencemos después vendrá el premio, un premio más o bueno dependiendo de nuestro comportamiento. Aquí no está la felicidad es inútil buscarla porque no la encontraremos. La felicidad, la verdadera felicidad esta allá. Y yo tengo que alcanzarla. José Ramón pobre muchacho, es un abandonado y está solo, yo le devolvería por el bien camino, no soy perfecta, pero tengo enormes deseos de ser buena, le contagiará mis ansias y los dos juntos seríamos mejores. Pero solo Dios sabe lo que nos conviene a los dos.
Las enseñanzas recibidas me confundían. En el fondo yo estaba limitando mi deseo de mejorar como ser humano a reprimir el sexo y en consecuencia me estaba torturando inútilmente, porque ese canal debía de abrirse un día u otro como algo perfectamente natural. Estaba en lucha contra mi propia naturaleza, pero probablemente eso debía ocurrirles a miles de chicos y chicas de mi edad nacidos en aquellos tiempos de mojigatería y represión. Cuando dejamos de salir juntos sucedió algo curioso que originó una serie de polémicos comentarios muy de acuerdo con la mentalidad de la época que vivíamos. José Ramón se empleó como modelo de trajes de hombre en el pabellón norteamericano de la feria de Muestras. Era una manera de ganar dinero rápido y fácil y que desde el punto de vista actual no tendría nada de especial, pero en aquel entonces la óptica de las cosas era distinta.
-Todo el mundo me dice ahora: Supongo que después de esto ya no volverías a salir con él, pero yo fui a verle y no es tan humillante ni mucho menos, los chicos que desfilaban en la pasarela llevaban téjanos, camisas corrientes y representaban junto a las chicas unos sketches muy graciosos, parecía todo menos un desfile de modelos, no lo encontré tan horrible, además teniendo en cuenta de que le pagan 5.000 pesetas y le regalan varios trajes estoy segura de que muchos se hubieran empleado allí. Estaba muy guapo y no sé porque no puedo seguir saliendo con él, aquello no era ningún espectáculo ridículo ni denigrante, sencillamente exhibían ropa normal para hacer propaganda del algodón, pero España es España y ahora al pobre le harán la vida imposible y a mí me da pena. Es cierto que para ganar dinero se podía haber empleado en cualquier otra cosa, pero nada le hubiera reportado tanto con tan poco esfuerzo y tiempo. José Ramón quiere seguir el ritmo de sus amigos, es lógico, está muy solo y a mí no me importaría seguir viéndole como una amiga. Si yo sé de alguien que me necesita ¿puedo negarme a su llamada?
Mi mente estaba lo suficientemente clara como para no dejarme influenciar por prejuicios y convencionalismos. Me alegro de ello y no le quito mérito, no eran tiempos fáciles para tener opiniones propias e ir contra corriente. También me felicito por algo que escribí después de haber leído una pequeña nota en un periódico sobre la teoría de los mundos habitados firmada por el científico técnico en cohetes de la NASA Van Braun, –
– Esto confirma mis teorías. Yo siempre he pensado, como algo lleno de lógica, lo mismo que el científico opina. Estoy segura de que la vida también existe en otros planetas. La tierra es un mundo insignificante en medio del enorme Universo ¿por qué solo tiene que existir vida aquí? Hay millones y millones de planetas parecidos al nuestro, con una atmosfera simular a la nuestra y soles como el que nos ilumina, es absurdo y estúpido empeñarse en que solo la vida es posible en nuestro planeta, es una presunción absurda. Y continué con una visión condicionada por la religión, pero ya con cierto cariz de personalidad.
Cierto es que Dios no nos habla de otros mundos, pero ¿por qué iba a hacerlo? El vino aquí para salvarnos a nosotros y no a ellos. Seguramente si ellos alcanzaron también la perversión del nuestro, Cristo bajo a salvarlos, porque Cristo es bondad infinita y si cien mil millones de mundos hubieran estado a punto de perderse Cristo hubiese muerto cien mil millones de veces por ellos. Estaba claro que al margen de mis devaneos sentimentales que parecían ocupar toda mi vida de vez en cuando yo también pensaba en otras cosas y cuando lo hacía razonaba bastante bien.
