LA HISTORIA DE MI VIDA (FAUSTO Y YO)

MI PRIMERA JUVENTUD

Cuando me presentaron a Fausto, solo puede pensar una cosa: Es él…

En realidad yo ya le había conocido hacia algún tiempo en Caldetas, las chicas del grupo hablaban mucho sobre aquel personaje “tan atractivo y tan interesante” y que además “tenía un nombre tan original…” y creo que verle me impresiono un poco como solían impresionarme todos los chicos guapos. El físico siempre ha tenido para mi una gran importancia estética, quizás porque soy artista y sensible a la belleza. Pero otros personajes ocupaban mi mente por aquel entonces y él era muy tímido… no era nuestro momento.

Cuatro años después fue diferente. Fausto representaba exactamente para mí la imagen del chico ideal, al menos externamente. No solo era guapo, sino también educado, sensible, culto y de buena familia, con ello se sobreentiende: familia tradicional, católica y de buenas costumbres, es decir la familia burguesa patrón.

Según mi propia descripción: Se llama Fausto Labal, tiene 21 años y medio y esta estudiando tercero de medicina en la facultad, su pelo es de color castaño y los ojos de color indefinido, la nariz respingona y muy peculiar. Aunque no es alto si es muy fuerte sus brazos son tan duros como piedras y sus espaldas anchas y recias. Su carácter afable, dulce, tranquilo.. sueña con ideales sublimes y tiene un concepto del amor puro, además es constante, tímido y fiel.

Probablemente él era si cuando le conocí. Pero aquel muchacho con apostura de galán de cine, aunque suene cursi decirlo, se convertiría con el tiempo y bajo la influencia de su madre, una viuda todavía joven que idolatraba a su único hijo, en el clásico español machito, hombre y señor de la creación alrededor del cual todo debe girar, sol, luna, estrellas y por descontado la mujer, especialmente la suya. El problema de nuestro noviazgo, que duró mas de cuatro años, fue que él jamás consiguió hacerme girar alrededor de él y así pues acabé saliéndome de órbita. Pero en aquel tiempo yo no vi nada de todo esto y como muestra de ello, he aquí lo que escribí en mi diario en el año 1961, pocos días después de haberle reencontrado.

Todo viene a su debido tiempo, diario… ¿me recuerdas a los 15 años? En tus paginas yo reflejé fielmente aquella imagen de chica ingenua con zapatos planos, faldas anchas y cabellos largos. Aquellas salidas en pandilla, las reuniones donde se bailaba, se flirteaba, se aburría y se divertía a discreción, el día en que Javier Lubelza me cogió la mano bajo la mesa de un merendero y luego la primera vez que me dieron un beso. ¿Recuerdas también como poco a poco fue cambiando todo? Ya no iba en pandilla. Comenzaba a salir en pareja e íbamos a fiestas, al cine…luego, todo desembocó en la época dorada de los 17 años. Estoy segura de que nunca me divertiré tanto como entonces, cada día salía con un chico distinto, a veces muchos besos en un rincón apartado y otras, las menos, simple amistad.. Y sin embargo, a pesar de todo ello, la certeza de que con gusto renunciaría a todo ello únicamente por encontrar alguien bueno que me amase por lo que verdaderamente soy. Pero querer encontrar el amor antes de tiempo es a veces una equivocación y después la sensación de fracaso y la decepción es terrible. De todos modos eme ahora aquí los 19 años con el amor esperado a mi lado. Ahora puedo al fin sentirme feliz…Como de costumbre me engañaba a mi misma…

Después de nuestro reencuentro, cada vez que le veía no podía dejar de pensar: He aquí un chico con el que me gustaría salir. Mi alegría fue inmensa cuando me telefoneó. Recuerdo nuestra primera cita ¡qué feliz me sentí aquella tarde! Fimos a una boite llamada Chez nous y pedimos un pepsi cola y un cuba libre a un camarero despistadísimo que nos trajo dos Cuba libre de ron y ginebra. Luego empezamos a bailar con los rostros muy juntos riéndonos de todo como dos chiquillos, cuando terminaba el disco nos íbamos a un ángulo de la sala nos cogíamos de las manos y permanecíamos mirándonos mucho rato sonriéndonos. Yo solo veía sus ojos limpios, de niño bueno y me olvidaba hasta de donde estaba, creo que me olvidaba hasta de hablar que ya era lo máximo que podía ocurrirme. Luego volvíamos a bailar y yo cerraba los ojos y soñaba. Creo que el también cerraba los suyos. Recuerdo que una vez, al terminar el disco, nos quedábamos en el centro de la sala y continuamos mirándonos sin cansarnos sin darnos cuenta de que estábamos solos en la pista. Cuando volvímos a sentarnos él me rodeaba el hombro con su brazo y yo apoyaba la cabeza en el suyo, luego nuestros labios se unieron con dulzura. Fue nuestro primer beso. Me he enamorado de él– me dije a mi misma cuando nos separamos y deseé que aquella tarde durase siempre.

Cuando me dejo en casa sin pedirme para volver a salir otro día me sentí destrozada, pensé que se había burlado de mi y pasé una noche horrible. No me atreví a contarle nada a mi madre porque yo sabia que no solo no me hubiese comprendido sino que me hubiese reñido por haber consentido que me besase. Estuve llorando hasta la madrugada.

Al día siguiente me telefoneó. A partir de entonces lo hizo cada día y seguimos saliendo ininterrumpidamente. Nuestro amor era casi infantil, puro y sencillo, pero estoy hablando del principio de nuestra relación, cuando todo parecía perfecto ¿Y sabes una cosa diario?.- escribí. Ahora que he conocido a Fausto y con él todas la alegría de un amor bueno, me avergüenzo con toda mi alma de haber besado a otros de un modo horrible y haberme recreado en aquellos besos impuros. ¿Y sabes lo que me gustaría? Que él hubiese sido el primero en besarme y abrazarme. Fausto se merecía encontrarme más buena y a mí me hubiera gustado serlo solo para él. ¡Cómo hubiera cambiado todo si el primer contacto con el amor hubiera sido así!, pero quizás entonces no le hubiera valorado en lo que vale. A mí me gustaría ahora que todo el mundo se enterase de mi amor, propagarlo a los cuatro vientos pero ¿cómo decírselo por ejemplo a mi madre? Ella no sabe lo que realmente sucede entre nosotros, ella no puede suponer con su mentalidad de 55 años que Fausto pueda haberme besado y yo a él. Ella no puede distinguir la enorme diferencia que hay entre los besos puros las caricias llenas de amo, los abrazos sensuales y los besos lascivos. Para ella un beso es simplemente un beso y por eso yo no podría decirle nunca que Fausto y yo nos hemos besado porque enseguida vería las cosas bajo el lado sucio y repugnante. De todos modos he seguido alguno de sus consejos: Me dijo que a un hombre no hay que atarle nunca porque cuando presiente que va a perder su libertad siente unos deseos terribles de huir y cuando mas libre y codiciada ve a la mujer que quiere mas la desea, añadió si me ponía en plan sumiso nunca podría retener a nadie.

Tengo que reconocer que las críticas que de mi madre, dentro de su óptica ciertamente machista, no iban tan desencaminadas. En realidad nuestro noviazgo empezó bajo una mala base y si yo no hubiese estado tan deslumbrada por su físico de galán de cine (y aquí quiero adjuntar unas fotos en las que posó con el uniforme militar de los Estados Unidos que le presto un amigo americano para constatarlo) yo me hubiera tenido que dar dado cuenta de que a pesar de su arrogancia aquella reacción era una clara prueba de la debilidad de su carácter. Pero mi madre como no estaba deslumbrada `por su guapura si lo advirtió.

Siguiendo el curso de mi historia el día 26 de Noviembre de 1961, escribí rotundamente en mi Diario.

Hoy yo Gloria Corrons a la edad de 19 años un mes y 18 días, puedo afirmar solemnemente que lo tengo todo para ser feliz. Una familia buena que me quiere, una posición económica desahogada, unos estudios que me gustan, belleza física, salud, un chico guapo y bueno al que quiero mucho y que a su vez me quiere y además creo en Dios. Nunca me cansaré de darle las gracias.

Estas frases no eran una simple repetición de muchas parecidas escritas a lo largo de mi adolescencia en mi diario, la relación con Fausto iba absolutamente en serio por parte de los dos y yo después de conseguir lo que había estado esperando durante todos aquellos años volvía otra vez a experimentar una felicidad parecida a cuando tenia 13 años y no esperaba nada mas que vivir el presente en intensidad: Solo se que lo he encontrado y que en sus besos y en sus brazos calmo la sed de amor que tenía mi alma, ya no me importa no ser la mas bonita o la mas admirada, solo me importa él, ser, vivir respirar junto a él , es mi único deseo.

Pero esto no era cierto. Yo esperaba mucho de Fausto

Estoy profundamente enamorada y no me importa esperar siete años hasta que acabe la carrera si al final podemos casarnos, tener un piso chiquitín y confortable y un montón de niños hermoso y adorables. Este es mi sueño. Es terrible tener que separarnos cada noche a las 9 y media. Es terrible tener que ocultarnos para besarnos y acariciarnos. Tantas cosas son terribles… La gente, el mundo en general nos estorba cuando estamos juntos. Yo vivía el presente intensamente pero en el deseo impaciente y torturado de aquel futuro glorioso. Aquello cambiaba completamente el sentido de mi felicidad y la ensombrecía.

¿Que dejo atrás aquel gran amor que si bien no eras el primero si era y como se solía decir en aquella época, el formal?

Primeramente: Fausto fue quien me hizo descubrir el sexo en su totalidad, mejor dicho, lo descubrimos mutuamente. Hasta el momento todas mis experiencias se habían limitado a caricias furtivas en la oscuridad que me dejaban llena de desasosiego y en consecuencia, nunca llegaban a compensarme de la angustia y los remordimientos que sentía después al llegar a casa.