Y un día el sueño se convirtió en realidad. Ayer sucedió algo sublime. Noli Elías, me abrazó y me besó una y cien veces. Fue algo tan maravilloso que aun creo que no es cierto, que todo lo he soñado y no es más que un producto de mi imaginación exaltada, pero no, es verdad. Sus labios me besaron una y otra vez y sus manos no soltaron las mías ni un solo momento. Todavía estoy como en unas nubes. Voy por la casa con una sonámbula… no como, no veo, no oigo, solo pienso en el… mi amor, mi vida…Después de este preámbulo tan exaltado comienzo a explicar con todo detalle aquella experiencia, según mi mentalidad de entonces única, aunque quizás si lo fue porque era la primera vez que yo pude corresponder en la misma medida que me daban, la primera vez que vibre intensamente junto a alguien, que también vibraba junto a mí. –

Fue una noche única, maravillosa, jamás podré olvidarla, una de aquellas noches que solo suceden una vez en la vida. No sé qué pasó, todo parecía un cuento de hadas. Yo estaba preciosa, todos los chicos me miraban, llevaba el pelo suelto rubio y revuelto, un traje azul celeste escotado que contrastaba con mi piel morena y mis ojos claros. La primera parte de la fiesta comencé a bailar con Víctor Vidal, es un chico rubio de ojos grises que siempre me ha gustado con locura y por cierto me llevé una sorpresa, creía que sería vacío, chulo y estúpido como la mayoría de los chicos guapos y luego me di cuenta de que no era así. Bailamos varios rock ensayando nuevos pasos y a toda velocidad, luego nos sentamos en el borde de la piscina y comenzamos a hablar… advertí que no era un chico como los demás… ¡pensaba! cosa extraña. Hablamos de muchísimas cosas todas muy profundas, da verdadero gusto poder hablar con un chico de algo más que de tonterías. El rincón de la piscina estaba bastante oscuro y no dejaban de venir moscones a fastidiar, Noli también venia de vez en cuando, me hacía mucha gracia, se ponía de pie junto a nosotros y de vez en cuando nos gastaba alguna broma, yo comprendía que estaba molesto y en parte me sabia mal, pero se le estaba bien empleado… es el chico menos decidido que he conocido nunca. Víctor estaba un poco molesto porque no acaban de dejarnos en paz, es un chico impulsivo y nervioso, cada vez que tocaban un rock dejábamos la conversación e íbamos a bailarlo todo taco, yo no sé cómo no me caí a la piscina. Noli nos miraba con aquel gesto tan sensual parecido a James Dean y yo le hacía muecas y le sacaba la lengua para hacerle rabiar. Me gustaba mucho Víctor, pero mucho más me gustaba Noli. Yo estaba en un dilema de campeonato pensando que el memo de Noli no se atrevía a sacarme a bailar porque Víctor no se despegaba de mi lado. Víctor me dijo que era una verdadera lástima que al cabo de dos días se tuviera que marchar a Inglaterra porque me hubiera telefoneado para salir, también me dijo que era la chica más fantástica que había conocido en su vida y que jamás creía que yo pudiera hablar y pensar así, luego se marchó, era ya muy tarde y me dijo que tenía sueño, pero ya más bien creo que en su casa no le dejaban llegar a las tantas . Una vez se hubo ido Víctor es cuando comenzó la segunda parte de la noche. Aquella noche inolvidable. Al ver que el campo estaba libre Noli me saco a bailar, bailábamos muy juntos con las caras unidas, después cuando acababa el baile no me soltaba la mano, yo al principio intente soltarme, pero no podía, era superior a mis fuerzas, toda la vida había soñado aquello y ahora por fin estaba sucediendo, sentía unas cosquillas curiosas en la barriga como pequeñas descargas de electricidad, él por su parte no estaba menos emocionado. Nos apoyamos en la pared del rincón más oscuro de la terraza. Quizás eran imaginaciones mías, pero me parecía que todo el mundo nos estaba mirando. Yo no sé si fue la música, la sangría o la noche lo que me impidió rechazarle cuando sus labios me besaron en la mejilla y luego en el cuello una y otra vez, no me dijo ni siquiera “me gustas”, no me dijo nada, pero no hacia ninguna falta,¿para qué si mirándonos ya nos lo decíamos todo? Yo no podía creerlo, sentía sus brazos alrededor de mi cuerpo y me estremecía de felicidad. La fiesta se estaba acabando, pero como era en casa de mi mejor amiga me dejaron quedar hasta más tarde,- ¿Hasta cuándo te va a quedar? Me preguntó-–Hasta que termine -Yo también. Y me estrechó fuertemente entre sus brazos. Así los dos juntos, muy juntos, bajo el cielo cubierto de estrellas éramos lo seres más felices de la tierra Esta fiesta no podré olvidarla nunca”- me dijo. “Todavía no puedo creer que todo esto sea cierto” Yo callé, pero estaba a punto de gritar muy fuerte que para mí también aquella fiesta era lo más maravilloso de mi vida porque estaba viviendo lo que tantas veces había soñado. Cuando se marcharon todos nos quedamos completamente solos en la terraza. Me convenció para que nos sentarnos en un sofá, yo no tenía miedo, pero sabía que aquello era peligroso. Estábamos solos en una maravillosa terraza a la luz de la luna y no queríamos. De repente sus brazos me agarraron con fuerza vi sus ojos próximos a los míos y comprendí que quería besarme en la boca, aparté el rostro… aquello no podía ser pensé Me abrazó estrechamente y me lleno de besos, la cara, el cuello, los brazos yo no tuve más remedio que ceder y cuando me besó en la boca. Oh… yo no sé lo que sentí entonces…algo parecido a estar en un lugar completamente lejos de la tierra, lejos de todo, me hubiera gustado permanecer siempre así pero no pudo ser, cuando no separamos Le eché los brazos al cuello y nos abrazamos, fue en el preciso momento cuando Angelines apareció…” Después de esto el diluvio”. Exclamó en voz alta.
Ella estaba tan contenta como yo.
Pero no todo fue una historia de película rosa. Noli se fue a Mallorca aquel verano con su familia y apenas me escribió, pero yo le acepté como algo intrínseco en su manera de ser.– Le quiero con sus rarezas y sus defectos, me enamore de él porque es así y no quiero que cambie.- escribir.- y no me importa que mamá diga que no tengo ir con chicos raros, ni que todo el mundo me diga que acabaremos mal, yo sé que le he encontrado y cuando se tiene la fortuna en la mano lo único que hay que saber cerrarla para no dejarla escapar Yo no pienso abrirla por mi estúpido despecho, me lo tragaré como una prueba de amor. Yo lucharé por él.
Pero no me daba cuenta de que hay batallas perdidas antes de iniciarlas. Estaba enamorada de una imagen porque el Noli que yo imaginaba existía solo en mi imaginación. En realidad, yo solo escuchaba la llamada del sexo que cada vez despertaba más en mí, Ahora de me cuenta de que todos mis amores han sido para mí como una mágica bola de cristal donde visualizar mis sueños… ellos en realidad solo eran el medio, pero nunca el fin.
Aquel verano fui a pasar unos días en Caldetas invitada por mi amiga Angelines y escribí: –Hoy él ha llegado por fin. Lo primero que vi desde el coche al entrar en el paseo de los ingleses fue a Noli. Estaba de pie sobre el muro, con un traje de baño amarillo muy pequeño que resaltaba su piel morena. Creí desfallecer al verle.
Aquella historia continuó con interrupciones, malentendidos y un sin fin de contradicciones. Nunca supe si aquel chico me quiso alguna vez o simplemente estaba jugando conmigo. Noli siempre fue para mi algo inescrutable, enigmático y sorprendente. Me hacía sufrir y gozar al mismo tiempo. Vuelvo a preguntarme si yo gozaba con el sufrimiento o si él era un reto para mi

Cuando cumplí 18 años escribí: Creo que es algo importante llegar a esta edad, pero yo no me siento vieja, solo un poco cansada y sobre todo triste. Quizás es que me acuerdo de nuestros besos en la boca, nuestros besos…. No sé cuántos, pero fueron muchos muchísimos y algo se me quedó prendido en ellos, algo que me falta y que no podré volver a recuperar hasta que le bese otra vez Recuerdo cuando él se acercaba lentamente sonriendo como un felino arrastrando los pies en su típica manera de caminar y se abalanzaba sobre mí, lo deseaba tanto. Yo sentía su cuerpo joven sobre el mío, sentía tantas cosas en mi alma… cosas impuras quizás pero tan hermosa… Cuando él se iba yo me quedaba allí sola, estirada sobre el diván con su ultimo beso quemándome aun en la boca. Necesito sus besos como una enferma, no puedo vivir sin ellos, es como una droga que al probarse se necesita para seguir viviendo. Cuando recuerdo como nos entregábamos mutuamente. Quizás fui mala, pero que feliz maldad. Jamás me sentí tan dichosa, vivía en un paraíso desconocido, pero ahora se ha roto termina mi año de los diecisiete, ha sido el año más hermoso de mi vida porque he encontrado el amor que tanto esperaba mi corazón. ¿Cómo es el amor a los diecisiete años? Físico, impuro, incluso sucio… pero grande, enorme, maravilloso dentro de su impureza y su mezquindad. Lo sé. Y sé también que jamás volveré a sentir nada semejante. Amo. Eso es todo.
Sin embargo y a pesar de lo que pueda imaginarse por mis palabras yo seguía siendo virgen, aunque ya no en mi imaginación y por eso sentía una mezcla de remordimientos y deseos que no podía soportar. Como cualquier adolescente de los años 60 acudí a la única vía que yo creía podría aliviarme de aquel enorme peso: .la confesión… Cuando me confesé ayer tarde, el sacerdote me dijo que mi amor había sido pecado, que mis besos y mis abrazos fueron la causa de que Noli cometiera una falta muy grave, gravísima. Ahora mi conciencia está tranquila pero mi espíritu navega entre mil dudas. Yo le quería, jamás pude pensar que con mi amor podía hacerle daño- ¿Es una falta besar, abrazar, querer a un chico con toda el alma? Todavía resuenan en mis oídos las palabras acusadoras, terribles del padre: hija mía, tu fuiste el instrumento del diablo, por tu culpa el cometió un pecado terrible.