Pero Fausto y yo nos enamoramos verdaderamente el uno del otro y aquello marcó una gran diferencia. Aun recuerdo la sorpresa del primer orgasmo en la solitaria sala de un cine. Aquel delicioso placer desconocido me estremeció desde la raíz del pelo hasta la punta de los pies, nadie me había explicado nunca que aquello podía ocurrir. Después de aquel inesperado descubrimiento nos hicimos asiduos asistentes a aquel

cine de barrio poco concurrido. Íbamos cada día a ver la misma película de la que naturalmente, no nos enterábamos de nada, nos sentábamos en el extremo de la ultima fila y cada vez nos hacíamos mas y más expertos en aquel lento descubrimiento de nuestros cuerpos. Un día Fausto rompió mi virginidad jugando con sus manos bajo mi falda. Fausto palideció cuando vio sangre en su mano y yo a partir de aquel momento yo me sentí ligada a él para siempre, ya no podía ser de otro porque según lo que siempre me habían dicho, le acababa de entregar lo mejor de mi misma.

En mis largas coloquios con mi diario escribí algo que define muy bien lo mi concepto global del amor:. Podemos hablar horas y horas de nuestro futuro matrimonio, nuestros futuros hijos y nuestra futura casa y sin embargo cuando nos quedamos mirándonos a los ojos durante ratos interminables, simplemente acariciándonos nos es imposible decirnos lo que nuestras miradas reflejan. Que nos queremos. Yo creo que el cariño no necesita demasiadas palabras, porque al expresarlo es como si perdiera un poco la elevación sobre las cosas materiales que nos rodean.

Tarde poco en darme cuenta que Fausto a sus 22 años tenía la misma forma de pensar que debían tener sus abuelos. La igualdad entre un hombre y una mujer no existía para él y yo, como ser inferior, poseía una serie de defectos típicamente femeninos que él, como ser superior, debía encargarse de corregir. Supongo que debido a mi juventud debió pensar que podría moldearme a su gusto como una pelotita de cera plástica.

Al principio no me di cuenta de su forma de ser, básicamente inculcada por su madre, pero ciertos detalles que entonces los califique de muy románticos debieron ponerme ya muy alerta.- Llevo una inscripción en mi pierna derecha. Una marca que no borraré ni siquiera al lavarme. Esta escrita en bolígrafo rojo y pone sencillamente Mía. Me la ha escrito Fausto esta tarde y es como un símbolo porque es cierto, yo le pertenezco. Yo soy suya, suya para siempre y estoy terriblemente satisfecha de llevarla.- Cuando escribí aquello no tenía ni la más remota idea de lo que pertenecer a alguien significaba. Con el tiempo me di cuenta de que aquella inscripción de la que yo estaba tan orgullosa, significaba ni más ni menos que la anulación de mi misma para convertirme en la imagen de otra persona que no era yo. Y tras un largo proceso, ocurrió también lo inesperado: cuando más y más intentaba Fausto trasformarme, mas y más se avivaron mis ansias de rebelión. Aquello fue el principio del fin, pero no quiero adelantar acontecimientos

A Mis padres Fausto no les gustaba demasiado, especialmente porque le faltaban aún muchos años para terminar la carrera de medicina lo cual significaba un noviazgo largo y tampoco la profesión de medico les parecía la más idónea para la que debía ser su mujer. Como casi siempre acertaban, aunque los inconvenientes no eran los acertados. El verdadero inconveniente era mi personalidad. Ellos sólo estaban preocupados porque una ruptura después de mucho tiempo de salir juntos equivalía a quedarme sola siendo ya no tan joven y en consecuencia con dificultad para encontrar otro pretendiente, esto era importante en aquélla época, porque una mujer ya usada, en el sentido peyorativo de la palabra era rechazada por los demás hombres, la mujer debía conservarse intacta hasta el matrimonio, y hasta mis propios padres intuían el riesgo que conllevaba conservarse intacta o sea virgen después de tantos años de relaciones. En cuanto a su futura profesión supongo que no debían verme con el suficiente espíritu de sacrificio para soportarla.

Yo naturalmente no los entendía, Fausto me había dado la seguridad el apoyo y la confianza que yo necesitaba y a su lado ya no había vuelto a sentirme sola. ¿Pretendían acaso que yo destruyese mi felicidad simplemente porque a ellos no les gustaba su profesión? Era absurdo.

Completamente enamorada y sin darme cuenta de que se me estaba manipulando escribía en mi diario: Él es el único objetivo, el único anhelo de mi vida. Quiero aprender a cocinar, a llevar una casa solo por él. Quiero maquillarme como a él le gusta, vestirme como él prefiere.Quiero identificarme con sus gustos y sus aficiones, quiero ser en suma tal y como él desea que yo sea. Ayer en el cine me pregunto: ¿no cambiaras nunca? Y cuando yo le contesté que no, dijo: No quiero que cambies, deseo que seas siempre como ahora mi pequeña! Limítate a decirme te quiero mas veces.- Le adoro. Él es mi vida.

El lavado de cerebro parecía completo y poco a poco Gloria se convertía en una cosa bien educada que se vestía con una discreción rayana a la cursilería y que aprendía a cocinar y a cuidar de sus futuros niños, tomando clases de cocina y de puericultura en el instituto de la Mujer, un centro abierto por la Diputación de Barcelona para la preparación femenina al matrimonio. Aparentemente Fausto estaba ganando la batalla, pero era solo apariencia, en el fondo ya había comenzado a sonar un toque de alerta en mi interior que lentamente se convertía en una progresivo eco de indignación y deseos de libertad. Mi caso no era fácil, era la primera relación seria de mi vida, hacíamos continuos planes para el futuro, y poco a poco me fui apartando de mis antiguas amistades, ahora todos mis amigos eran los suyos y lo más importante: me había entregado a él físicamente, lo cual hacía que moralmente me considerase suya para siempre, era la única alternativa si ni me quería convertir en una pecadora según la iglesia católica, o una chica marcada según la sociedad. Mi camino estaba pues claro, o al menos yo no veía entonces otro. Además, y esto también es importante: me fui acostumbrado a su compañía como el que se acostumbra a una casa nueva o a un objeto doméstico. Es triste decirlo pero en la última etapa de nuestro noviazgo eso fue todo o que quedó de nuestro gran amor.

Nuestro primer pequeño roce importante, ocurrió naturalmente en la sala del cine donde prácticamente íbamos cada día a todo menos a ver la película. Fueron unas palabras suyas dichas medio en broma medio en serio y que me hirieron en lo mas profundo. Me dijo que quizás debido al hecho de no tener hermanos o el ambiente que yo había frecuentado antes no era una chica excesivamente pudorosa, (lo cual a mi entender equivalía a decir que actuaba como una fresca.) Indignada le pregunté como podía confundir la ligereza con el amor que yo sentía hacia él. Aquello le desarmó, casi se puso a llorar y me pidió perdón, me explico que quizás hubiese necesitado una hermana porque a veces ni siquiera sabia hablar a las chicas y expresar lo que sentía sin herir o ofender. Yo le perdoné aunque estaba muy claro lo que quería expresar y me sentí dolida. Con el tiempo todo pareció olvidarse pero en realidad nunca se olvidó, era la primera prueba de cuan distintos éramos los dos. Yo espontánea, y sincera, olvidaba los convencionalismos impuestos por una moral represiva y ya no sentía ningún remordimiento, estaba vez segura de mi amor y confiaba en el suyo. Pero Fausto obraba de un modo contradictorio porque en el fondo todos sus esquemas de colegio de curas seguían vivos en su forma de pensar y a pesar de ello actuaba de un modo contrario a sus ideas y lo peor es que en el fondo me culpaba a mi. En resumen: él pecaba, pero eras yo que le hacia pecar. Pero no voy a comenzar la historia por el final.

Durante aquellos cuatro años desde lo 19 a los 23, me matriculé en la Escuela de Artes Suntuarias Massana de Barcelona, una escuela muy antigua y de gran solera artística donde estudie la aplicación de esmaltes sobre metal. En realidad yo deseaba matricularme en dibujo y pintura, pero mi padre me aconsejó que si yo pretendía aprender un oficio para labrarme un porvenir debía estudiar otra cosa : Ya hay demasiados pintores– me dijo –y ningún pintor se gana la vida pintando, salvo contadas excepciones-Y añadió que si elegía la pintura estaba escogiendo un camino muy difícil. Estudiar esmaltes era una buena idea bajo el lado práctico, porque en aquella época los esmaltes estaban de moda y además solo se necesitaba un pequeño taller y algunos utensilios para realizarlos. Me convenció… Comencé a estudiar algo que estaba mas relacionado con las manualidades que con la creación artística y me equivoqué, los esmaltes no me gustaron jamás pero no quise defraudar a mi padre pues sabía que estaba ilusionado con la idea y estudié tres años aquella materia sin pena ni gloria perdiendo lastimosamente el tiempo.

No voy a escudarme ahora culpabilizando a mi padre, yo no supe ser suficiente valiente para decidir a pesar de herir sus sentimientos y me limité a mantenerme en un cómodo termino medio que no llevaba a parte alguna. Si me hubiese dedicado al dibujo hubiese podido expresar mi personalidad a través los pinceles y el lápiz y eso hubiera sido bueno para mí

Mi padre también se equivocó. Los esmaltes pasaron de moda y dejaron de ser un oficio rentable y yo con el tiempo me dediqué al dibujo y supe ganarme la vida, no pintando cuadros pero si estampados textiles, o sea combinando la comercialidad con la creatividad.