Pero aquellas palabras del sacerdote lejos de aliviarme solo sirvieron para plantearme más preguntas sin respuesta: – ¿Existe un amor puro a los 17 años? Me di cuenta de que yo tenía un cuerpo y él también tenía un cuerpo. Fui feliz, era mi dueño. Y solo podía ser suya, le pertenecía, quizás pequé, pero… ¡que maravilloso y dulce pecado! y solo puedo preguntarme a mí misma ¿si mi alma estaba sucia, porque sentía yo aquel canto glorioso en mi interior? ¿Cómo puede un pecado hacerme tan feliz?

Noli, el guitarrista y sucesor de Peter en la estrella mágica de mis sueños imposibles, el muchacho con el que había vivido una ardiente y oscura historia de pasión desapareció poco a poco como todos los grandes amores de mi vida, porque yo siempre me enamoraba de quién no sabía amarme. Mi espíritu de conquista se sentía irresistiblemente atraído hacia las piezas difíciles, mi vena masoquista que había comenzado a esbozarse en mi primera adolescencia comenzaba a configurarse para no abandonarme ya, pero desde luego me equivocaba pensando que nunca volvería a sentir algo semejante. Aquella fuente inagotable de creatividad que fue para mí la pasión se repitió a lo largo de toda mi vida muchísimas veces y siempre con la misma fuerza, renaciendo intacta de sus propias cenizas como el ave fénix porque creo que la gente no cambia, la gente simplemente se reprime y acepta sus circunstancias porque cambiarlas supondría demasiado esfuerzo, un día dice que la pasión se termina y se decide a vegetar durante todo en resto de su vida. Yo era de las que seguían fieles a mis sentimientos, aunque me hiciesen sufrir porque sabía muy bien cómo salir a flote y no dejarme arrastrar por el sufrimiento: olvidaba cuando yo decidía querer olvidar.
También aquel otoño le deje fríamente a Angelines por teléfono que ya no quería volver a verla, y aunque ella no se lo creyó, yo había tomado una determinación. Angelines insistió mucho para recuperar nuestra amistad, pero yo nunca me volví atrás, esta es otra de las tónicas de mi vida, cuando algo me decepciona lo aparto para siempre sin contemplaciones y ya nunca más vuelvo a pensar en ello. Esta manera de ser me ha salvado de la depresión en incontables ocasiones. Soy sensible pero muy práctica. Cuando releo mis diarios me sorprende comprobar lo poco que he cambiado en esencia.
A veces me hacía preguntas a mí misma mis a difíciles de contestar:
¿Qué será de mí el día de mañana? Siempre me ha dado miedo el futuro, quizás porque yo no sea más que una cobarde digna de lástima, pero sufro ¿quién puede comprender todo lo que yo siento? Esta angustia terrible, destructiva que oscurece mis días y me tortura ¿qué haré yo en la vida? ¿Qué seré? ¿Qué me espera? ¿Qué objetivo tiene mi existencia? ¿Para que he nacido? No puedo contestar a ninguna de estas preguntas y esto me tortura. Dentro de unos años, cuando todo esto se acabe, cuando mis padres ya no estén a mi lado, en qué lugar me encontraré ¿con quién? Oh… yo quisiera que esto no se acabase nunca, seguir siendo una niña siempre. Sin embargo, me doy cuenta de que esto no durará. Sé que solo los parásitos cruzan por esta vida sin hacer nada útil para la sociedad y yo no quiero ser un parásito. He tenido una existencia fácil, feliz sin preocupaciones ni penas, pero voy haciéndome mayor. Tengo 18 años, este año he de acabar la reválida y prepara 5º y 6º, hacer el servicio social…pero el año que viene trabajaré, quiero ser útil. Es una idea que se me ha metido en la cabeza desde el verano. No quiero depender de nadie. Quiero ganar y gastar mi propio dinero. Necesito estar orgullosa de mí misma, saber que no soy una simple muñeca de salón y hacer algo positivo.
Es curioso leer todo esto cuando ya se conocen las respuestas… produce una sensación agridulce bastante desconcertante, mezcla de triunfo y fracaso a la vez Yo esperaba mucho de mí misma y creo haber cumplido algunas de las cosas que me propuse hacer: He sabido ser independiente, ganar mi propio dinero, he viajado mucho y he conocido a todo tipo de personas, he superado momentos muy duros y difíciles y creo que a veces he sido útil a los demás, pero no sé si he sabido ser útil a mí misma. He aprovechado mi tiempo en muchas cosas, especialmente en la faceta de correr aventuras y riesgos, pero por otro lado lo he desaprovechado en otras porque no creo haber promocionado suficiente mis valores internos, la cubierta no solo deslumbraba a los demás me deslumbraba a mí.