A parte de esto, continué con mis interrumpidos estudios de piano. Me matriculé en el Conservatorio del Liceo y tras varios años de asistencia a los cursos llegue a la conclusión de que tampoco el piano era mi verdadera vocación, me gustaba la música pero la voluntad que siempre había ejercitado tan poco, me fallaba. Estudiar interminables estudios y escalas me consumían de tedio y el placer que experimentaba tocando una pieza se desvanecía cuando debía estudiarla primero, así pues no llegué a acabar la carrera.

Con el tiempo me reencontré con el piano y descubrí que mi verdadero camino en la música era la composición, así pues los estudios realizados no fueron en vano y me ayudaron a tener una base para componer las miles de temas que fueron surgiendo poco a poco de mi interior. Mis composiciones fueron el reflejo de mi vida y probablemente si no la hubiese vivido intensamente nunca hubiese podido componer.

También ayudaba a mi padre en la empresa familiar. Mi trabajo consistía en aprender porque él opinaba que debía de empezar desde lo más sencillo para poder darme después trabajos de mas envergadura. En el fondo alentaba la idea de que quizás el día de mañana yo podría ser su sucesora en el cargo de gerente de la empresa que había fundado con su esfuerzo. Recuerdo muy bien lo monótonas y aburridas que se me pasaban las horas en el despacho archivando facturas y albaranes, escribiendo sobres a máquina y enganchando sellos. Llegaba casi siempre tarde al trabajo, hablaba por los codos con las demás secretarias y en resumen mostraba tal espíritu de informalidad e irresponsabilidad que él mismo tuvo que decirme después de algún tiempo que ya no fuese mas por allí. Mi imagen de pequeña burguesa hija del dueño, que mataba las horas en la oficina simplemente por ocuparse en algo daba un pésimo ejemplo a todos los demás empleados.

Después de aquello sus ilusiones de que yo fuera la futura sucesora de la empresa se vivieron abajo. El hecho de abandonar el despacho le convenció de que su hija jamás llegaría a convertirme en una mujer de negocios. Pero sin embargo no fue así. Mas adelante fui capaz de crear mi propia empresa como diseñadora textil, incluso viajar a Norteamérica y abrir allí un mercado por mi misma demostrando que había heredado sus cualidades de negociante. Esto me hace recordar una de sus frases, que fue todo una premonición: Gloria madurará algún día, pero será ya mayor y yo no viviré para verlo. Pero aunque me hice mayor, tampoco maduré en todo por igual… la faceta emocional tardó mucho más tiempo.

A pesar de los años que han pasado después de su muerte aun me parece estar viendo su rostro de finas mejillas en el que destacaban sus ojos de color gris metálico, penetrantes, inteligentes y bondadosos, oír el suave tono de su voz y sentir sus manos fuertes y protectoras sobre las mías, y también recuerdo el beso que solía darle cuando llegaba a la oficina y le encontraba invariablemente vestido con un pulóver verde o gris sobre su impecable camisa blanca trabajando incansable en su pequeño despacho privado. Siempre diligente y con un peculiar sentido del humor que disentía de su imagen aparentemente seria y reservada.

Fausto es un largó y decisivo capítulo de mi vida y debería dedicarle muchas páginas, pero voy a limitarme a lo más significativo porque he de reconocer que recordar que casi consiguió anular mi personalidad me es doloroso. Sin embargo ahora, viendo las cosas a distancia, puedo comprender que el día de nuestra ruptura, que yo consideré entonces el mas desgraciado de mi vida, fue uno de los mas felices porque me liberó de una cadena que podía ser perpetua y todo lo pasado me sirvió para aprender mucho. En realidad nuestro noviazgo comenzó ya bajo un cariz poco prometedor que debía haberme puesto en alerta desde el principio.

Antes de conocerle yo había estado saliendo, como ya explicado a lo largo de muchas páginas, con mi amigo José Ramón y su grupito, (apodados el grupo de Vía Augusta Muntaner, porque se pasaban las horas apoyando sus jóvenes traseros en la barandilla de la entrada del metro donde se cruzaban las dos conocidas calles de Barcelona). Entre dicho grupo empezó a circular un rumor sobre mi persona que se propagó a velocidades de vértigo. De hecho nunca pude llegar a enterarme bien de lo que comentaban, pero debería ser sabroso a juzgar por la indignación de Fausto al llegar a sus oídos. Herido como el macho ibérico cuya figura y temperamento representaba fielmente, no podía continuar siendo el novio formal de una chica a la que llamaban «fresca», (supongo que era eso lo que se comentaba) si aquello, fuese lo que fuese, seguía propagándose iba a ser el hazmerreír de sus amigos. Fausto no podía consentir que semejante mancha cayera sobre su hombría y no parecía tener el valor suficiente para salir en mi defensa. Esa era característica que entonces no supe o no quise ver siquiera. Fausto era un cobarde.

Así pues un día me preguntó por teléfono que había de cierto en todo aquello, aunque tampoco supo decirme que se me acusaba, no sé si por no herir mis sentimientos o por que ni siquiera él sabía lo que se estaba rumoreando, se rumoreaba algo y con eso ya era suficiente. Al oírle yo estallé en sollozos histéricos lo que ocasionó dado el ruido de los mismos que también mis padres se enterasen del problema. Mi padre se afectó mucho e incluso habló con él a través de la línea telefónica para pedirle detalles sobre el presunto vergonzoso asunto. Mi madre, muy clarividente en aquella ocasión, me aconsejó dejar a Fausto inmediatamente. – Un hombre que te pregunta si es cierto un rumor de ese tipo no merece tu confianza porque él no tiene ninguna en ti.- Aquella frase me hizo pensar mucho y me di cuenta a pesar mío de que mi madre tenía razón, así pues fui valiente y seguí sus consejos:

Si lo que has oído contar de mí, sea lo que sea,- le dije – ha de representar alguna duda en nuestra mutua confianza, es mejor que no nos veamos mas.– Pero en realidad no sentía lo que le estaba diciendo, solo me arriesgué porque estaba muy segura de que su respuesta iba a ser muy distinta, algo parecido a: Gloria, pueden decir lo que quieran, yo confío plenamente en ti. En lugar de ello sus palabras fueron:: Quizás tengas razón y sea mejor que dejemos de vernos. Se me heló la sangre en las venas… ¿era posible que yo hubiese escuchado aquello en la voz de mi héroe? En esa corta frase me estaba diciendo simplemente que daba mucho mas crédito a las palabras de otros que a las mías… pero mis ansias de ser amada me traicionaron, me tragué mis palabras y rectifiqué a tiempo. Le hice ver que en realidad solo importaba el hecho de que nos habíamos encontrado, que nos queríamos y que por ello debíamos seguir juntos. No me costó mucho esfuerzo convencerle. Me acababa de dar cuenta de que Fausto ya no era lo que había imaginado pero ya no podía vivir sin él.

La tormenta pasó contra viento y marea y Fausto y yo no nos separamos aunque desde aquel mismo momento nuestras relaciones empezaron en un plano de marcada inferioridad por mi parte y así continuaron. Él se había dignado perdonar a una chica de dudosa conducta (porque el asunto nunca quedó aclarado) y ante la duda yo debía estarle eternamente agradecida por no haberme dejado, así pues yo, sin ser culpable de nada, empecé a admitir su duda como una prueba de su gran amor por mí.

Le he encontrado a él y soy feliz. Sin embargo me atormentan todavía tantas cosas… A veces me parece que estoy sola en una montaña muy alta y rodeada de sombras y que alzo los brazos para abrazarle y no le encuentro, entonces le llamo desesperadamente y solo puedo escuchar carcajadas de burla. Son las voces de sus padres que se ríen de mí y de mi amor. A veces creo que ellos nunca me encontraran lo suficiente buena, lo suficiente rica, lo suficiente sensata para él y sufro mucho. Es como si quisieran quitármelo y yo no puedo renunciar a Fausto.

La obra de teatro estaba montada. Fausto representaba al dueño y señor, el macho fuerte y superior en todo y yo como mujer y hembra, representaba a un ser débil, sufrido por naturaleza y algo estúpido. La igualdad entre seres humanos sin importar el sexo era una utopía en aquellos tiempos, pero yo no había visto otra cosa desde mi infancia, había vivido esa desigualdad entre mis progenitores, aunque debo añadir que no creo fuese impuesta por mi padre sino mas bien reclamada por mi madre y aceptada por él como única solución cómoda para convivir ¿puede darse igualdad a quién no la desea? Después vi a mi hermana seguir claramente y sin vacilaciones ese camino ya trazado ancestralmente. Yo por analogía debía seguirlo como algo natural, pero tras el primer año de sumisión absoluta, ocurrió algo extraño: empecé a pensar y como es lógico pensar es un proceso lento siempre lleva al termino de una cosa y el comienzo de otra. O sea aquel proceso fue el principio del fin. Fueron un conjunto de pequeños detalles lo que despertaron mi mente de aquel sueño de alineación, Descubrí de repente que no llevaba los trajes que yo quería llevar, que no me maquillaba como me gustaba hacerlo, que no empleaba mi ocio de acuerdo con mis preferencias, que no estaba aprendiendo lo que yo deseaba aprender, en resumen que nada de lo que estaba haciendo iba de acuerdo con mi verdadero yo. Y me aterrorizó la idea de que de pronto me estaba convirtiendo en una persona que no me gustaba ser. Pero eso fue después

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Volviendo al hilo de la historia, lo peor de aquel incidente fue haber involucrado a mi padre en él. Tras varias entrevistas con los presuntos difamadores que siempre escurrieron el bulto con evasivas, ellos continuaron diciendo lo mismo de mí y además se rieron de su buena fe. Fausto me reprochó haber metido a mi padre en aquel lío, alegando que la defensa de mi honor le incumbía principalmente a él pero yo lo hice porque adoraba a papá hasta el punto de creerle omnipotente. Aquello me descubrió la terrible verdad, que papa no lo podía todo.