Una de las cosas de la que más me lamentaba era de la incomunicación:
-Yo desearía confiar mis penas a alguien que supiera comprenderme y consolarme un poco, pero ¿a quién? ¿A mis padres que no pueden entenderme? ¿A una amiga superficial y vacía? ¿A un chico que no sepa ver en mi otra cosa que el físico? Estoy sola. Acabo de cumplir 18 años. A veces creo que he vivo mucho, pero a veces me doy cuenta de que en realidad no sé nada. Nada. Solo soy una chica llena de miedo y terriblemente sola. Y unas páginas más adelante añadía: Quiero ir a todos los lugares que tengo curiosidad de ver. Quizás sean malos, no importa, Quiero vivir mi vida y los demás me estorban.
Mi idea socrática sobre la ignorancia del ser era sorprendente especialmente viniendo una persona a la que la vanidad podía haberle embotado la mente, pero yo sufría a pesar de los halagos y me pregunto ahora si quizás buscaba el sufrimiento por algo más que simple masoquismo o quizás tenerlo todo tan fácil me hacía desear lo difícil como una manera de activar mi pensamiento, luchar por alguien o por algo puede servir también para evolucionar siempre y cuando intentes resolver los problemas con ingenio, pero me costó mucho aprender que en el fondo siempre se está solo y que nadie puede sentir y pensar como tu porque nadie eres tú.
–Hay una voz imperiosa, extraña dentro de mí que me ordena ¡escribe! Debo escribir, es el grito de mi generación, la juventud pasa rápida, todo lo que puedo dejar en su recuerdo son estas breves líneas en el papel de un diario personal, debo expresar lo que siento lo que pienso lo que odio lo que amo. Quiero vivir mi vida. Todo me parece digno de experimentarse, todo, bueno y malo, sin distinción y no hay tiempo, apenas si puedo respirar, todo es difícil. Tengo unas ganas locas de vivir mi vida ¿no es lógico? Desde que cumplí 18 años me ha sucedido algo extraño, ya no sueño como antes. Sé que me queda poco tiempo y hay que aprovecharlo: he cambiado tanto que tengo miedo de mí.

Siento admiración por aquella chica luchadora que se estaba descubriendo a sí misma con todas sus virtudes y sus debilidades. Aquella chica que solo deseaba ser ella misma, pero me sorprende que ya entonces el paso del tiempo me preocupara tanto. Ser joven eternamente siempre estuvo en mi mente Ahora me pregunto si no existe el tiempo y solo nosotros creamos su existencia y es por ello por lo que sigo siéndolo todavía. Creo que realidad siempre he tenido todo el tiempo del mundo para vivir lo que yo he deseado vivir. Y si lo he deseado y lo he vivido no importan los resultados.
Dudaba mucho y mis ideas fluctuaban constantemente entre un polo y el opuesto. Se me están centrando las ideas. Empiezo a saber lo que quiero y por qué lo quiero. Antes solo veía la atracción física. Mi amor por Noli es un ejemplo de ello, pero yo creo que toda chica debe experimentar eso para saber elegir después, para aprender a separar lo bueno de lo malo, porque… ¿cómo puede uno apartarse de lo malsano sino sabe realmente en qué consiste? Yo ya lo se ahora y creo que lo necesitaba… Que pasiones, que tormentas, que angustias vibraban este verano en mi alma de 18 años. Ya ha pasado todo, aquello no podía hacerme feliz, aunque entonces lo pareciera. He sentido amor nacido de la carne, Dios quiera ahora darme amor nacido del espíritu. Este es el único verdadero.
Lo buscaba, pero de ningún modo había encontrado ese punto de equilibrio que yo deseaba tanto para sentirme en paz conmigo misma.
Hubo alguien verdaderamente importante en mi vida a los 18 años: Enrique Garriga, bohemio, fanfarrón, mentiroso y pícaro, buen pintor y pésimo estudiante. Hijo de padres separados, vivía con su madre y era la oveja negra de todos sus hermanos, Enrique tenía también todos los ingredientes necesarios para hacerme perder completamente la cabeza, Su personalidad era distinta a todos los otros chicos que había conocido hasta entonces y yo adoraba eso. Era muy alto y hasta algo feo, pero tenía unos ojos grandes y tristes que me hechizaban y una voz mezcla a la vez de espiritualidad y sensualidad que me seducía. Salir con él era como andar sobre una cuerda floja, a veces estaba pendiente de mí y otras no, con él podías caer en cualquier momento al suelo desde las alturas y mi recién hallado equilibrio volvió a desmoronarse. No recuerdo como le conocí, pero sí que al principio me sentí mucho más atraída por un amigo suyo, un tal Leopoldo quien a pesar de tener un nombre que me pareció horrible encontré guapísimo y con el que mantuve un romance bastante intenso y sobre todo bastante complicado. Cuando salí por primera vez con Leopoldo el mismo Enrique le advirtió: “Cuidado como te comportas con Gloria porque es como una hermana para mí”. Como los sentimientos de las personas acostumbran a ser devueltos del mismo modo Enrique fue para mí durante mucho tiempo algo parecido a un hermano mayor, y aunque después aquellos sentimientos se trasformaron en romance, quizás por haber comenzado de un modo distinto nuestra relación fue más profunda que las otras y entre toda la avalancha de admiradores que me asediaban a los 18 años solo Enrique siguió siendo recordado durante muchos años.