El verano del año 1962 la comarca barcelonesa del valles fue afectada por unas gravísimas inundaciones causadas por un fuerte temporal de lluvias tras tres meses de persistente sequía. Se desbordaron los ríos Llobregat, Besos y Ripio y las poblaciones de Tarrasa, Sabadell, Moncada y Rubí entre otras fueron arrasadas por las riadas que causaron mas de 700 muertos y 300 heridos. La industria española había conseguido crecer y absorber a los muchos que buscaban trabajo. Una avalancha de personas llegados en primer momento de manera ilegal se instalaron en barracas en los alrededores de los ciudades. El elevado número de victimas se debió a que el desbordamiento se produjo de madrugada cuando la gente se encontraba descansando. El agua destrozó numerosas casas y chabolas con sus habitantes en gran parte inmigrantes instalados recientemente en la zona industrial de Cataluña situadas hasta ahora en rieras secas Y también causó gravísimos daños en las industrias textiles situadas muy cercanas a los ríos.

Yo estaba pasando el verano con mi familia en nuestra torre de Sant Cugat en pleno Valles y durante varios días todos vivimos una larga y angustiosa pesadilla ya que todas las comunicaciones quedaron cortadas por las inundaciones y nos quedamos completamente aislados por el agua. Recuerdo que mi padre tuvo la suerte de coger el ultimo tren que pudo llegar a su destino, pocas horas después comenzó a llover con una furia inusitada y se mantuvo lloviendo sin parar durante días y noches enteros.. Encerrada dentro de la casa, viendo tras los cristales de las ventanas como el cielo se mantenía persistentemente oscuro y que el agua no dejaba de caer, llegué a pensar que aquello seria un segundo diluvio universal en el que todos moriríamos ahogados y que yo ni siquiera podría despedirme de Fausto que estaba, a solo 20 km de distancia en Barcelona. Fueron unos días muy duros aunque por suerte Sant Cugat no se vio demasiado afectado por las inundaciones.

Después de aquella catástrofe avispados especuladores inmobiliarios hicieron todo lo necesario para almacenar al rebaño humano de inmigrantes fuera de las grandes ciudades que vieron aumentar su población en enormes y horrendos edificios.

Unos meses después de aquellos trágicos hechos el padre de Fausto murióAquel triste día yo escribí: Hoy a las 4 y media de la tarde ha muerto su padre. Y yo no siquiera he podido estar junto a él

La muerte de su padre me lleno de tristeza y muy especialmente el hecho de saber que aunque su casa estaba llena de gente: parientes, amigos, y vecinos yo no podía estar a su lado cuando él mas me necesitaba. A partir de la muerte de su padre Fausto psicológicamente se vio incapacitado para seguir estudiando e interrumpió sus estudios de medicina. Yo, enamorada, comprendí su problema, pero ahora no. La comprendería. A mi entender era lógico que tras aquella perdida Fausto atravesase un periodo traumático, especialmente por el hecho de que era muy joven y aún necesitaba mucho la figura paterna, pero también hubiera sido lógico que con el tiempo lo hubiese superado. Abandonar su carrera fue una prueba de que Fausto era un hombre débil y como todo ser vulnerable se escudaba en una fachada de prepotencia y fortaleza actuando casi despóticamente con los que le rodeaban, especialmente conmigo, aunque por otro lado estuviese completamente dominado por su madre. Pero esta merece un capítulo a parte.

Aunque su carrera quedó interrumpida poco a poco Fausto recuperó la alegría de vivir y creo que yo le ayudé mucho a conseguirlo. Estábamos tan enamorados, tan ilusionados el uno con el otro que a veces yo tenia miedo de mi propia felicidad. Quizás porque ya presentía que no iba a durar demasiado. Su madre fue la primera y probablemente única causa de que esta relación terminase. Pero el proceso fue lento y duró cuatro años

Estuve un largo periodo sin escribir nada en mi diario y cuando me decidí a hacerlo lo que le confesé era ya la semilla de una inquietud que poco a poco iba creciendo en mi interior.

Hace tiempo que ya no escribía y notaba que me faltaba algo. Ahora comprendo que necesitaba tus confidencias… nuestras largas conversaciones. Tu, Diario, eres el único en el mundo que me conoce desde siempre y sabe como soy yo realmente. Fausto también me conoce pero me quiere y a veces me imagina mejor de lo que soy por el mismo amor que siente hacia mí y otras me imagina peor por el ansia que experimenta de que yo sea la mujer mas perfecta del mundo. Fausto es maravilloso…. te contaría tantas cosas sobre él…pero ahora no hay tiempo. Mañana.

Quizás aquel día no tenía tiempo o quizás ya no quería contar maravillas que en el fondo me daba cuenta que no existían. Sin embargo me hacia un lavado profundo de cerebro a mi misma y comentaba- Fausto quiere cambiarme. Convertirme en mujer y creo estar empezando a serlo. Todo se lo debo a él. A él que ha sido mi salvación y mi guía. A él que es el hombre mejor del mundo. Nunca agradeceré lo bastante a Dios que lo pusiese a mi lado.

De repente, se me plantó otro grave problema: Dios. –Siento que soy perdurable que mi cuerpo es transitorio y mi vida es solo un soplo en el Universo ¿de donde vengo ¿a donde voy? Tengo 21 años y aun teniéndolo todo para ser feliz, ahora he perdido la fe en Dios y todo cuanto veo y escucho me recuerda mi problema. Estoy vacía teniéndolo todo. He optado por no pensar, así soy más feliz, me dejo llevar por la corriente de un sin fin de detalles y quehaceres cotidianos. Por el momento he encontrado un poco de paz pero yo sé que esto no va a durar mucho. Soy un animal espantosamente complicado quiero elevarme un poco de todo lo que me rodea pero me faltan alas. Necesito saber cual es mi situación que he venido a hacer aquí yo en la tierra y que me espera mas allá, pero no quiero seguir torturándome con un sin fin de preguntas sin respuesta. ¿Puede existir un Dios tan cruel que nos condene a vivir entre estas dudas sin darnos siquiera un tallo de esperanza? No lo creo posible y si no es así, ¿Dios es un mito que los humanos han inventado para hacerse mas llevadera la vida aquí en la tierra?. Pobre gente los humanos …se le ha dado inteligencia para darse cuenta de que existen y no la suficiente para averiguar el por que.

Y así continuaba llenando páginas y más paginas, en realidad todo estaba bastante claro, mis creencias infantiles se tambaleaban porque yo iba a cumplir 22 años y deseaba casarme. Me sentía mujer, poseía un cuerpo sano y vital y una mente despierta, todo indicaba que había llegado el momento para mí, era absurdo esperar y sin embargo nada era fácil. Fausto no tenia medios para mantenerse a si mismo ni mucho menos a una familia, ni siquiera perspectivas para el futuro porque había dejado la carrera. Nuestras familias seguían protegiéndonos como si fuésemos niños y marcharnos de casa a la aventura hubiera significado vivir con el peso en la conciencia de haber abandonado a aquellos que tanto habían hecho por nosotros. En los años 60 ser hijo significaba estar en deuda permanente con los padres por haberte puesto en el mundo. Además y esto hay que reconocerlo, tampoco teníamos el valor de hacerlo, aparte de los remordimientos no sabíamos hacer absolutamente nada a parte de estudiar y divertirnos. Por eso y a medida que el tiempo avanzaba mi indignación era cada vez mayor.

No sé qué clase de religión me enseñaron a mi de pequeña pero lo cierto es que en lugar de repudiar tanto el pecado de la castidad deberían repudiar a una sociedad tan absurda que impide que las parejas que se aman puedan casarse pronto… es paradójico ¿puede haber alguien ser capaz de vivir 10 años de noviazgo junto a la persona que quiere y contentarse con cogerse de las manos y suspirar. Somos seres humanos y no estatuas de piedra. Deseo casarme, necesito casarme. Estoy sola por las noches. Sola durante el día cuando no me encuentro a su lado. Hace 3 años que esperamos… ¿cuanto puede faltar todavía?,.

Parecía el momento oportuno. Habíamos descubierto que no éramos exactamente lo que esperábamos, pero aun podíamos llegar a comprendernos y aceptarnos porque todavía sentíamos ilusión el uno por el otro. Aunque en mis momentos de soledad, cuando la llamada del sexo se calmaba, comenzaba para mi otra demanda mucho mas fuerte todavía y eso me planteaba un sin fin de confusiones. – Los hijos no son juguetes. Si se pensara antes en la gran responsabilidad que representa ponerlos en el mundo pocos los tendrían, ¿No sería mejor que ni tuviese hijos? No puedo guiar a nadie porque ni siquiera he empezado a encontrarme a mi misma. Tengo una vida por delante y a veces no se que hacer con ella. He trazado mi camino y ahora todo indica que debo seguirlo pero ¿será en realidad lo mejor para mí? Quiero a Fausto pero ante la perspectiva de una vida llena de responsabilidades me siento aterrada. Todavía dudo si he nacido o no para casarme, de todos modos pienso que estas vacilaciones deben ser normales en toda mujer próxima a contraer matrimonio…pero.. si tanto vacilo en el camino que debo seguir ¿cómo puedo conducir a otro por el suyo? Y aunque nuestro amor aparte de algunos pequeños tambaleos seguía siendo firme pronto comenzaron una serie de las peleas en cadena.