Entre todos mis amoríos y conquistas más o menos pasajeras creo que debo citar a algunos de los más representativos
Leopoldo Espuny, un niño guapo típico conquistador de la época que se jactaba de haber vivido mucho y tener gran experiencia de la vida: A su lado me siento pequeña y protegida. Ayer noche apenas si pude dormir pensando… yo no quiero ser mala, pero tengo ganas de que me bese una y otra vez…
Luis Fores, de la mejor sociedad de Barcelona, elegante y atractivo…Llevaba un traje oscuro que le sentaba de maravilla, estaba muy guapo, pero y lo que me dejo sin habla fue el coche nuevo larguísimo que conducía.
José María Soler: Rubio, alto y bien plantado. Elegante y culto, también perteneciente a la élite barcelonesa y además primo hermano de Angelines, Que se interesase por mí ocasionó una verdadera revolución familiar porque al parecer yo no estaba a su altura económicamente. Las chicas contemplaban con envidia a aquella muchacha que tenía la suerte de ir en semejante auto junto a semejante dueño… los chicos se quedaban mirándome con admiración y yo los miraba a todos sonriente dejándoles observar por breves segundos mis cabellos revueltos mis ojos rasgados y mi piel bronceada.
Enrique Vilarasau: tocaba la guitarra maravillosamente y era muy sensual bailábamos como si estuviésemos haciendo el amor: Era tan romántico estar de noche en un jardín iluminado por la luna con un chico guapo que sabe cantar canciones mirándote a los ojos...
Y también podría añadir a Julio del que hablaré más adelante y cuya característica más divertida era ser nada más ni nada menos que hermano de Enrique.
En una de mis confesiones a mi diario, logre ser completamente sincera conmigo misma al escribir: Me he dado cuenta de una cosa importante: Yo no estoy enamorada de nadie. A mí me encanta salir un día con uno y otro día con otro, me vuelve loca de remate recibir cantidad astronómica de llamadas telefónicas y me chiflan por completo los piropos y coquetear con todos. Los 18 años se me han subido más que nunca a la cabeza. Yo creía que al cumplirlos ya serla mayor y perdería mis estupendas libertades para hacer el gamberro como solía hacer, pero me equivoqué por completo ¡bendita vejez! Estoy pasando la temporada más maravillosa de mi vida. Todos los días me llaman hasta 6 chicos por teléfono. Además, tengo plan para ir a bailar o al cine o a donde se me antoje con los tipos más impresionantes que imaginar se pueda. Sin embargo, hay algo que ensombrece mi felicidad. ¿Es esto normal? Sé que soy bonita pero también se por experiencia que no hay bien ni mal que cien años dure ¿cuánto durara esto? A veces me parece demasiado impresionante para ser verdad. – Esta falta de confianza en la vida era sin duda lo que limitaba mis aspiraciones.
Pero ahora creo que ya es momento de hablar sobre el machismo. En los años 60 una muchacha que se dejaba besar y abrazar sin ser novia formal era considerada una chica fácil, y a la larga o a la corta acababa inspirando desprecio, a las chicas de entonces los chicos nos tachaban de reprimidas y mojigatas y en realidad eran ellos mismos los que nos convertían en eso, sin embargo, tampoco puedo culparles del todo, porque ellos también eran víctimas del machismo como nosotras. Mis pensamientos sobre el tema son muy elocuentes. Estoy viendo que todos van detrás de mí como locos, pero en cuanto les hago un poco de caso desaparecen o sea que de ahora en adelante voy a convertirme en una estatua de hielo viviente. Los chicos se creen que es fácil ser así que siendo joven y llena de sensaciones sensuales no cuesta nada, negar y negar siempre, pero esta equivocados. Soy latina, ardiente y apasionada. Todo el fuego que se esconde en mi corazón lo traicionan mis ojos y mi risa alegre pero un poco loca… es algo terrible… pero nadie que no sea yo puede entenderlo…

Lo peor es que todos estos propósitos siempre o casi siempre se quedaban en eso, solo propósitos, era muy difícil acallar la llamada de la naturaleza, y ello me ocasionaba arrebatos de furia, remordimientos, y sobre todo una gran irritabilidad contra todos y contra todo. A veces me decía a mí misma:
No sueñes Gloria, no sueñes demasiado porque cuando más altos sean tus sueños más fuerte y dolorosa cera la caída. Y de tanto caerme he llegado a hacerme mucho daño y no quiero seguir sufriendo más.
Era una lástima que a los 18 años yo hubiese dejado de soñar porque con los años me he dado cuenta de que todo deja de ser posible cuando se deja de soñar en ello. Estaba completamente inmersa en un loco juego de amoríos, que, aunque me excitaban y me apasionaban en realidad me destrozaban anímicamente porque en el fondo muy en el fondo de mí misma solo quería encontrar un hombre bueno que me aceptase y me quisiera de verdad.
Una vez si encontré a alguien que verdaderamente me quería. Me rogó que si no tenía ninguna esperanza se lo confesara abiertamente porque no quería seguir forjándose ilusiones para luego saber que yo no podría llegar a quererle nunca y yo, con todo mi cinismo le contesté que estuviera tranquilo al respecto, que si alguna vez me interesara por otro se lo diría pero que simplemente me consideraba muy joven y tenía unas ganas enormes de divertirme y que podía concebir todas las esperanzas que quisiera.- Le dije que no me interesaba por nadie y por lo menos cincuenta chicos me gustan con locura- y añadí con gran perspicacia – Aunque quizás es este aspecto no haya sido mentira porque de manera que me gustan cincuenta es que ninguno me gusta de verdad –
Juan Vallés para mí no tenía el atractivo de los demás, era demasiado bueno y sencillo. a pesar de poseer una de las mayores fortunas de Barcelona, quizás podía haberme hecho muy feliz o al menos lo hubiese intentado, pero naturalmente a mi Juan no me atraía y solo lo utilizaba como comodín para salir cuando otro que me gustaba más me fallaba. Jugaba con él como los demás jugaban conmigo. De hecho, no podía quejarme de nada. Cosechaba lo que yo misma sembraba.
De entre todo aquel batallón de muchachos que me perseguían a los cuales yo fingía rehusar para ceder después a sus demandas y que a su vez me dejaban en cuanto conseguían lo que querían, Enrique Garriga fue para mi algo distinto porque con él por primera vez hice algo que jamás creí podría hacer. Le besé yo y le confesé que también le quería. – Jamás pude besar a otros, aunque siempre me lo pedían, quizás era timidez, pero fuese lo que fuese era superior a mis fuerzas y sin embargo en las mejillas de Enrique fui depositando mis besos, los primeros que he dado en mi vida. Y gracias a él recobré algo de la sabiduría que no había vuelto a tener desde los 14 años. -No puedo asegurar cuanto va a durar esta historia esta vez, pero lo quiero ahora y yo vivo el presente, no pienso en el pasado ni en el futuro. Creo que la verdadera formula de la felicidad es precisamente esta. Vivir intensamente casa segunda, cada minuto de lo que se me ofrece, sin pensar en nada más. Sé que nuestro amor un día u otro se romperá, pero le abrazo y le juro cariño porque deseo vivir junto a él esta vida que desconozco que deseo explorar y todo lo que pueda brindarle. Enrique es desgraciado y yo siempre he sido un poco maternal. Si le puedo dar mi cariño y ese puede animar su espíritu ¿qué más puedo desear? La ley de Dios me manda practicar la caridad y el bien ¿acaso no es caridad proporcionar consuelo a un alma que sufre?
Esa fue otra de las características que me marcaron para siempre: Ayudar a otro para sentirme más fuerte Sin embargo mi ayuda nada tenía de altruista porque solo ayudaba a quienes me ofrecían compensaciones por ello.
Sin embargo, mi consabido sentido práctico que me hacía superar todos los contratiempos. – No soy tonta sé lo que puede ocurrirme. He vivido ya demasiado para no darme cuenta y ya no confío en nadie, soy un espíritu envuelto en carne que necesita encontrase a sí mismo y procuraré hace felices a los demás mientras no encuentro lo que puede hacerme feliz a mí. Dudo que nadie me comprenda. Creo que ni siquiera me entiendo a mí misma.-.