Al principio que nuestros enfados carecían de importancia. Es más, hasta resultabas divertidos ya que el placer de la reconciliación era una novedad muy agradable, pero pronto dejaron de serlo. Fausto poseía un orgullo fuera de lo común y siempre había de ser yo quien intentase una reconciliación que tardada horas incluso a veces días en concederme, porque la culpa según él, era siempre mía. Empezaba a creerme el ser más imperfecto de la Tierra y a preguntarme que quizás Fausto nunca había estado enamorado de mi sino de un ideal completamente diferente a mí y también me pregunté cuál habría sido la causa de que todas las cualidades que me encontraba al principio se convirtieran en defectos. Aquel misterio se desvelo pronto, en cuanto su madre apareció en escena y comenzó a amargarnos la vida. Su madre siempre representó para mi un incomodo obstáculo. Al principio creí que todo irla bien entre las dos pero el tiempo fue demostrando lo contrario. Existía una mala química entre nosotras que fue aumentando con el tiempo

Apeadero. Ese era el nombre del bar en que solíamos citarnos domingo tras domingo. Era un local pequeño, oscuro y viejo en el cual matábamos nuestras horas juveniles cogidos de la mano y besándonos mas o menos disimuladamente tras los vasos de un refresco. Poco a poco, a medida que íbamos tomando confianza al lugar y amparados bajo la semipenumbra de un rincón muy discreto en la parte trasera del establecimiento también nos masturbábamos mutuamente ocultas las manos bajo el montón de nuestros propios abrigos y chaquetas estratégicamente colocados encima de nuestras rodillas. Con el tiempo empecé a odiar aquel lugar y me pregunté si no habría un modo mejor de vivir nuestro noviazgo que encerrarnos entre aquellas cuatro paredes bastante destartaladas que olían a moho cuando en el exterior el sol estallaba de luz y el cielo era azul.

Le propuse muchas veces pasar el fin de semana en el campo respirando aire puro en un lugar tranquilo y solitario rodeados de pájaros y flores o en la playa aun a riesgo de unirnos a la masiva manada de turistas que empezaba a entrar en el país, porque el gobierno había lanzado el lema lema”España es diferente” y los europeos corrían a gozar y también a reírse de esa diferencia, pero Fausto siempre me respondía lo mismo: aquí estamos tranquilos, nadie nos molesta y además gastamos poco dinero y como debemos ahorrar al máximo si queremos casarnos pronto…

Pero a mí aquello argumentos no me convencían. Me hubiera gustado ponerme un bikini como hacían las espléndidas bárbaras del norte y como ellas bañarme en las agua del mediterráneo, pero yo solo veía pasar cuatro horas de cada domingo frente a un vaso de coca cola mientras la luz artificial me quemaba los ojos, y a pesar del placer que podía experimentar físicamente, anímicamente esto no me satisfacía lo mas mínimo. Además no era cierto que allí se estuviese tranquilo porque a medida que nuestros deseos sexuales aumentaban incitados por la curiosidad de sensaciones nuevas, íbamos olvidando nuestro disimulo y estábamos convirtiéndonos en la sensación del lugar. Los camareros con poco trabajo y ganas de divertirse procuraban no perderse detalle de nuestras manipulaciones bajo los abrigos y creo que nos espiaban detrás de las puertas y más de uno se debió pasar un rato magnifico sorprendiéndonos en plena tarea enloquecedora en las que nuestros abrigos debieron caerse al suelo.

La masturbación mutua llegó a ser algo imprescindible para nosotros. Lo hacíamos en todas partes, bares, cines…hasta en los rincones de las porterías solitarias y oscuras y callejuelas poco iluminadas, incluso ascensores y cuartos de baño. El descubrimiento del placer nos había enloquecido y no podíamos pensar en otra cosa.

De aquel lugar nos echaron un buen día diciéndonos que escandalizábamos al personal. Nos marchamos aparentemente muy dignos pero llenos de vergüenza y decididos a encontrar otro sitio rápidamente. Pero nuestra propia conducta, educados como habíamos sido en tradicionales colegios católicos, nos llenaba de remordimiento. Sentíamos la agobiante sensación de estar pecando sin parar y cada día nos hacíamos propósitos de cortar aquello. Por otro lado nuestra juventud estallaba bajo nuestra piel como un volcán en erupción ¿cómo luchar contra eso? Era como luchar contra nuestra propia naturaleza.

Las conversaciones entre el cura y yo fueron indescriptibles, recuerdo que tenía que comerme la vergüenza, mientras le explicaba respondiendo a sus preguntas, todos los detalles con pelos y señales de mis relaciones amorosas con Fausto. Cada vez que salía de allí después de aquellas entrevistas, que se suponía iban a convertirme en una persona mejor, me sentía absolutamente sucia y ahora comprendo por qué. El sacerdote sin duda, satisfacía todas sus represiones sexuales en conversaciones como aquellas. Y yo no era la única, porque las mantenía con un buen número de jóvenes con problemas similares, todas mujeres claro. Era lo que se llamaba entonces: Un confesor espiritual. (adjunto también unas fotos del bautizo de mi sobrino Jose, bautizado con todo el ceremonial del rito católico y en el que yo fui la madrina, sin saber mucho o nada lo que esto significaba a parte de regalar la tradicional mona por Pacua a mi ahijado.)

Fausto llegó incluso a pedirme mis diarios personales para que el cura en cuestión llegara a conocerme y juzgarme en mas profundidad. Se sentía tan grande dentro de su pequeñez que se permitía intentar modelarme como si yo fuera una muñeca de barro. La única compensación que obtuve de aquella falta de respeto a mi intimidad fue que el reverendo le dijese que escribía muy bien, pero esto no me consoló de la humillación de que un extraño se enterase de mis mas guardados secretos que ni siquiera mi adorado padre pudo nunca leer. Después de aquello ya no pude soportar mas y me decidí a terminar las entrevistas con aquel jesuita que solo sabía preguntarme sobre los detalles morbosos de nuestras relaciones y darme manuales sobre la perfecta joven cristiana, que eran los disparates más grandes y ridículos que he nunca he leído, por calificarlos de alguna manera. En aquella época de grandes confusiones religiosas, porque lo que habíamos aprendido en teoría se nos hacía imposible ponerlo en práctica Fausto, decidió encontrar una solución y me preparó una entrevista con un religioso jesuita que había sido profesor suyo en el Colegio. A mi no me gustó nada aquella sorpresa, especialmente porque era yo la que debía pasar por el trance de charlar de nuestros problemas con un extraño, pero en realidad supongo que Fausto debía sentir que yo era la que le incitaba al pecado y era un inocente varón virginal. Así pues la pecadora era yo y no él. Aunque no me convencía nada aquel razonamiento acepté ir para no contrariarle

Nunca olvidaré la expresión del rostro del cura cuando le dije que aquellas entrevistas debían acabarse porque había encontrado otro consejero espiritual mas a mi medida. Me quedé completamente sorprendida ¿no deseaba aquel hombre ayudarme a ser mejor? Entonces… ¿qué importancia tenía si era él u otro quien me llevase al buen camino? Lo importante era encontrar ese camino. En mi ingenuidad no me daba cuenta de que el jesuita era un hombre como los demás y que su orgullo se resintió al confesarle que no me había servido para nada su, entre comillas, ayuda. Aunque quizás lo que realmente le dolió fue tener que prescindir de aquellas tardes de solapada excitación sexual tras las cuales debía disfrutar en grande consigo mismo.

Fausto, al conocer mi decisión, también se molestó muchísimo, el agravio inferido era que yo había decidido algo por mi misma, a él poco le importaba si aquel hombre me ayudaba o no,

Pero si era cierto que yo había encontrado otro guía espiritual. Un día saliendo de la escuela Massana entré en una Iglesia que me venia de camino y allí después de rezar mis oraciones rituales de ayuda, que yo ya sabía no iban a ayudarme porque no creía en lo que pedía, fui a parar tras las rejas de un confesionario donde encontré un sacerdote bastante comprensivo no sé si pudo ayudarme mucho pero al menos me entendió porque creo que hasta mantuve correspondencia con él cuando lo trasladaron de diócesis. Se llamaba padre Medina y era un hombre honesto y bien intencionado, un sacerdote mas de acuerdo con los nuevos tiempos que se respiraban en la Iglesia. Aquel año de 1962 el papa Juan XXIII acababa de inaugurar el concilio ecuménico Vaticano II llamado a proporcionar a la iglesia la renovación teológica y pastoral, pero los obispos hispanos convencidos de dirigir uno de los bastiones del catolicismo platearon reservas en aspectos como la libertad de cultos sorprendiendo a los obispos de otros países. Como el refrán popular bien dice: España siempre fue mas papista que el Papa

Cuando acababa de cumplir 22 años, un rayo de esperanza iluminó nuestro noviazgo que parecía encontrarse en un callejón sin salida, Fausto se hallaba en completa desorientación respecto a su futuro al haber abandonado la carrera y mi padre le ofreció trabajo en su empresa para ayudarle.-Tengo un padre muy bueno.- escribí.- El mejor padre del mundo y lo adoro, el nunca sabrá cuando le admiro y le quiero a pesar de lo mucho que le discuto y le contradigo a veces. Gracias a él lograremos una felicidad que veíamos muy lejos. Fausto esta contento. Se siente seguro de sí, responsable y orientado, ha encontrado el apoyo que perdió.. Quizás este año pueda regalarme mi anillo de prometida. Será un sueño..

El anillo de prometida era también un símbolo muy importante, significaba que el matrimonio era ya prácticamente seguro y todas las mujeres que querían casarse deseaban poder lucirlo en su mano cuanto antes. Además todos los amigos de Fausto se lo habían regalado ya a sus novias y yo me sentía en inferioridad ante las demás. Puede parecer banal pero creo que tanto me motivaba el hecho de lo que significaba el anillo como el hecho de no ser menos que las otras. Las novias de los amigos de Fausto se habían convertido en mis amigas. De hecho era una amistad un tanto forzada porque en realidad poco o nada teníamos en común pero todas la aceptamos y nos soportabamos para no contrariar a nuestros respectivos novios porque ellos si eran amigos desde siempre. El tema del anillo no había amargado muchas tardes e incluso Fausto había llegado a decirme que con mis insinuaciones le había quitado toda la ilusión de regalármelo. Era cierto. Yo le insistía muchas veces en lo mucho que me ilusionaria lucirlo en mi dedo lo antes posible pero en el fondo la que realmente lo deseaba para mí era mi madre que me azuzaba todo cuanto podía al respecto porque para todas las madres de entonces conseguir el anillo de prometida para sus hijas era como una garantía de seguridad oficial para el matrimonio. ¡Como si cualquier unción pudiera garantizarse con un simple aro de metal aunque fuese oro con brillante incrustados!.