Mi historia con Enrique fue pintoresca, la casualidad hizo que conociese a su hermano Julio por teléfono y aquella nueva relación rompió la consabida repetición de ligues vacíos y superficiales que me rodeaban, porque lo conquisté sin haberme visto la cara. – Todos se sienten atraídos hacia mí por mi físico, pero me he dado cuenta de que la simpatía es también un factor importante de mi éxito y estoy satisfecha. –Cuando al fin le conocí personalmente me quedé sorprendida de que después de varias citas no hiciese el menor intento de coger mi mano o rodearme con sus brazos para intentar besarme, me gustó porque yo necesitaba una amistad limpia y poco a poco fui enamorándome de él, pero Enrique siempre estuvo en mi pensamiento. – Julio parece bueno. Es curioso tanto besar y abrazar par después correr como una loca tras una amistad que quizás me conduzca al verdadero amor Esta visto que la clase de vida que empezaba a llevar no me hacía feliz, quizás yo no sea mala en el fondo. Parece curioso que una chica como yo tan acostumbrada a salir con los chicos más diferentes e ir a los sitios más diversos, me sienta tan contenta únicamente viéndole, hablando y sintiéndome compenetrada con su alma. Creo que es lo que me hace falta si no quiero llegar a convertirme definitivamente en una chica ligera, fácil y sin conciencia. Enamorarme de muchacho bueno es el único remedio para encontrarme a mí misma y disipar a las torturas de mi alma Por qué ¿es bueno dejarse besar y abrazar por unos y otros solo por una mayor o menos atracción física? No sé, pero cuando llego a casa después de una de esas tardes extrañas me siento más sola, más triste más vacía que nunca y por eso he deducido que no es bueno o a lo menos no me hace feliz, me embriaga, desahoga los deseos de mi cuerpo, pero no me da ese algo… lo que yo deseo. Algo en que creer. Y si no lo encuentro pronto volveré a caer, a dejarme arrastrar por es poderosa corriente que llevo en mí y seré mala. He tenido muchas ansias de vivir, ahora tengo ganas de descansar un poco de frenar y apoyar mi cabeza sobre un hombro comprensivo. En el fondo soy una pobre chica que no hace más que buscar desesperadamente una razón que llene su existencia y besar no es suficiente. Me gustaría amar mucho y ser amada de la misma manera no solo por mi cuerpo si no por lo que hay en su interior. Seria tonto decir que a mis 18 años la vida me ha endurecido, sencillamente me ha decepcionado, estoy empezando a encontrar que la moral no es más que un hermoso cuento de hadas de niños pequeños y necesito demostrarme a mí misma que eso no es verdad que todavía existe algo por lo que merece la pena vivir, me parece que estoy en una época muy crítica, no sé si va a decidirse mi destino y se igualmente que si no me agarro a una tabla salvadora me hundiré para siempre en este océano de aguas oscuras porque ¿sabes diario? Estoy empezando a ser mala y no quiero serlo, pero ¿por qué y por quien voy a cambiar si todo es falso a mi alrededor?
Si Julio me defrauda sé que no me hundiré en la tristeza porque mi espíritu se ha revestido de una impermeabilidad sobre la que todo se desliza sin dejar huella, pero me gustaría que no fuese así. Es una esperanza. Creo que he encontrado un poco la razón de mi existencia ya estaba yo harta de tanto besar y besar tratando de hallar algo que completase esta vida extraña que llevo en mí.
Aquella relación terminó pronto, no recuerdo cómo ni porque, pero me imagino que la ruptura debió estar relacionada por el hecho de que su hermano Enrique todavía me inspiraba una fuerte atracción y él no era un muchacho dispuesto a dejarme jugar frívolamente con los dos. Así pues, un día desapareció, y ya no volví a verlo más. A Enrique si volví a verle años después. Yo estaba cenando en un restaurante típico en Barcelona con unos amigos y él demacrado, con una calvicie incipiente y una palidez casi enfermiza recorría las mesas vendiendo sus cuadros a los clientes. Le compré un paisaje con el mar teñido de rojos y violetas al atardecer y no se lo compré por nostalgia o por hacerle un favor, sino porque me gustó y además me lo vendió barato. Me explicó que se había casado con una inglesa y que sobrevivía pintando. Aquella noche me pregunté que podía haber visto en él años atrás. Ahora creo que Enrique despertaba en mi interior los más profundo deseos de romper con todo lo que me rodeaba. Él era para mí la representación de la libertad. Si le hubiera seguido quizás me hubiera salvado de vivir eternamente con el pensamiento en un bando y el corazón en el otro. Y comprendo porque también me enamoré de su hermano. Julio representó para mí absolutamente todo lo contrario: la serenidad, la estabilidad y un cariño leal, sencillo y sincero. Los dos fueron polos opuestos por los que yo navegaba completamente perdida e indecisa. Las dos grandes tendencias que han marcado mi vida y por las cuales yo nunca he sabido decidir. Pero lo cierto es que solo sigo recordando a Enrique y que Julio se hubiera desvanecido completamente de mi memoria, si no lo hubiese reencontrado todavía vivo entre las páginas de un diario escrito a los 18 años, años que pasaron llenos de vacío y de plenitud, de angustias y de maravillas, y también terriblemente desaprovechados cara a mi futuro ya que, como naturalmente era de esperar, suspendí el curso.,
Cuando iba cumplir los 20 conocí a Fausto. Este es un capítulo decisivo ya que todo lo que ocurrió después fue una consecuencia de aquel encuentro y probablemente todo hubiera sido muy distinto si no hubiese tropezado con él en un momento determinado de mi vida.
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