El proyecto de trabajo con mi padre no llegó a buen término y no fue precisamente por falta de buena voluntad por parte de éste sino por falta de voluntad por parte de Fausto, que como de costumbre jamás se había esforzado en nada. Nunca quiso reconocer su ineptitud y creo que llegó incluso a acusar a mi padre de querer aprovecharse de él, lo cual era a todas luces absurdo y sin sentido. Evidentemente papá no necesitaba otro representante en su negocio y darle un puesto en una empresa que ya funcionaba perfectamente únicamente le produjo complicaciones porque debía justificar aquel nuevo sueldo ante los demás socios y empleados. Me consta que durante el tiempo que trabajó para mi padre no hizo ningún cliente nuevo y los que visitó eran ya clientes de la empresa aunque él en su vanidad nunca llegó a enterarse. Todo aquel asunto fue doloroso para mí porque me encontré como vulgarmente se dice, entra la espada y la pared y su madre que hasta el momento se había mantenido un poco a la sombra emergió de ellas envainando su lanza y atreviéndose a expresar al fin la opinión que ya hacía mucho tiempo guardaba entre bastidores: Que yo no le gustaba como futura esposa de su hijo. Después de aquello las cosas entre nosotros comenzaron a tomar un cariz muy turbio.

Un jueves del año 1965 escribí en mi diario. A su madre le gusta mucho la palabrería tonta. Acordarse de todas las ocasiones en que había de felicitar algo. Preguntar por la salud de cada miembro de la familia diariamente y un sin fin de requisitos sociales que a mi no me preocupan en absoluto. Hay que peguntarle le aunque sean cada vez que ella se pone al teléfono: ¿Qué tal, como esta usted? ¿Cómo le han ido los minutos transcurridos desde las 3 a las 4 o desde las 7 a las 9 o desde las 11 a las 12? depende de las horas en que yo telefoneo, y como por desgracia me olvido a veces de tanto requisito ella deduce que yo soy una mal educada, se lo dice a su hijo y entre nosotros estalla la gran pelea.

Ahora que nadie nos oye, voy a confesarte que he llegado a odiarla. Si, la odio con todas mis fuerzas. No la odiaría por sus requisitos sociales aunque me fastidian, ni porque se empeña en que yo cosa mantelitos ni por muchas otras cosas, pero si la odio porque intenta robármelo y lo consigue, le quita su libertad y lo que más me desespera y desmoraliza es que él la obedece encantado. Jamás le lleva la contraria aun en las cosas más ridículas, se deja besuquear y mimar delante de mí como un niño de pecho y aun no le he oído decir ni una sola palabra de protesta. Yo creo que otro hombre se avergonzara de tales mimos a su edad pero él no y de veras no puedo comprenderle. He llegado a la conclusión de que la quiere mucho mas a su madre que a mí. Ella lo nota naturalmente y está satisfecha de su triunfo y yo vuelvo a sentarme sola, pero no con la soledad de una adolescente, sino con una espantosa soledad de mujer que tiene conciencia de que aunque logremos superar esta crisis siempre nos separará en el futuro. Y yo no puedo explicarle mi problema porque él nuca podrá comprenderlo. Porque mi problema es su madre.

Y ahora creo que ya ha llegado ya el momento de hablar un poco mas sobre la madre de Fausto, mi gran enemiga y competidora, porque eso era en realidad lo que éramos, competidoras en una lucha sin cuartel por el amor de aquel hombre que nunca supo luchar por nada.

Comenzare por su descripción física: Era una mujer rubia, de estatura media y hermosas facciones. Aunque nunca llegué a conocer a su padre no era difícil imaginar que Fausto en nada se parecía a él porque había heredado la misma cara de su madre, aunque no su energía y su fuerza de voluntad. Era también una mujer dura y dominante que sentía una pasión desbordada por aquel hijo único, pasión que se acrecentó al quedarse viuda. Estaba francamente obesa, dado que era muy amante de la buena mesa y puede decirse que a parte de su hijo adorado, la comida era su segunda gran pasión, aunque como dato curioso puedo añadir también que le gustaba el fútbol, cosa no demasiado frecuente en una mujer de entonces.

Podría decirse que nuestras relaciones chocaron desde el primer día que la conocí. Ella deseaba una mujer perfecta para Fausto y estoy completamente convencida de que según su criterio ninguna mujer en la Tierra era suficientemente perfecta. Gracias a su influencia nuestras relaciones se volvieron poco a poco en mera rutina y al cabo de tres años Fausto se había convertido en un extraño al que yo me aferraba por miedo a no quedarme sola:

Lo que se rompió entre los dos hace varios meses no ha podido unirse de nuevo. Se rompió mi confianza ¿y si no puedo abrirle mi corazón,¿ que voy a hacer yo sola? ¡Que triste es sentirse solo y que amargoEsta tarde vendrá a buscarme, iremos a dar un paseo y si yo no le cojo de la mano, no le beso o no le acaricio el no lo hará tampoco y yo… me siento tan fría… He llegado a la conclusión de que tengo enormes deseos de ver al Fausto de hace dos años, no al de ahora, pues este es un desconocido para mi. Había construido toda mi vida a su alrededor y no podía admitir la idea de que todo iba a echarse a rodar como un castillo de naipes y sin embargo cada día aumentaba mi certeza de que íbamos a un fracaso seguro. Lo más importante que escribí al cumplir 23 años son unos párrafos un tanto desesperados.

Hoy he cumplido años y lo único que deseo para mi futuro es que si llego a formar una familia no me abandone a mi misma y me olvide de mi alma. Necesito aprender, estudiar, leer, la vida esta pasando por mi lado y yo no he sabido todavía retener lo único bueno que esta puede ofrecerme. Necesito conocerla para poderme conocerme. No puedo limitarme a ser simplemente un animal que come, duerme y vegeta, yo soy algo mas que eso, valgo mucho mas que eso, poseo una inteligencia y un espiritu, algo que me diferencia de un animal cualquiera, mis instintos son muy parecidos pero esa cosa intangible, desconocida se manifiesta en mi cada día mas y desea estallar dentro buscando desesperadamente una salida. Es por eso que debo dejarla encontrar lo que busca y tengo hambre de no dejar escapar esta vida misteriosa que se abre ante mis ojos. No pretendo ser Einstein pero quiero ser yo. Todavía en mis 23 años de existencia he podido encontrarme a mi misma. Esta es mi mayor aspiración para el futuro y sé que no voy a continuar viviendo como ahora.. Pero ahora ya soy una mujer consciente de que mis días de despreocupación están contados, dentro de unos años una carga de responsabilidades y preocupaciones caerá sobre mí y me horroriza la idea de pensar que primero porque fui una niña, después una adolescente y finalmente una mujer casada jamás puede ser autosuficiente, debo extender las manos y después apretarlas fuertemente hasta hacerme daño en los dedos, lo que hallaré dentro será mi propio yo. La vida es corta y no puedo desperdiciar ni un segundo más. No puedo. Algo añadiré sin embargo. Jamás, jamás pase lo que pase y ocurra lo que ocurra permitiré que la vida cotidiana, el trabajo de la casa, los hijos, mi propio marido, me conviertan en una mujer vulgar. Yo jamás seré una mujer vulgar. Mi campo de acción no se limitará nuca a la comida, la ropa, los niños… leer, estudiaré, tocaré el piano, escucharé música, trabajaré en esmaltes o pintura y sobre todo escribiré. Ejecutaré todo lo que me pida mi espiritu y mi espiritu me pide tantas cosas… ¿Es eso normal? Quiero abarcar tanto, tantísimo deseo aprovechar todo lo hermoso que pueda ofrecerme la vida. Ahora empiezo a darme cuenta de todo lo que he desaprovechado y de todo lo que no puedo desaprovechar por eso a veces me pregunto si en realidad debo casarme o no. Si con este desorden de ideas, sensaciones y ansias debo exponerme a tener hijos que quizás no merezca tener.. pero necesito vivir con Fausto, aunque así como en los primeros años toda mi alma y mi cuerpo le pertenecía ahora a hay algo que jamás podrá pertenecerle por completo y no se lo que es pero hay algo que únicamente es mío, quizás algo que ni yo misma puedo definir, quien sabe… pero hay algo…

Esas afirmaciones expresadas con tanta vehemencia siguieron firmes en mi para siempre, porque yo no podía cambiarme a mi misma. Nadie puede hacerlo especialmente si no lo desea y yo no quería cambiar. Yo sentía un hervidero de inquietudes en mi interior, deseaba dedicarme al arte, viajar, estudiar, pero Fausto deseaba una mujer amorfa a su lado, una perfecta ama de casa sumisa y hogareña sin mas ideas que el reflejo de las suyas, una mujer a la imagen y semejanza de su madre. Aunque en realidad su madre no era así, su madre tenia criterios muy propios y una fuerte personalidad pero interpretaba un doble papel porque necesitaba que nadie le robase la supremacía sobre su hijo. Yo debía obedecer a Fausto ya que Fausto la obedecía a ella, y así ella nos dominaba a los dos. Desgraciadamente Fausto no se daba cuenta de su manipulación pero yo si. –

Mañana iré a ver su si madre y le llevaré unos dulces. Yo le llevaría veneno. Creo que todavía le quiero a él, pero a su madre…nunca la odiaré bastante. Creo que esto comentarios confesados a mi diario eran suficiente expresivos. Mi reacción de rebeldía no expresada debía canalizarse de alguna manera – A veces me parece que lo sé todo y realmente sé bien poca cosa pero quiero presumir delante de mi madre y delante de la criada de mis conocimientos porque ellas no pudieron ir a buenos colegios y tienen menos cultura que yo, pero yo no tengo derecho a obrar así. ¿Que hubiera sucedido si ellas hubiesen podido disponer de la educación que yo he recibido? Probablemente las hubieran aprovechado mejor. Escribo todo esto porque me siento avergonzada de mi ridículo sentido de la superioridad y ya que mi estúpido orgullo me impide disculparme con ellas a lo menos quiero descargar un poco mi culpa. Nadie es superior a nadie.

Pero aunque yo no lo advertía aquello era una reacción muy lógica. En aquel momento yo me sentía en franca inferioridad ante Fausto y la figura omnipresente de su madre. La única manera de recuperar en algo la seguridad en mi misma era buscar como cabeza de turco a alguien aun más débil que yo, pero aunque no me daba cuenta de mi propia maniobra si de daba cuenta de la injusticia que cometía.

Me sentía completamente decepcionada de todo, de todos y también de mi: Ahora ya nos soy una adolescente, soy una mujer, ya no dudo del como y el por que de las cosas pero estoy amargada y lo estoy precisamente de que éstas sean como son y no como yo las imaginaba. Pretender que el amor, el definitivo y único amor sea siempre feliz, alegre, sereno y puro…eso es mentira. Ya no le tengo a Fausto la confianza de antes, le quiero y no podría vivir sin él pero ahora es distinto. He llegado a la conclusión de que tengo enormes ganas de ver al Fausto de hace dos años, no al de ahora, éste es un desconocido para mi. Un extraño.

Entonces decidí construirme un mundo de mentiras para no ver la realidad que me agobiaba y me hacia sufrir.

Creo que me he trazado una norma para el futuro. Nunca le llevaré la contra, jamás estaré de mal humor, no le pediré nunca un favor, se lo insinuaré y trataré de hacerle creer que he cambiado totalmente aunque no sea cierto. Estoy cansada. Me he convertido en una chica”lista” eso quiere decir que intento actuar como mis amigas haciendo creer a sus novios lo que a ellas les conviene y así ellos hacen lo que ellas quieren sin darse cuenta. En realidad será como llevar una máscara eternamente. Una careta de sonrisas y dulzuras pase lo que pase por dentro, pero es el único modo. Mañana será un día feliz. Todos los días para mí son ahora felices. Todo marcha estupendamente, menos mi alma. Pero solo quiero pensar en el día a día. No quiero contraer responsabilidades, me he creado una nueva norma de conducta, una moral particular y en ella todas son facilidades y alegrías porque hago felices a los demás ¿por qué amargarme?…

Había llegado al borde del abismo, solo me faltaba un pequeño paso para convertirme definitivamente en lo que querían que me convirtiera. Pero el engaño duró poco y un día me pregunté a mi misma

Estoy fría y extraña. Supongo que eso es lo que debe ocurrir cuando una se vuelve “lista” una especie de soledad glacial va envolviéndote por dentro en un clima de aparente paz, porque aunque ahora ya no discutimos yo sé que nada ha cambiado y que yo nunca podré volver a ser la que era delante de él y me siento muy sola. ¿ Ser una chica lista no será ser muy tonta e irse labrando poco a poco la propia soledad en compañía?- Al darme cuenta de mi propia trampa mis preocupaciones, mis amarguras y mi desespero comenzaron a somatizarse.

Estoy hecha un desastre: Decalcificada, con pésima circulación, reumática, también tengo dolor en los ovarios, alergias y la vista estigmatizada. Además tengo celulitis y propensión a engordar y al mismo tiempo tendencia a la anemia y, a parte de ataques de ansiedad y estados de histeria… ¿viviré mucho?

Nada de todo esto era tan grave como para preocuparse, pero yo me estaba volviendo hipocondríaca porque mi cuerpo estaba reclamando una atención que no tenía por parte del hombre que yo creía querer o simplemente ya solo soportaba.: Fausto no me mima en absoluto, tiene pocos detalles conmigo. Lo cierto es que yo siento que ya no me quiere como antes y me encuentro muy sola además pronto se marchara a Castillejos y yo no voy a verle hasta dentro de tres meses.

Castilejos se traducía como un destino militar irremediable para todos los universitarios españoles. Miles de jóvenes de todo el país eran llamados a sus obligaciones del deber con la patria, pero en realidad era para casi todos un periodo oscuro y mayoritariamente no deseado, en donde se les desubicaba y se le preparaba para la guerra, guerra que el ejercito llamaba defensa del país o sea se les intentaba convertir en carne de cañón. Un lugar de donde en vez de regresar convertirlos en hombres, como promulgaba la propaganda franquista, la mayoría de ellos volvía con la sensación de haber perdido un tiempo precioso y algunos, dado el aburrimiento y el asco que la mayoría sentía al estar allí, fáciles presas del alcohol y de la droga.

Aunque ese no fue el caso de Fausto la llamada del deber militar calaron muy hondo en él, porque Fausto era un hombre sin personalidad que creía en casi todo lo que le imponían. Yo no podía comprender aquella repentina adoración a la bandera española que simbolizaba para nosotros los catalanes un símbolo de represión a nivel histórico lingüístico y cultural. Hacía pocos días las declaraciones del abad benedictino de Montserrat Escarre en un periódico francés provocaron la repulsa del régimen franquista: Cataluña es una nación entre las naciones españolas. Tenemos derecho a a nuestra cultura. A nuestra historia nuestras costumbres somos españoles no castellanos. Y añadia: El gobierno español no es en realidad cristiano porque nos falta libertad para escogerlo y poder cambiarlo y tampoco tenemos libertad de prensa y nuestra justicia social es inexístete.

En nuestra región estaban ocurriendo cosas importantes: Aquel mismo año se celebraron con gran despliegue de propaganda el 25 aniversario de la terminación de la guerra civil bajo el lema XXV años de paz. Yo no entendía apenas nada de política, vivía simplemente mi sueño feliz de chica burguesa joven y sin problemas, ignorando prácticamente nada de lo que estaba ocurriendo mas allá de mi mundo privilegiado, pero un día vi una pintada en una pared de una de las calles de mi ciudad que me hizo preguntarme muchas cosas… Habían escrito en grandes letras negras que resaltaban a la vista de todos esta escueta frase: “25 años de silencio”. Me pregunté que habían querido decir con aquella frase y pregunte en casa obteniendo también el silencio por respuesta. Pero años mas tarde cuando salí de España por primera vez, averigüe la respuesta en otra pregunta: Si la paz se instauró en España después de la guerra civil en 1939? Entonces¿por qué se estuvo fusilando por delitos de guerra hasta los años 50?

Una vez terminado su servicio militar Fausto regresó mucho más vulnerable a las abiertas fauces de su madre que le esperaban para engullirle y hacerle suyo del todo. Y yo, que ya había comprobado la imposibilidad de fingir ser alguien que no era desahogaba como siempre mi rabia y mi impotencia en las paginas de mi diario. Fausto me pide que cambie mi manera de ser, me adapte a lo que le gusta y renuncie a lo que le disgusta-¡ Pero es que yo no quiero cambiar! Tengo mi propia personalidad, mis propias ideas. Yo tengo el mismo derecho que él a exigir lo que a mí me exige. ¿Desea que yo sea perfecta? No hay ser humano que lo sea. Ha de aceptarme con mis defectos y virtudes como yo le acepto a él. Pero para Fausto la igualdad entre hombre y mujer no existe y yo estoy bajo su punto de vista en un plano de inferioridad y he de cambiar según sus gustos y deseos pero él no. No creo que se considere perfecto pero si cree que sus defectos pueden ser muy bien aguantados por mí.

Pocos días antes del final escribí una especie de epitafio metafórico:

Hoy he muerto. Hay muertes mil veces peores que la muerte física y esto me ha ocurrido a mi. No podré volver a ser la misma de antes porque todo mi orgullo, mi dignidad mi fortaleza, de repente, ha sido destruida. He suplicado, llorado, e incluso gritado a Fausto que no me dejase ¿por qué? No sé si por amor o por cobardía, lo cierto que que me he humillado ante él de tal forma que ya nunca podré ser la misma. Hoy 12 de Abril de l año 1966 he dejado de existir, de ahora en adelante después de lo que ha ocurrido solo podré ser una sombra de mi misma porque la Gloria de antes, aquella muchacha rebelde, impaciente, llena de vanidad pero también de buenas intenciones no podría sobrevivir a la vergüenza sufrida. La nueva Gloria es amorfa, indiferente, fría, vacía, pero es dócil, tan dócil como un perro y eso es lo que Fausto quiere. He dejado de ser mujer para convertirme en un animal doméstico.

Aquello, evidentemente, era el principio del fin. Tuvimos la pelea definitiva en un pequeño bar al pie de una carretera en las afueras de la ciudad. El trayecto de vuelta a casa fue uno de los más angustiosos que recuerdo haber vívido nunca porque cada kilómetro recorrido representaba menos tiempo de estar junto a él y yo sabia que una vez hubiéramos llegado a mi destino ya no volvería a verle más. Amenacé con tirarme desde el coche en marcha, supongo que no lo hubiese hecho, pero como golpe de efecto resultaba muy impresionante. No me daba cuenta de que si quería retenerle a mi lado lo menos indicado era tener un ataque de histeria.

Cuando llegamos a la portería de mi casa yo no quería subir al piso y él me arrastró materialmente escaleras arriba. Ya en el rellano me negué a entrar llorando y suplicándole otra vez que no me dejase. No sé si fue casualidad o porque nos oyó, pero mi padre abrió la puerta ante de que llamásemos. Yo entonces fingí desmayarme y caí al suelo, papá intentó levantarme y Fausto ni siquiera le ayudó. En mi desesperación no me daba cuenta que todo aquello no hacia mas que aumentar sus deseos de huir. Papá quiso hablar con él pero fue inútil, Fausto solo deseaba escapar de aquella situación que yo por el contrario deseaba alargar esperando un milagro. Sus ultimas palabras para terminar con la tragicómica escena que se le hacia insoportable fueron: quizás dentro de unos años, si volvemos a encontrarnos podremos intentarlo de nuevo. Después cerró la puerta tras él y se fue desapareciendo de mi vista y de mi vida.

Aquella tarde me metí en la cama y permanecí acostada hasta el día siguiente mientas mi padre intentaba consolarme, me había forjado un futuro con ilusión y me agarraba a él desesperadamente sin querer darme cuenta que de aquella ilusión ya no quedaba nada, pero yo solo pensaba que había perdido cinco años de mi vida en un instante. Fue mi primera gran tragedia.

Sin embargo mi espíritu de lucha me hizo reaccionar enseguida, tras los primeros días de duelo comprendí que no podía pasarme toda la vida en la cama lamentándome por el pasado y haciendo gala de un especial don para resolver problemas, me di cuenta que la única solución para no caer en una depresión era hacer algo que realmente me interesase y me mantuviese ocupada el mayor tiempo posible y decidí sacarme el carnet de conducir, Aquella actividad evitaría seguir pensando en lo que ya no tenía remedio. Pero contrariamente a lo que yo imaginaba mi padre no me apoyó e incluso intentó disuadirme de aquella idea, parecía como si cualquier plan para iniciar una nueva forma de vida le pareciese precipitado y me aconsejaba esperar ante de tomar cualquier decisión fuese cual fuese. Pero yo no podía esperar, era muy consciente que si algo podía salvarme era precisamente cambiar enseguida de modo de vivir. Insistí e insistí hasta que finalmente conseguí su aprobación que era esencial, porque mi padre debía pagarme las clases en la auto escuela.

Nunca acabaré de comprender la oposición de mi padre en unos momentos en que debería haber apoyado cualquier iniciativa razonable. ¿Quizás intuía que aquel primer paso de independencia significaba que yo me escaparía pronto de sus manos? Mi noviazgo con Fausto no había sido mas que una prolongación de la tutela paterna o una tutela compartida, pero la Gloria que se perfilaba en el futuro era algo desconocido y fuera de control.

Tomar clases de conducir me distrajo bastante pero en el fondo yo me seguía sintiendo el ser más desgraciado de la tierra. Aunque ya no quería a Fausto se me hacia muy difícil vivir sin él. Su presencia se había convertido en un hábito y desgraciadamente el hombre es un animal de costumbres. Lo que me resultaba mas duro era la sensación de que aun no se había dicho la última palabra, esa palabra mágica que explicase el porque de su decisión y zanjase definitivamente nuestras relaciones. Lo único que supo decirme mientras yo lloraba e imploraba que no me dejase fue: Vamos a ver a mi madre y le pides perdón, quiero que te vea así, arrepentida y humilde. Aquello me había enfurecido. Yo no podía pedir perdón a nadie por intentar ser yo misma y mi orgullo fue lo que decidió el final porque ni siquiera por retenerle a mi lado acepté humillarme ante ella..

Tras pensarlo durante mucho tiempo tomé una determinación drástica: Decidí ir a hablar con él. Fue toda una experiencia, pero el ser humano necesita experiencias para aprender a vivir. Averigüe que cada tarde iba a jugar a tenis con un amigo en la parte alta de la ciudad y le esperé a la salida del club.

Fausto al verme reaccionó como un animal acorralado, creo que si no echó a correr en dirección contraria fue porque, su intimo amigo estaba también allí presenciando la escena con una sonrisa divertida en los labios.

Fausto estaba fuera de si, no sabia como afrontar aquella situación ni que hacer conmigo ni consigo mismo, pero conseguí que me dejase subir a su coche y le pedí que me llevase a su casa. Al principio se negó pero ante mi insistencia me dijo al fin: si eso es lo que tu quieres…y arrancó el pequeño SEAT 600 como si de un coche de carreras se tratase. Al verle tan descentrado me sentí serena y segura de mi misma. No sabia lo que me esperaba pero si sabia que pasase lo que pasase nada podía ser peor que la incertidumbre. Mi propósito no era conseguir una reconciliación porque ya había tenido tiempo de asumir lo definitivo de nuestra ruptura, solo buscaba la forma de poder volver a vivir en paz y para ello necesitaba escuchar de sus labios el motivo porque me había dejado, no podía comprender como cinco años de mi vida acabasen con aquella indiferencia. Necesitaba hablar de cómo y por qué habíamos llegado a aquel punto sin retorno. Estaba segura de que conocer el motivo me liberaría de una pesada carga que no me dejaba comenzar de nuevo. Ahora comprendo que Fausto no sabía que su madre era ese motivo…

Cuando llegamos a su casa Fausto me dejó un momento sola en la entrada para poner en antecedentes a su madre. Durante los minutos que estuve esperándoles en el recibidor de aquel piso del ensanche de Barcelona rodeada de muebles y objetos antiguos que habían presenciado otros encuentros mucho más felices entre nosotros una gran calma fue apoderándose de mi. Presentía una tragedia y mi subconsciente fue preparándose para la gran batalla utilizando la mejor arma de defensa contra el enemigo: la serenidad.

Su madre vino a mi encuentro y yo me enfrenté a aquélla de cara desencajada, roja de excitación y a aquellos los ojos escupiendo rabia. ¿Ella está aquí? ¿Como es posible que se haya atrevido a venir? La oí gritar mientras se acercaba. Daba miedo mirarla, pero yo no sentí miedo alguno porque me di cuenta de era ella la que estaba asustada, le aterrorizaba la idea de que yo pudiese convencer a su hijo para volver conmigo y de un repente la encontré tan ridícula que hasta me dio pena.

¿Es que no te das cuenta de que cuando mas te rebajes ante él más y mas te despreciará?- me dijo. Eran unas palabras ofensivas e hirientes, sin embargo no me causaron ningún dolor ¿qué me importaba a mí rebajarme o no si todo había ya concluido? Lo único que me importaba era mi propia tranquilidad de conciencia y con aquella actitud agresiva la única que se estaba rebajando ante mí era ella. Recuerdo que pasamos al salón y nos sentamos allí los cuatro, (la abuela de Fausto también quiso toma parte en la reunión). Por cierto que ella, su abuela, una mujer de mas de 80 años bajita y encorvada peinada siempre con un moño blanco y tirante sobre la nuca y gruesas gafas de miope sobre la nariz, fue la que, con rencor en los ojos, me acusó de haber sido la causa de que su nieto dejase la carrera de medicina, acusación que su madre revindicó, aunque Fausto alegó que de aquella decisión él era el único culpable. Fue la primera vez que salió en mi defensa porque durante todo el resto del tiempo permaneció callado dejando que las dos mujeres soltasen por la boca todo lo que tenían en mi contra reprimido durante tanto tiempo. No recuerdo las acusaciones porque creo que fueron tantas y tan injustas que me parece que ni las escuchaba, solo pensaba que se estaba confirmado lo imaginado, que era su madre la única culpable de nuestra ruptura y estoy segura de que Fausto se daba cuenta también. La última imagen que tuve de él durante muchos años fue verle sentado allí, en aquella habitación anodina, rodeado de mujeres que hablaban por él ya que era él único que no decía nada, dejando que su madre y su abuela me explicaran los motivos de la ruptura que no había tenido el valor de explicarme probablemente porque ni siquiera los sabia. Comprendí entonces porque me había dicho que fuese a pedirle perdón a su madre, ya que en realidad era ella la que había reñido conmigo y me alejaba de su lado, él solo obedecía ordenes subliminales, unas órdenes que habían anulado su voluntad poco a poco como el goteo del agua que con el tiempo perfora la piedra.

Cuando todo estuvo dicho, yo, que apenas había pronunciado palabra, tuve el valor sublime de besaros a los dos, madre e hijo a modo de despedida y a Fausto le susurré al oído: lástima que seas tan cobarde. El no me respondió y en realidad ni siquiera sé si comprendió el significado de mis palabras.

Cuando salí a la calle el aire me pareció mas puro que nunca. Tuve entonces la convicción de que todo había acabado definitivamente, había tenido que apurar el vaso de las hieles para asumirlo, pero yo siempre he sido así, necesito ver las cosas claras como un cristal transparente para poder olvidar y volver a empezar. Crucé la calle como una sonámbula y naturalmente mis pasos se encaminaron a donde querían ir: a ver a mi padre. Allí junto a él pude llorar y toda mi fortaleza se derrumbó, pude ser débil y me sentí reconfortada. Mi padre me reprochó con dulzura lo que había hecho, no quería verme sufrir, pero yo le dije que necesitaba hacerlo precisamente para eso, para no sufrir más. Creo que al fin lo comprendió.

Los regalos y las cartas que me había escrito durante todos aquellos años me fueron devueltos por la mediación de un abogado. Todo dispuesto por su madre supongo. Así de burocrático resultó el final de aquel noviazgo que había empezado lleno de romanticismo. Al comprobar que solo me había devuelto algunos de los regalos y otros no, decidí no devolverle nada en absoluto, quizás no debería haberlo hecho pero lo hice, estaba dolida por su falta de delicadeza. Me quedé incluso con la alianza de brillantes.

Aquel anillo de prometida que yo había esperado con tanta ilusión me sirvió después para casarme con otro hombre que no tenía dinero para comprarme otro. El anillo ya no significaba nada para mi pero después de mi boda adquirió un nuevo significado.

Y este fue el fin de la historia, una historia que casi duró cinco años y que marcó el resto de mi vida para siempre, porque después de aquella experiencia yo ya nunca fui la de antes y empecé a ser de nuevo yo misma.

Gloria Corrons
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